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Publicado el 29 Julio, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Boleros de oro, nexo que nos une

El Festival organizado por la Uneac gozó de lozanía, no solo en sedes habaneras, sino también en plazas tradicionales, como Santiago de Cuba, donde Pepe Sánchez compuso Tristezas (1883), primer bolero cubano impreso del que tenemos noticia
Annys Batista, ganadora del Gran Premio.

Annys Batista recibió el Gran Premio en el Festival Internacional Boleros de Oro.

Por SAHILY TABARES  

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Quién no disfruta una de las expresiones románticas portadora de un ritmo característico que lo distingue del resto de la cancionística. Aunque poco se escucha o no con la sistematicidad merecida en espectáculos musicales, programas de radio y televisión, el bolero continúa siendo un lenguaje de posibilidades artísticas y estéticas para comunicar ideas, acercamientos, rupturas, amores, entre generaciones.

Lo que no se conoce, lo que no se visibiliza o escucha, corre el riesgo de quedar en el olvido. Por ello, merecen tener vigencia textos de acendradas poéticas con cauces melódicos y armónicos que propician nuevas posibilidades creativas.

Lo demostró la vigésima sexta edición del Festival Internacional Boleros de Oro, dedicado a Puerto Rico y a la memoria del célebre cantante de ese país, Daniel Santos, en el que participaron intérpretes consagrados y nuevos valores. En sus repertorios legitiman un género autóctono que nutrieron grandes trovadores del siglo XX, y evolucionó; continúa siendo nuestro, no obstante neocolonizaciones culturales impuestas en la música, entre otras manifestaciones, y proliferan por circuitos alternativos.

No solo en sedes habaneras lideró el festival, también en plazas tradicionales, como Santiago de Cuba, donde Pepe Sánchez compuso Tristezas (1883), primer bolero cubano impreso del que tenemos noticia.

Es imprescindible el conocimiento, la apreciación y el cultivo de una música que se mantiene viva en lo profundo de la identidad. En este sentido aportó el Concurso Internacional de Jóvenes Intérpretes, en el habanero teatro Mella, donde participaron 14 aspirantes de Cuba, México y Colombia, a quienes evaluó un jurado que presidió el maestro Rey Montesinos.

Los certámenes constituyen una vía importante para descubrir talentos y contribuir a su futuro desempeño. En esta ocasión se demostró la valía de cantantes interesados en el acervo cultural del país; en un género, cuyo epicentro está en el Caribe, y alcanzó trascendencia universal.

Recibió el Gran Premio, Annys Batista, además fueron reconocidos el colombiano Juan Guillermo Gutiérrez (primer lugar), las cubanas Ofelia Barreda (segundo), Yanela Hernández (tercero); Maricet Fonseca y Sheila Castaño (primera y segunda mención, respectivamente).

Estas jóvenes figuras merecen facilidades para acceder a sistemas de empresas de la música y de la discografía, pues darían los primeros pasos en el inicio de un camino –de ningún modo se improvisa–, que debe ser el resultado de un proceso; demanda estudios, aprendizaje, preparación y desarrollo.

Antonio José Manrique Zuluaga, de Colombia.

El colombiano Antonio José Manrique Zuluaga compartió su experiencia como coleccionista.

El bolero es el nexo que estrecha musicalmente a todos las naciones hispanoparlantes del continente. Constituye una vía para conocernos y reconocernos, defender raigambres, árboles frondosos, no con tradicionalismo artificial, sino en busca de estrategias y acciones que permitan apreciar, difundir, la cultura musical.

Sin dudas, un complemento indispensable del Festival fue el coloquio internacional, al cual asistieron melómanos, estudiosos, periodistas e investigadores de varios países para conocer músicas, enfoques, profundizar en ensayos sobre grandes del género, su legado e impacto en la literatura.

Algunos asistentes sorprendieron, como el colombiano Antonio José Manrique Zuluaga, ginecólogo de profesión, renombrado coleccionista que tiene más de 15 mil discos de 33 y 45 revoluciones, y de 78, cerca de dos mil. Desde muy joven comenzó a escuchar la Sonora Matancera, otros solistas y agrupaciones del ámbito latinoamericano.

Hay que ampliar el universo cognoscitivo del bolero por todos los medios. En tanto canción muy rítmica admite imbricaciones de varios géneros, el son, el mambo, el danzón. Deviene una fuente inagotable para compositores e intérpretes ansiosos por defender nuestro rico universo sonoro.


Sahily Tabares

 
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