0
Publicado el 17 Agosto, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Alÿs en el centro del conflicto

En La Habana, evidencias de la acción transformadora de un artista visual
Hacer siempre algo poético es su máxima.

Crea con una máxima: “hacer algo poético puede volverse político y, a veces, hacer algo político puede volverse poético”. (Foto: Otro Ángulo).

Por RAÚL MEDINA

En 1986 Francis Alÿs (Amberes, 1959), arquitecto belga, llegó a México procedente de Venecia. La capital del país latinoamericano, una megalópolis, lo impresionó. Desconcertado, anduvo por sus calles -caminar sin rumbo fijo es una especie de resistencia, reflexionaba- convirtió la ciudad en su taller, y desde entonces la recorre con varios cuadernos de notas a mano. En ellos nacen, caóticos como las urbes contemporáneas, sus multiformes proyectos.

Tras 20 años de carrera, es un artífice capaz de perseguir un rabo de nube para fijar una idea en la mente de los públicos; un activista que viaja a zonas en conflicto para proponer “otra realidad” transformadora de la sociedad.

Ha expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Tate Modern de Londres, el Wiels de Bruselas, el Martin-Gropius-Bau de Berlín, y el Museo Reina Sofía en Madrid. Es mimado por los círculos más conspicuos del mundo creativo, donde se le cita como referente ineludible del arte contemporáneo.

Alÿs lleva varios meses trenzando –junto a sus colaboradores y bajo la curaduría de Cuauhtémoc Medina González– un collar de exposiciones en relevantes centros del continente. Para fortuna nuestra, entre las cuentas incluyó al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de La Habana. Antes de llegar a la Isla, Relato de una negociación transitó por el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo (México), el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Argentina) y según anunciaron continuará hacia la Galería de Arte de Ontario en Canadá y el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (Estados Unidos).

Instalación Cam-guns.

La instalación Cam-guns (armas-cámaras) alude a la realidad construida por los medios acerca de Afganistán durante la guerra. (Foto: ABEL ROJ

Sus organizadores la promovieron como “una investigación sobre las actividades paralelas del performance y la pintura”, habida cuenta de que se exponen los procesos articuladores de las obras de Alÿs, producciones análogas de imágenes pictóricas y acciones fílmicas durante los primeros años del siglo XXI.

Hasta finales de julio pudieron apreciarse, en el edificio de Arte Universal del MNBA más de 250 piezas creadas entre 1992 y 2015. Un mosaico para entender a una recia personalidad creadora.

Alÿs huye de la planificación. Considera la casualidad el detonador de sus mejores ideas, como si de animales que saltan entre la maleza se trataran y precisara cazarlos con las armas disponibles. Por ello no se puede entender su trabajo en su expresión final –por lo general performances y acciones grabadas en video– sin conocer esos múltiples caminos previos. “Es mi única forma de avanzar, pegando saltos de una historia a otra”, ha dicho.

Su preocupación se centra en narrar historias de lugares marginados y periféricos del mundo en crisis, e interviene en situaciones políticas y sociales como el cruce de fronteras, el beneficio y las paradojas del progreso, las áreas de conflicto globales y la guerra. El medio en el que plasma su obra no le es tan esencial como la necesidad de decir.

Tales características las apreciamos este verano en la institución habanera. Relato de una negociación es un ensayo ambicioso de las relaciones del artista con los escenarios que interviene y entre las manifestaciones utilizadas para crear: dibujo, pintura, fotografía, instalaciones, performances filmados… Todo ello con-forma, según declara a los medios: “un método creativo en el que el soporte queda en segundo plano frente a la narrativa”.

A La Habana arribaron evidencias de varios de sus proyectos: Puente (La Habana-Cayo Hueso, de 2006); No cruces el puente antes de llegar al río (Estrecho de Gibraltar, 2008); Tornado (México, 2000-2010); y Afganistán (2011-2014). En todos el creador se lanza a la piscina de lo político promoviendo el análisis y evocando experiencias de situaciones conflictivas.

El recorrido –organizado para que se realizara desde la tercera planta del museo hacia abajo– supuso un viaje por el proceso creador. Estaban fotografías, dibujos, mapas, pequeñas esquelas, documentos y pinturas asociadas a los dos primeros proyectos mencionados. La migración y la incomunicación entre culturas y sistemas diferentes se critican mediante la resignificación ingeniosa de objetos disímiles.

No cruces el puente… utiliza la idea de una acción anterior (Puente) para sugerir el encuentro en un punto medio del estrecho de Gibraltar, de dos filas de niños africanos y europeos, quienes nadarían hasta allí portando veleros confeccionados con calzado para hacer un puente flotante con las pequeñas barcas. La realización está documentada (dos pantallas muestran a las personas en ambas costas que miran hacia el otro lado del horizonte), pero también se hizo una instalación: una hilera de barquitos topaba contra un espejo abriendo múltiples interpretaciones.

No cruces el puente…

Las fronteras son escenarios para el análisis del artista, como en No cruces el puente… (Foto: Radar/Página 12).

Otro video mostraba una actitud aparentemente demencial. Durante 10 años Francis Alÿs corrió al encuentro de rabos de nube para filmarlos, penetrar la pared de polvo y viento, y alcanzar el ojo calmo. Tornado fue un proceso más íntimo que otros, asumido como un exorcismo del “horror” causado por la violencia en el país en la primera década del siglo XXI, una metáfora de la sociedad usando a la naturaleza. Cuál es la relación entre el ser humano y el caos, parece preguntarse.

En Afganistán incluyó Reel-Unreel, registro de 20 minutos sobre una acción realizada en Kabul. Se inspiró en el juego infantil de mantener un aro rodando por las calles, y en la situación de que los talibanes confiscaron y quemaron, durante 15 días, cintas del archivo fílmico de la nación, ocasionando daños a la memoria cultural. Por ello varios niños corren por el polvo de la capital desenrollando y recogiendo una bobina de cinta cinematográfica, entre las edificaciones semiderruidas, las cabras y los ancianos que los miran atónitos.

La proyección se complementa con una serie de pinturas de paisajes afganos intervenidos con las barras de señal televisiva, para evocar los límites de la representación en la imagen del país impuesta por los medios de comunicación occidentales.

En tiempos donde la sociedad prefiere no ver sus obscuridades, Francis Alÿs tiene una misión clara: “ofrecer otras lecturas posibles” y que la gente sienta la posibilidad, aunque sea por unos minutos, del cambio.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama