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Publicado el 5 Julio, 2016 por Prensa Latina en Cultura
 
 

Leilat´l Qadr, la noche de las noches

(Prensa Latina)

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Por Yanet Medina Navarro*

Abdi recorre los suburbios de Kuala Lumpur, Malasia, con un cesto de pan a la espalda, el estómago vacío, los labios resecos y el corazón esperanzado por la cercanía de Leilat´l Qadr, la mejor noche del Ramadán.

Su nombre es Abdul Aziz, pero desde que llegó a la capital malasia le llaman Abdi. Tiene 17 años de edad, unos pocos ringgit (moneda malasia) cosidos al colchón y una familia en Sarawak que depende de él.

De acuerdo con la cosmogonía islámica, hay una fecha del mes de Ramadán en la que se decreta el destino, la distancia entre cielo y tierra se acorta y las súplicas son atendidas, le llaman la noche de las noches.

El 6 de junio comenzó el Ramadán, noveno mes del calendario lunar, durante el cual los musulmanes se abstienen de comer y beber desde la salida hasta la puesta del sol.

A lo largo de 30 días los seguidores de esa fe ayunan, evitan mentir y comparten su comida con los que no tienen, una suerte de ejercicio de bondad y autocontrol que se extenderá hasta el 5 ó 6 de julio según los caprichos de los astros.

Malasia es oficialmente una república islámica, con 27 millones de habitantes, de los cuales 60,4 por ciento sigue esa doctrina.

El Islam constituye la tercera gran religión monoteísta, la cual surgió en el año 611 d.n.e. en la península Arábica, se basa en la adoración a Alá como única deidad y asume el Corán como libro sagrado y a Mahoma (571- 632 d.n.e.) por profeta.

Del 633 al 711 d.n.e. esa creencia religiosa se expandió por África y Asia, ya que tras las guerras de conquista, la civilización islámica absorbió a imperios tan grandes como el persa y el mongol.

Contrario a la creencia de que la mayoría de los fieles se encuentra en los países árabes (17 por ciento), el sudeste asiático alberga la mayor población de musulmanes del mundo (69,1) seguido por el norte de África (27,4).

Según los seguidores de Mahoma, a finales del Ramadán acontece Leilat´l Qadr, que se traduce del árabe como noche (leila) del destino (qadr), cuando la luna es más blanca y se acorta la distancia entre cielo y tierra.

La historia detrás de esa creencia se basa en que en una de las 10 últimas vigilias de ese mes (la número 27 probablemente), Mahoma recibió la primera revelación de lo que sería más tarde el Corán.

Para quien espere su llegada habrá una recompensa: todas sus súplicas serán atendidas y estará rodeado por ángeles hasta que llegue el alba.

Ese momento, según sus escrituras sagradas, es mejor que mil meses.

Abdi despierta inviolablemente en el último tercio de la madrugada, se abstrae en plegarias interminables y genuflexiones que, Insha’Allah (si Alá desea) le concederán lo que tanto añora.

Desde hace cinco años vende lo que puede en las calles de Kuala Lumpur, esa urbe mestiza y asfixiante que lo acogió cuando llegó de su natal Sarawak, en la isla de Borneo.

Él solo quiere regresar a casa, pero no volverá con los bolsillos vacíos, por eso aguarda Leilat´l Qadr, porque necesita aferrarse a algo, o de lo contrario, no soportaría el fardo de pan hirviente sobre su espalda.

Hoy tampoco dormirá más de cinco horas y cuando amanezca saldrá otra vez a encarar a una ciudad de vidrio y metal que amenaza con devorarlo.

Pero algún día retornará a Sarawak, donde el sol nace entre minaretes y todo huele a salitre y almizcle.

En la isla de Borneo, la vida no transcurre dentro de enormes edificios de cristal, sino en pequeños cafetines, en los que se bebe té especiado (masala chai) acompañado por golosinas de pistacho y sésamo.

*Periodista de la Redacción de Asia y Oceanía de Prensa Latina


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