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Publicado el 29 Julio, 2016 por Redaccion Cultura e Historia en Cultura
 
 

Ferdydurke y la mascarada social

Se edita en Cuba, por primera vez, obra maestra del modernismo europeo, que movió a intelectuales como Virgilio Piñera, quien fue uno de los traductores y divulgadores del texto durante su estancia bonaerense.
Portada del libro Ferdydurke.

La nueva edición en la Isla de esta novela conecta al lector cubano con una obra controvertible y provocadora, de hondo sentido filosófico

Por MAURICIO ESCUELA

La inmadurez es la forma más elemental y honesta de vivir, porque todo desarrollo, toda transformación significan disfrazarse, renunciar a uno mismo y asumir los grandes relatos de la civilización, las mentiras prefabricadas por el poder. Así podría resumirse la esencia de Ferdydurke, una novela contestataria, irreverente, donde la suciedad, lo incorrecto, lo inaceptable toman un puesto de privilegio y desplazan al hombre moderno y amarrado, a ese ser que ha dejado de ser, al individuo que se diluyó en la masa.

Witold Gombrowicz escribió esta obra como quien forja un arma, diseñó el andamiaje destructivo y macabro, se ensañó con las máscaras de una sociedad decadente e incapaz de definirse, una muchedumbre asesina de ideas originales. Era él un escritor oscuro, graduado en Derecho, en la Varsovia del período entre guerras, que en 1933 terminó su primer volumen de relatos Memorias del período de la inmadurez, textos que pasaron inadvertidos para la crítica polaca, ese gremio al que Witold prestó siempre tan poca importancia.

Ferdydurke salió de la imprenta en Polonia en 1937, pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, sumió al país en un silencio cultural y una ola represiva totalizadora. La novela comenzó entonces a respirar agónicamente mediante vías de distribución tan bizarras como el pensamiento de su autor.

La traducción colectiva al español recayó sobre el grupo de intelectuales nucleados alrededor del café Rex y la publicación de dicho volumen en Buenos Aires en 1947, le valió a Gombrowicz el reconocimiento de la intelectualidad argentina; además, situó al libro en el contexto latinoamericano, le dio singular vida propia, en la cual los conceptos y los neologismos cobraban los matices inmaduros de un continente carente de máscaras elitistas.

Ferdydurke fue la empresa que movió a intelectuales como Virgilio Piñera, quien fue uno de los traductores y divulgadores del texto durante su estancia bonaerense. De hecho, podría radiografiarse un parentesco cercano entre el absurdo de Gombrowicz y las obras posteriores del escritor cubano.

En referencias posteriores a la publicación de Ferdydurke, Witold Gombrowicz habló de la idea que siempre lo obsesionaba como intelectual, pues más allá de una historia repleta de absurdos y símbolos, la novela es el intento por desmontar las mentiras del lenguaje y la cultura, esas que aceptamos como correctas y sin chistar, mientras dejamos de ser nosotros mismos.

Esta es la primera vez que Ferdydurke se publica en Cuba de manera íntegra. Antes el lector antillano solo tuvo acercamientos a su hondura literaria a partir de los fragmentos publicados en la revista Orígenes que llegaron a su director, José Lezama Lima, por la mediación de Virgilio Piñera.

Sin duda, la obra transgredió la moral de la época, deshuesó la estructura de la novela clásica, incluso intentó un lenguaje jíbaro y escurridizo, el neologismo que unía emociones y conceptos, el humor que desde una ironía descarnada miraba hacia nosotros, hacia el futuro, porque como obra rebelde fue una propuesta de sociedad y vida.


Redaccion Cultura e Historia