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Publicado el 1 Agosto, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Cine: Preocupaciones éticas en miradas germanas

Acercamientos fílmicos a problemas universales
Jasna Fritzi Bauer en Historia de una chica.

Jasna Fritzi Bauer fue galardonada en 2014 con el Premio del Cine Bávaro por su papel en Historia de una chica.

Por RAÚL MEDINA

Fotos: Cortesía del Icaic

Judío, socialdemócrata y homosexual. Fritz Bauer las tenía todas para que al pie de su imagen, en un manual nazi, se dijera: “si lo ve dispárele, representa todo lo que no debe ser un alemán”. Pero alemán era, heredero de una larga tradición cívica y de respeto a la dignidad humana, y regresó del campo de concentración –ese infierno en la tierra– para convertirse en némesis de los fascistas sobrevivientes a la caída del Reich.

De la guerra emprendida por el fiscal general de Fráncfort para llevar a los tribunales a Adolf Eichmann –celoso ejecutor de la genocida “solución final” para la población hebrea– se alimenta el argumento de El estado contra Fritz Bauer (2016), cinta escogida para inaugurar la reciente Semana de Cine Alemán en La Habana, promovida por la Cinemateca de Cuba con la contribución de la sede diplomática del país europeo y el Instituto Goethe.

Burghart Klaussner, en excelente interpretación del fiscal antinazi.

Burghart Klaussner, en excelente interpretación del fiscal antinazi.

“A veces la única manera de salvar a tu país es traicionarlo”, dice el personaje encarnado por Burghart Klaussner para justificar su “terquedad ética” –saludable obstinación la de alcanzar toda la justicia posible– ante el conveniente olvido en la RFA (República Federal Alemana) de los años 50, durante el gobierno de Konrad Adenauer, más presto a la recuperación económica de la posguerra que a asumir todas las obscuridades del pasado de la nación. Lars Kraume, director del audiovisual, regresó a casa la noche del 27 de mayo de este año con seis premios Lola –los más relevantes de la cinematografía germana– entre ellos el de Mejor Película, otorgados a su obra narrada en clave de trhiller político, como las mejores secuencias del maestro Costa Gravas.

Otros filmes también aportaron ideas a los espectadores, maneras de entender los avatares humanos que se integran a la memoria y experiencias de los públicos. El ciclo programado para la ocasión distingue por la presencia de cuestiones de hondo calado ético y moral. Tal es el caso de Historia de una chica (Mark Monheim, 2014), comedia sobre la adolescencia que se desencadena a partir del intento de suicidio de una joven de 15 años.

¿La muerte infantil como sustrato de lo cómico? Pues sí, porque no hay temas asignados a un género dramático u otro, solo directores y guionistas competentes, o no. En la ópera prima de Monheim, Charleen –fanática de Amy Winehouse, Kurt Cobain…– experimenta un manojo de “vergüenzas adolescentes”: su madre echó al padre de la casa y vive con el estúpido profesor de biología de la chica, la niña tiene problemas con su amiga Isa y se enamora del más impopular del colegio. A partir de una compulsión o “aberración” inicial –el suicidio– la protagonista realiza una trayectoria plagada de anécdotas, y se redime en un final edificante que en el largometraje de marras fue un tanto remarcado.

Junto a Hannes emprendimos una Ida sin vuelta hacia el controvertido concepto de la eutanasia.

Junto a Hannes emprendimos una Ida sin vuelta hacia el controvertido concepto de la eutanasia.

La eutanasia –término para designar el acto u omisión de este que provoca la muerte de un paciente, dizque por razones humanitarias– es pasto de polémicas éticas en la actualidad, y tema escogido por Christian Zübert para Ida sin vuelta (2014). La tragedia de Hannes (interpretado por Florian David Fitz) es enfrentarse a una muerte inevitable, por enfermedad crónica. El personaje opta por Bélgica como destino para la excursión en bicicleta que hace anualmente con sus mejores amigos. El propósito oculto de su viaje es encontrarse con un médico que practica la eutanasia en Ostende, y tal revelación desencadena culpas, cambios de actitudes y reconciliaciones en el grupo.

Se estrenaron en Cuba durante la semana  otros filmes : Jack (Edward Berger, 2014); Me siento disco (Axel Ranisch, 2013); Un bello horizonte (Stefan Jäger, Suiza-Alemania-Etiopía, 2013); y Cuando soñábamos (Andreas Dresen, Alemania-Francia, 2015).

Y aquí permítaseme una queja, acaso caprichosa. ¿Por qué la mayoría de los audiovisuales tuvieron solo una proyección en el Cine 23 y 12, sede de la cinemateca? Resulta saludable que los públicos tengan la oportunidad de encontrar, dialogar –para conformar un juicio crítico– en dos o tres oportunidades con estas miradas germanas, cuya llegada a Cuba agradeceremos siempre.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama