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Publicado el 13 Julio, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

“Mi divisa es hacer pensar a los alumnos”

Crítico de arte y degustador de las palabras, Rafael Acosta de Arriba comparte resultados de sus investigaciones en exclusiva con BOHEMIA
Rafael Acosta de Arriba.

“Cada cultura posee su propia visualidad”, conside-ra el doctor Rafael Acosta de Arriba.

Por SAHILY TABARES  

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Para él, adentrarse en la visibilidad o absoluta estetización de la realidad que vivimos hace décadas, es una vía de comunicación y re-descubrimiento de tópicos diversos, de los cuales forman parte la fotografía, el cuerpo como surtidor de signos y la visualidad audiovisual.

Rafael Acosta de Arriba, doctor en Ciencias Históricas (1998) y doctor en Ciencias o post doctorado (2009), mantiene sostenidas indagaciones en la tradición artística nacional que deviene “suma, rupturas, continuidades, artistas, exposiciones, obras, pensamiento acompañante e hitos; en fin, la saga de acontecimientos del arte que suceden dentro de su correspondiente contexto sociohistórico”.

Como Investigador Titular en el Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello de La Habana, examina en la práctica ensayística procesos pertenecientes al arte del presente –llámese contemporáneo o posmoderno-, así lo patentiza desde diferentes ángulos y perspectivas de análisis en los volúmenes El signo y la letra (2001), Caminos de la mirada (2007), La espiral de la imagen (2012) y Los signos mutantes del laberinto (2010), dedicado a la crítica de arte de Octavio Paz.

Ha recibido varios reconocimientos, entre ellos, en los últimos seis años, en tres ocasiones, el Premio Anual de Investigación del Ministerio de Cultura -por los últimos volúmenes mencionados-, y en dos oportunidades el Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros. En ese período obtuvo la beca de la Fundación Max Aub, de España, de la cual salió resultante el libro Cuba, Max Aub y 1968, que presentará en Valencia, España.

En 2011 mereció el Premio del Ministerio de Educación Superior a la mejor tesis de post-doctorado defendida el año anterior en La Habana.

Sobre hallazgos y aprendizajes derivados de sus estudios sobre el intelectual mexicano Octavio Paz, precisa: “Al existir una bibliografía extensísima sobre su oceánica obra, seleccioné para mi tesis de postdoctorado su crítica de arte, pues era la zona menos trabajada por la crítica y la academia. Antes, había escrito sobre su poesía y su ensayística en sentido general, pero en esta tesis, después convertida en libro, hice una indagación a fondo que incluyó todo lo existente sobre el tema y dos tomos de sus obras completas sobre artes visuales. Fue un ejercicio enriquecedor. Mi aporte, modestamente, pudiera estar en la especificidad del análisis realizado sobre la crítica de arte de Paz, en el hecho de enrolarlo en una suerte de crítica poética de las artes visuales junto a otros grandes poetas-críticos, como José Lezama Lima y Luis Cardoza y Aragón, entre otros. Esa manera de encarar las artes visuales es característica de unos pocos escritores, entre ellos el mexicano que lo hizo con brillantez. La relación con la obra de Marcel Duchamp es un ejemplo paradigmático de la profundidad de su mirada crítica y de sus límites, para Paz era más claro el arte tradicional que el experimental y conceptual, el cual comenzó con Duchamp.

“En el extraordinario análisis referido a la obra del artista francés siento que Paz se extravió en algunos momentos, sin embargo, los dos textos que escribió acerca del autor del Gran Vidrio son de una intensidad irrepetibles. Paz integra ese grupo de poetas-críticos con su inspirada reflexión sobre el arte del siglo XX”.

Libro El signo y la letra, ensayos sobre literatura y arte.

El signo y la letra, ensayos sobre literatura y arte, un libro de Acosta de Arriba, publicado en el año 2001

Aseveraciones y desafíos

Acosta de Arriba, en talleres, conferencias y otras disertaciones despliega diversas miradas sobre fotografía, imagen y sociedad. Según considera, “no he aportado mucho en una dirección en la que hay autores considerados clásicos como Bordieu, Fontcuberta, Dubois, Fluser. La contribución está en la idea y gestación de los Talleres Imagen y Visualidad –organicé tres en el Instituto Juan Marinello-, en los cuales numerosos especialistas debatieron sobre estos temas que eran y son, pero ya menos, un déficit en nuestra academia.

“Existe una incipiente meditación de especialistas cubanos sobre la cultura visual posmoderna, todavía ausente en nuestro paisaje crítico. En este sentido he realizado alguna aportación. No puedo dejar de apreciar lo que desde el punto de vista de divulgación teórica debemos al Centro Cultural Criterios y la revista de igual nombre”.

El prestigioso intelectual cultiva la crítica de arte y la promoción cultural con la misma devoción, pues considera la importancia de ambas actividades en el plano de la cultura del país.

Ejerció la primera plenamente durante siete años (1999-2005) cuando encabezó el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y desde mucho antes.

“Me interesa el pensamiento acompañante a la creación. En 2001 salió a la luz el primero de los libros con ensayos sobre literatura y arte, El signo y la letra, publicado por el sello editorial de ICIC Juan Marinello. He escrito seis volúmenes sobre artes visuales. Entre los artistas entrevistados aparecen Louise Bourgeoise, José Luis Cuevas, Gianni Váttino, Hervé Fischer, Andrés Serrano, Julio Larraz y Tomás Sánchez, entre otros. El trabajo de entrevistador -pleno de estudios previos del entrevistado, de su obra y la confección de los cuestionarios-, también constituye un ejercicio crítico de valor.

“He realizado cerca de 15 curadurías dentro y fuera de Cuba. En esta actividad combino el trabajo de crítico y curador, pues constituye una forma de promoción cultural muy especializada.

“El curador es uno de los personajes más activos y polémicos del panorama del arte en los últimos tiempos, llegó incluso a tener un protagonismo notable, en ocasiones desmesurado, más tarde las aguas retomaron su cauce. Se trata de un organizador de exposiciones que sostiene una tesis y la muestra resultante valida o no la misma. A veces con un sentido meramente comercial, pero sin dudas contribuye a la promoción del arte y de creadores. Entre mis exposiciones más queridas está la que realicé en 2010 en el Centro Dragón de Mar, en Fortaleza, Brasil, sobre video-creación en el arte cubano. Tuvo repercusión en esa ciudad y en el país”.

En especial, le reconforta su labor docente en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

“Por encima de cualquier otro propósito mi divisa es hacer pensar a los alumnos, situarlos ante la reflexión de hechos e ideas, de manera que constituyan desafíos a su inteligencia. Hoy, cada vez más, los jóvenes leen menos y me duele esa situación que la percibo más de cerca con mis hijos, aunque hay algunos de ellos que sí son lectores asiduos. Desde mi posición como educador me interesa especialmente motivarlos a que piensen, y desde luego, para pensar es menester leer”.

Incansable y acucioso indagador, habla de un proceso de varios años, producto colateral de un libro aún no concluido, sobre el Congreso Cultural de La Habana, realizado en Cuba en 1968, año bisagra para la Isla y el mundo, evento rápidamente olvidado, que desapareció de todos los estudios y registros.

“No podía incluir todas las ponencias del evento, siquiera como anexos, pues son numerosas, tampoco los audiovisuales y un extenso despliegue fotográfico que reuní; le hice la propuesta a Ediciones Cubarte y aceptaron. El proceso de trabajo conjunto culminó con la presentación del multimedia en el Ministerio de Cultura por un exdelegado al evento y ponente en el mismo, el sociólogo Juan Valdés Paz. Además de la revisión de una amplia bibliografía, realicé entrevistas a dos decenas de personas sobre la reunión y redacté el texto introductorio.

“Esta multimedia se podría considerar como la primera parte del futuro compendio acerca del congreso que en 1968 reunió en la capital cubana a lo más granado y brillante de las fuerzas revolucionarias y de izquierda del mundo”.

Varios atractivos proyectos lo mantienen atento.

“Debo terminar dos libros –el ya mencionado sobre el Congreso Cultural de La Habana–, y otro, el volumen Cuba: fotografía y sociedad (1994-2014), en el que examino cómo la fotografía artística y documental del país, registra y recrea las mutaciones de la sociedad en esas dos décadas. Presenté el contenido del mismo en el congreso de LASA, recientemente celebrado en Nueva York, y resultó de mucho interés en ese foro”.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares