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Publicado el 8 Agosto, 2016 por Luis Toledo Sande en Cultura
 
 

Concierto para Fidel en sus noventa

Homenaje a un revolucionario cuyo legado no cabe en todo el maíz del mundo
Concierto de la orquesta sinfónica por el cumpleaños 90 de Fidel

Concierto de la orquesta sinfónica por el cumpleaños 90 de Fidel

Por LUIS TOLEDO SANDE

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

La Orquesta Sinfónica Nacional, una de las instituciones culturales fundadas en el país en 1959, dedicó su programa dominical del pasado 7 de agosto a Fidel Castro, el guía de la Revolución que triunfó ese año y abrió también en la cultura una nueva era para la patria. En su variedad y en su intensidad, el programa concebido para rendir homenaje al líder revolucionario en vísperas de su cumpleaños 90 fue un acierto, como siempre lo merecen el arte y el público, y en este caso lo merecía también la intención.

Banda Nacional de Concierto dirigida por Igor Corcuera

Banda Nacional de Concierto dirigida por Igor Corcuera

Estructurado en tres bloques, el primero estuvo a cargo de la Banda Nacional de Conciertos –conducida por su director, Igor Corcuera– y varias cantorías infantiles. Transcurrió con arreglos orquestales y composiciones reunidas por Wilma Alba Cal a manera de suite. A partir de la conocida ronda Todos los niños del mundo, de Tania Castellanos –recordada asimismo como luchadora revolucionaria–, recreó textos de José Martí y Nersys Felipe, y canciones de Silvio Rodríguez y, especialmente, de Teresita Fernández, justicia artística y humana para mantener viva la memoria de la trovadora, fallecida hace pocos años.

El segundo bloque fue breve, menos de diez minutos, pero fue el núcleo del programa y llenó e hizo vibrar la atmósfera de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Creada a principios del año en curso y con estreno absoluto el 7 de agosto, la cantata Lemas y poemas (a Fidel) ratificó la talla de compositor de Roberto Valera, galardonado en 2006 con el Premio Nacional de Música.

Versos de Mirta Aguirre, Nicolás Guillén, Carilda Oliver Labra, Jesús Orta Ruiz y el propio Valera, y frases y consignas populares nacidas al calor de discursos de Fidel en la Plaza de la Revolución –como esa que el compositor plasma en variante de sentido de plena vigencia: “Fidel, seguro, al imperio dale duro”– se enlazan orgánicamente con la música. Esta y los textos se funden en el lenguaje tonal con que –señala en las notas al programa otro notable compositor cubano, Juan Piñera– el autor es fiel a “su casta deudora de aquella vanguardia musical surgida en los primeros años de la Revolución Cubana”.

Dicha vanguardia –añade Piñera– fue “una suerte de revolución dentro de otra Revolución”, la que transformó al país y lleva marcado con luz el nombre de su líder. La fuerza propia de Lemas y poemas la calzaron eficazmente la ejecución de la Sinfónica Nacional y la participación de algunos de los más importantes coros profesionales del país. Y da gusto reconocer otra verdad: el temperamental y a la vez seguro desempeño de Valera como director que conoce y vive su obra, también contribuyó a la expresividad de la cantata.

La entrega terminó con un bloque válido para situar la unión de arte y resistencia revolucionaria en el espacio universal que ocupa. Consistió en la Obertura 1812, opus 49 (estrenada en 1880), del ruso Piotr Ilich Tchaikovski, quien la compuso para recordar la victoria de su pueblo sobre el ejército de Napoleón Bonaparte.

Enrique Pérez Mesa con la orquesta sinfónica nacional

Enrique Pérez Mesa, director titular de la Orquesta Sinfónica

Esa obra, como en general lo creado por su autor, rebasó las fronteras de su país, y –según Piñera– “ha devenido símbolo político e histórico de otras luchas emancipadoras, entre ellas nuestra epopeya”, aunque bastaría su altura artística para que fuese natural oírla en un homenaje al líder cubano. Tras la reiteración del final de la Obertura para corresponder a la acogida del auditorio, el director titular de la Sinfónica, Enrique Pérez Mesa, sumó un toque emotivo que caló en el público: tres “¡Viva Fidel” gritados a pleno pulmón.

En su conjunto el programa fue representativo del desarrollo cultural del país con las Escuelas de Arte y el Movimiento de Aficionados que la Revolución Cubana creó. Iniciado con voces infantiles, dio testimonio de la continuidad, de la sucesión y la coincidencia de generaciones en la defensa de la Revolución y en el amor a su guía.

Junto con el disfrute propiciado por el concierto, solo una duda le asalta al comentarista: aunque la cantata de Valera funcionó bien como gema central del concierto, ¿no habría estado mejor reservarle, como culminación, el cierre? Con ella el músico enardeció a la Orquesta misma y a quienes recibieron su obra como un regalo no solo para el Comandante, sino para la patria: en particular para su cultura, que el maestro de revolucionarios supo valorar y defender como el escudo que es de la nación.

 

 


Luis Toledo Sande

 
Luis Toledo Sande