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Publicado el 15 Agosto, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: ¿Están todos los que son?

Toda apropiación es selectiva, en espectáculos, conciertos, programas de radio y televisión, en los espacios públicos, se requiere la presencia de los que deben estar: músicos talentosos defensores de nuestra identidad cultural.
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Familia cubana viendo televisión.

Ver televisión es aun interés de la familia cubana. En este medio es preciso velar porque los que están sean; los que no están, y deben escucharse, estén. (Foto: bbc.com).

Por SAHILY TABARES

El hombre primitivo comenzó a elaborar las técnicas de producción de los sonidos, con ellos se acompañaba desde tiempos inmemoriales de la civilización. Cuando tuvo conciencia de que, con la voz y las manos, lograba sonidos disímiles sembró la semilla de la posterior concreción de melodías y ritmos; toques y cantos mediante los cuales comenzó a expresar necesidades, mitos, ritualidades.

Infinidad de medios y objetos le permiten al ser humano crear músicas distintas unas de otras, por ser diferentes el empleo de voces e instrumentos. Poco se conoce, promociona, difunde -no con la sistematicidad y permanencia que lo merecen-, formatos de dúos, tríos, cuartetos, los cuales en el siglo XXI, incorporan a sus repertorios diversidad de géneros y estilos en el panorama de la música cubana.

Por ello, un acierto notable en la programación televisiva de verano es el espacio Entre voces y cuerdas (Canal Educativo 2, viernes, 7:30 p.m.), dirigido por Marilú Macías, con guion y conducción de Rosalía Arnáez.

Cada encuentro propicia un acercamiento al patrimonio sonoro de nuestro archipiélago preservado en archivos; acude a testimonios de músicos, realizadores; fotos fijas, audiovisuales, datos, documentos, grabaciones, discografía, para conformar una visión sobre lo auténtico, lo valioso, que deben conocer los más jóvenes; públicos y graduados del sistema de enseñanza artística.

Entre voces… destaca el aporte, la riqueza expresiva, la preparación técnica y artística de formatos memorables, entre ellos el dúo Hermanas Martí que continuó la tradición trovadoresca y recrearon obras de notables figuras.

No por azar el programa se graba en el estudio Benny Moré de Radio Progreso, emisora que privilegia una comprensión cabal de cómo la música en Cuba fue definiendo su nacionalidad desde la asimilación y mezcla de raíces originarias, las cuales se transformaron con aportes diversos hasta consolidar géneros fuertemente caracterizados.

Mediante el diálogo ameno, fraterno, Rosalía Arnáez establece la comunicación con los invitados, entre ellos documentalistas, realizadores audiovisuales y otros expertos que desde diferentes enfoques reflexionan sobre dinámicas transformadoras y de fomento de la música en su relación con los espacios sociales, pues todo desarrollo cultural implica interacciones humanas.

Toda apropiación es selectiva, en espectáculos, conciertos, programas de radio y televisión, en los espacios públicos, se requiere la presencia de los que deben estar: músicos talentosos defensores de nuestra identidad cultural.

El gusto no nace, se forma en un proceso que exige aprendizaje, conocer, escuchar. La repetición, la rutina, los silencios, las ausencias premeditadas impiden que públicos de diferentes generaciones conozcan la historia de la música, su riqueza y diversidad.

La niñez está expuesta a modas creadas para usos momentáneos, circunstanciales. Estar de espaldas a esta situación instaura una realidad desarticulada, caótica, de lo que se escucha, de lo que se promueve. Es esencial aprovechar con estrategias comunicativas e inteligencia cada espacio en la televisión y en la radio. Los de menos edad deben conocer canciones destinadas a ellos, las cuales transmiten alegremente legados de valores y normas de conducta.

De este empeño personal habló la primera actriz Xiomara Palacios en el programa 23 y M (Cubavisión, sábado, 6:30 pm.), el cual ha sido una brújula en su vida profesional.

Lo primero que llega al espectador es el sonido, este atrapa sin otros juicios o interpretaciones; después ocurre la apropiación del texto y de la obra que cada quien canta cuando lo decida. La clave no está en prohibir modas efímeras, ellas no sobrevivirán; sino en lograr la selección adecuada, pues la música le llega a uno aunque no la busquemos en autos de alquiler, ómnibus, espacios públicos, privados. En estos lugares “tenemos” que escuchar lo impuesto por alguien, en ocasiones sin interpretaciones de valor ni musicalidad; o sea, aptitud, predisposición de la persona para percibir la música.

Ver televisión continúa siendo un interés de la familia cubana. En este medio de comunicación es preciso velar porque los que están sean; los que no están, y deben escucharse, estén. Si bien aprendemos nunca olvidamos, resulta vital construir un lector-espectador capaz de interesarse por lo valedero de nuestra cultura de amplia trascendencia internacional. Esta ardua labor corresponde a cada miembro de la sociedad en el hogar, en la escuela, en cada lugar donde desarrollamos lo más preciado: la vida cotidiana.

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Sahily Tabares

 
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