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Publicado el 18 Julio, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

BIBLIOTECAS: Acceso al saber

Los libros pueden exhortar a ser mejores, por eso el oficio de conservarlos tiene mucho valor
La Biblioteca Apostólica Romana del Vaticano ateso-ra el Codex Vaticanus, el más antiguo manuscrito completo de la Biblia (siglo IV). (foto www.turismoenfotos.com)

La Biblioteca Apostólica Romana del Vaticano atesora el Codex Vaticanus, el más antiguo manuscrito completo de la Biblia (siglo IV). (foto www.turismoenfotos.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

De casualidad se reveló al mundo. Inesperadamente, como mejor suceden las cosas, un monje budista descubrió en 1900 la única biblioteca existente en una cueva. En Dunhuang, una importante ciudad comercial situada estratégicamente al oeste de China, donde la Ruta de la Seda sorteaba el desierto de Taklamakan, se localizó un conjunto de 400 mil documentos sobre budismo y el apoyo imperial a esa religión de Asia.

Los legajos, de hasta cinco metros, están finamente impresos con una escritura singular, lo cual habla de la madurez de esa industria en la China antigua. Utilizaban la impresión con cubos. En el sitio digital Inventos e inventores se afirma que en el año 1041, unos 400 años antes de la prensa de Gutenberg, el alquimista Pi Sheng creó los primeros tipos móviles, realizados con arcilla cocida encolada a una plancha de hierro. Entonces, los libros se confeccionaban a partir de láminas de bambú unidas con cuerdas, y posteriormente, la seda fue utilizada como soporte de la escritura.

Nacida con el hombre

Una de las primeras posesiones valiosas que se tienen son los libros. A través de ellos aprendemos a identificar los objetos, luego al ir a la escuela nos acercan a las letras, los números y los conceptos básicos del saber. Tocarlos, hojearlos, retenerlos entre las manos, y hasta olerlos son de esas sensaciones inolvidables que nos introducen en la antesala de una cultura que iremos adquiriendo en el transcurso de la vida, la cual ya nunca podrá ser igual a cuando éramos iletrados.

Puede que incluso no podamos prescindir de los libros, y por eso a muchos nos da por juntarlos en una colección privada, fuente de conocimientos y también de innumerables hermosos recuerdos. La actividad de almacenar está indisolublemente ligada a la supervivencia. Primero se recolectaban frutas y semillas para comer, luego conchas para beber agua y hasta collares para adornarse y protegerse de las inclemencias de la naturaleza en un ejercicio de chamanismo. Se buscaban ramas para las fogatas y pieles para el abrigo y las canoas. Es poco probable poder decir a ciencia cierta cuándo fue que se empezaron a acumular recuerdos, sin embargo, es posible suponerle un nacimiento aparejado al propio crecimiento intelectual del homo sapiens.

En el momento en que el ser humano tuvo necesidad de contabilizar pertenencias o a sí mismo como parte de un grupo, surgieron los registros y para eso se cinceló la piedra, después llegarían las tablillas de arcilla, que fueron los primeros libros de la historia. Las bibliotecas tuvieron en principio, en Mesopotamia, una función conservadora y de registro de hechos ligados a la actividad religiosa, política, económica y administrativa, al servicio de una casta sacerdotal. Los documentos se grababan en escritura cuneiforme en tablillas de barro, un soporte basto y pesado, pero que ha garantizado hasta hoy su conservación.

Por su parte, en el antiguo Egipto existieron dos clases de bibliotecas, conocidas como Casas; una de los Libros, y otra de la Vida. La primera guardó archivos con la documentación administrativa, y la segunda se levantó como centro de estudios para los escribas, quienes se destacaron como copistas, similares a los que tuvo posteriormente Europa en sus monasterios, y que de forma maestra ilustró en su obra El nombre de la Rosa, el lingüista y semiólogo italiano, Umberto Eco.

Entre los más añejos y grandes centros de recepción de libros del mundo se encuentra la mítica Biblioteca de Alejandría, fundada por Ptolomeo I Sóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo. Se habla de un incendio de colosales magnitudes que convirtió en cenizas los 900 mil manuscritos del lugar, fuente de inspiración de poetas y líricos. Pero la primera biblioteca de la que se tienen noticias, como conjunto organizado de libros y documentos, es la del rey Asirio Asurbanípal, descubierta al excavar Nínive, ubicada en la antes Mesopotamia, en el actual Irak.

En esta aparecieron 30 000 fragmentos de tablas de arcilla enterradas entre los restos del Palacio Real. Su descubrimiento aceleró el desciframiento de la escritura cuneiforme. En una de las tablillas se encontró el Poema de Gilgamesh, en el que se hablaba del diluvio. No obstante este prestigio, las primeras bibliotecas, desvinculadas de los templos surgieron en Grecia, como era de esperarse, debido al amplio nivel de escolarización alcanzado en esa sociedad, por supuesto entre los hombres libres, pues los esclavos y las mujeres no contaban para nada como gente.

Evolución moderna

La Biblioteca Pública de Taiwán es una de los más vi-sitadas del mundo. En 2015 se prestaron 12.98 millo-nes de títulos. (noticias.nat.gov.tw)

La Biblioteca Pública de Taiwán es una de los más visitadas del mundo. En 2015 se prestaron 12.98 millones de títulos. (noticias.nat.gov.tw)

Pero la biblioteca pública como tal tuvo su cuna en el Imperio romano. Se cuenta que el emperador Augusto fue el promotor de dos grandes centros de este tipo, uno ubicado en el Campo de Marte y otro en el monte Palatino, ambos sirvieron como soporte para la difusión de las ciencias técnicas y humanísticas de la época. Y si se sigue un orden cronológico, cuando empieza a difundirse el cristianismo y tras la caída del Imperio romano de Occidente, puede decirse que en el Medioevo, la cultura parece anquilosarse al ser un bien de élites y escritorios catedralicios, los únicos autorizados a tener, según opinión de expertos, bibliotecas dignas.

El salto grande de la humanidad en esa materia tuvo, sin embargo, dos puntos de arrancada: uno al crearse las universidades, en la Baja Edad Media (entre los siglos XI y XV), y el otro paso decisivo fue la difusión de la imprenta moderna, creada por Johannes Gutenberg, alrededor del año 1440, la cual masificó las tiradas, pues antes se hacían ejemplares únicos manuscritos.

Este herrero alemán creó para Europa la imprenta de tipos móviles en metal, y perfeccionó la existente. Con ese fin, sustituyó la madera en la que se grababan las letras por metal, y fabricó moldes de fundición donde realizar tipos metálicos regulares para facilitar la composición de textos. El primer libro que se imprimió con esa tecnología fue el Misal de Constanza, en 1450. Pero el mayor trabajo realizado por el forjador, fue la Biblia de 42 líneas o Biblia de Mazarino.

Antes de mediados del siglo XV los libros eran rara avis, así como las bibliotecas. Pero a partir de Gutenberg hubo un renacer y ya no había quien le pusiera freno al conocimiento, ni el credo místico ni los señores de la Tierra y la Guerra, entre otras cosas por la ascendencia gradual de una nueva formación económica y social: el capitalismo, con una creciente clase que colocó a la ciencia como imperativo del cambio y el progreso.

Para lograr esos objetivos, los libros fueron aliados indispensables. Hubo una explosión de estudios, y en esa línea de pensamiento, se crean, en el siglo XVII, las grandes bibliotecas eruditas como la Bodleiana en Oxford, la Ambrosiana en Milán o la Mazarina en París, de la que fue bibliotecario Gabriel Naudé, autor del texto Advis pour dresser una bibliothequè, o dicho en castellano Consejos para desarrollar una biblioteca. A Naudé se le considera el Padre de la Bibliotecología. En este tratado sugiere que “…el bibliotecario y sus servidores estarán obligados a dar a los estudiantes todos los libros que ellos puedan pedir, en la lengua o de la ciencia que sea. Incluso los que tengan ideas religiosas contrarias”.

En el blog Bibliotecarios se explica que para el francés, la biblioteca era un medio para proporcionar libros y documentos de toda índole para cada tipo de lector. En este sentido, la veía como un espacio donde se albergaban obras sobre multitud de asuntos, lo que demuestra sus ideas de universalidad.

Para la española Laura Novelle, documentalista y docente, este hombre fue sumamente importante en la creación de una nueva disciplina, con una conceptualización plenamente contemporánea, aún más evidente cuando describía la tipología de materiales que debían formar parte de una sala de lectura y consulta: Las obras más famosas, en su propia lengua y en traducciones, los mejores tratados de cada materia, los comentarios, las novedades de la ciencia, y las que incluso contienen ideas religiosas contrarias, diccionarios y repertorios.

Otros dos significativos hitos fueron la Revolución francesa en 1789 y la Revolución rusa de octubre de 1917, inédita formación socioeconómica que realmente masificó la educación, la cultura y donde las bibliotecas se volvieron patrimonio del pueblo. En 1959, el triunfo de la Revolución Cubana cambió radicalmente las relaciones de producción y de propiedad, ahora de los humildes, y es en tal sentido que el 5 de enero de ese año entran en la Biblioteca Nacional (creada en 1901) los revolucionarios. La campaña de Alfabetización de 1961 posibilitó el acceso de todas y todos a la cultura. Fidel le dijo a la gente: “No creas, lee”.

La “amenaza” de los libros

La familia Frank se ocultó de la Gestapo en una buhardilla, desde 1942 hasta 1944. Ana murió en un campo de concentración un año después. (imgs.notitarde.com)

La familia Frank se ocultó de la Gestapo en una buhardilla, desde 1942 hasta 1944. Ana murió en un campo de concentración un año después. (imgs.notitarde.com)

Los libros guardados, protegidos para las generaciones futuras son fuente indudable de energía vital para la mente. En un local ordenado y clasificado, pueden ser hallados en cualquier momento, y esa realidad fue tal vez una de las varias razones por las que los nazis quemaran tantos valiosos volúmenes. El poeta alemán Heinrich Heine había dicho en 1820 que “allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. ¡Verdad como un templo!

El fascismo intentó además de exterminar a los seres humanos, acabar con la cultura contenida en millones de hogares e instituciones del Estado. El 10 de mayo de 1933 las llamas consumieron, en Berlín, delante de la Universidad Humboldt, al menos 20 000 libros. Para el periodista contemporáneo Federico Ayala Sörenssen semejante acto fue un desprecio a la cultura. Acción justificada por el ministro alemán de Propaganda, Joseph Goebbels con las siguientes palabras: “Estáis cumpliendo con vuestro deber al entregar a las llamas el endiablado espíritu del pasado a estas horas de la noche. Es un acto grande, fuerte, simbólico”.

Y efectivamente se demostró poder y fuerza. También envió el mensaje de que los libros “subversivos” serían considerados armas. La niña judía Ana Frank, de 13 años de edad, escribió un diario, dándonos lecciones de historia y de optimismo a pesar de las circunstancias trágicas de su vida. Y ese espíritu era el que se quería doblegar. El viernes 21 de julio de 1944 escribió: “Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler”. Y en otro momento de ese año confirma la entereza que le suponemos: “Asombra que yo aún no haya abandonado todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Me aferro a ellas, a pesar de todo porque sigo creyendo en la bondad natural del hombre”.

El hábito de la lectura y el ejercicio de la escritura son sin duda estímulos a la creatividad, la imaginación, la inteligencia y a la capacidad de resistir y crecerse, como sucedió con Ana.


 

De maravillas está lleno el mundo

La Biblioteca Británica conserva ejemplares raros como el texto budista, el Sutra del Diamante, que se estam-pó casi 600 años antes que la Biblia de Gutenberg. (2.bp.blogspot.com)

La Biblioteca Británica conserva ejemplares raros como el texto budista, el Sutra del Diamante, que se estampó casi 600 años antes que la Biblia de Gutenberg. (2.bp.blogspot.com)

Las rutas comerciales que unieron el Oriente con la otra parte del planeta, no solo pueden ser vistas en su trayecto, también debe asumírseles como un escenario repleto de curiosidades. Entre estas sobresale una que por su ingenio asombra: el visir (ministro) persa Abdul Kassem Ismael, conocido como Saheb, “el Compañero”, nacido en 936 y muerto en 995, ideó una biblioteca a lomo de camello. Sí, como lo lee: 117 mil volúmenes eran trasladados sobre unos 400 mamíferos, adiestrados de tal forma que avanzaban en fila sin cambiar de ubicación. De este modo mantenían el orden alfabético de los volúmenes, y así los trabajadores del gran señor podían localizarlos con rapidez, pues hasta crearon un catálogo que recogía el nombre y autor de los textos, algo así como un índex moderno. O sea, podían complacerlo en cualquier lugar y a cualquier hora, y eso me recuerda ese pícaro dicho cubano de que “la cultura no tiene momento fijo”.

El movimiento de conocimientos y mercancías, introdujo el papel en el continente europeo, a través de los árabes, quienes en el siglo VIII aprendieron a fabricarlo, tal como lo hacían los chinos. De esa actividad derivó por ende la de la extensión de las bibliotecas y hasta de ciertos establecimientos parecidos a las librerías actuales. Puede decirse con toda certeza que fueron los musulmanes, los que transmitieron una parte importante de las obras griegas, y eso permitió el intercambio de ideas, de civilizaciones. Hubo, por ejemplo, una vuelta hacia la obra aristotélica, comentada por el pensador persa Avicena. Se destaca asimismo el diálogo escolástico, sostenido por estas mismas ideas entre Tomás de Aquino (teólogo y filósofo católico) y Siger de Brabant (filósofo).


 

Ajustes al tiempo

Pie de foto 4 4-La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí es rectora del Sis-tema Nacional de Bibliotecas públicas cubanas que con más de 411 cubren todo el territorio insular. Recientes intervenciones en la Asamblea Nacional abogan por reactivar la labor de estas casas del saber en relación con las nuevas generaciones. (foto YAILIN ALFARO)

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4-La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí es rectora del Sis-tema Nacional de Bibliotecas públicas cubanas que con más de 411 cubren todo el territorio insular. Recientes intervenciones en la Asamblea Nacional abogan por reactivar la labor de estas casas del saber en relación con las nuevas generaciones. (foto YAILIN ALFARO)

La biblioteca del Siglo XXI se acomoda al desarrollo tecnológico de estos tiempos, incorporando los soportes digitales, aun cuando sus objetivos sigan siendo los mismos de siempre: desarrollar, prestar y orientar los servicios bibliotecarios y culturales a la población en general, con el fin de que esta adquiera y acreciente libremente el conocimiento en todas las ramas del saber. Brindar a todos los miembros de la comunidad el acceso a la información por medio de diversos recursos y servicios, en igualdad de condiciones.

Es imperativo de humanismo lograr que estos centros del saber se conviertan en espacios culturales y de lectura, en donde niños, jóvenes y adultos tengan la viabilidad para apropiarse de toda clase de publicaciones e  información de ciencia, tecnología, política, arte y cultura, así como a actividades relacionadas con el ámbito cultural en su sentido más amplio. Que actúe como un motor en la mejora social y personal de los usuarios que la visitan, y propicie cambios positivos en la comunidad donde se encuentra ubicada.

Acorde a las herramientas modernas de difusión del conocimiento muchas bibliotecas del mundo, la cubana incluida, se auxilian por ejemplo del correo electrónico para acceder al servicio de referencias, en el cual el usuario puede solicitar una localización de la información en los catálogos, bases de datos de la biblioteca en cuestión y otras fuentes de Internet. Esta opción facilita el acceso al contenido de interés mediante una visita posterior, comprobando in situ la riqueza del lugar.

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda