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Publicado el 8 Agosto, 2016 por Nora Sosa en Cultura
 
 

Rutas y Andares, disfrute y saber se unen

Un espacio cultural para todas las edades gana cada vez más seguidores
Quinta de los Molinos.

En la Quinta de los Molinos los más pequeños y sus familiares se acercan a la vida de la naturaleza.

Por NORA SOSA

Fotos: YASSET LLERENA

“Lo que se hace con la familia no se olvida”, “la experiencia del niño con sus padres es para toda la vida”, estas fueron algunas de las frases de Ramón Guerra, museólogo de la Casa Natal de José Martí, mientras dirigía uno de los más de 70 talleres creados por 30 instituciones museales y culturales, con el objetivo de integrarlas a las amplias opciones del Programa de Verano de la Oficina del Historiador de la Ciudad, conocido como “Rutas y Andares. Para descubrir en Familia”, que llega este año a su edición 16 y crece cada vez con más ofertas.

No puedo negar cuánto tuve que concentrarme para entender de qué manera resultó el inicio de la visita de las familias, con niños entre cinco y 10 años de edad, al Museo Martiano.

En su salón de actividades, a padres e hijos sentados juntos en el amplio piso del lugar, se les entregó segmentos de periódicos para, al tenerlos, enseñarles los pasos para hacer barquitos de papel. Con ellos en las manos, en un ambiente alegre, creativo por lo realizado, entraron las familias a recorrer el hogar de José Martí.

Esta motivación para recorrer el Museo -así lo valora Ramón Guerra- , también suele asociarse con la venta, a un módico precio, de la revista de 1889, La Edad de Oro, reeditada por el Centro de Estudios Martianos en 2010. “Con ella se inauguró en nuestra América la nueva literatura para niños, como al editar Ismaelillo había iniciado en 1882 la nueva poesía, y como con el conjunto de su obra abrió otra etapa de las letras hispanoamericanas”, dijo Guerra.

Al hablar con la niña de siete años Yadel Isaac Pérez Acosta, luego de recordar que terminó primer grado, dice: “Me gusta venir a la casa de José Martí, que murió en Dos Ríos luchando por la Independencia de Cuba”. Y manifiesta que otra de sus visitas familiares en el Programa Rutas y Andares son los talleres que, hace varias ediciones, se organizan en la Quinta de los Molinos “con los animalitos, las mariposas”, como le llama esta avispada chica al Taller de Plantas ornamentales, un espacio con ofertas culturales que ya rebasan las fronteras del Centro Histórico para ofrecer opciones en momentos que resulta de gran importancia cuidar el medio ambiente.

La ciudad con otros ojos

La participación de los niños, los jóvenes y los adolescentes, de una llamativa manera, es primordial en este proyecto concebido por la Oficina del Historiador de La Habana. En la ruta especial infantil La ciudad con ojos de niño, por primera vez se brinda un recorrido que de principio a fin es guiado por ellos, los más pequeños. Al respecto oigo los comentarios de la vecina Susana, al regresar de disfrutar de tal opción junto a sus dos hijos. “Se trata -cuenta- de una experiencia espectacular, porque con sus lenguajes comunes, los niños aprenden más a través de los mismos niños, además, con una facilidad única para caminar por la Maqueta, el Acuario, la Cámara Oscura, el Planetario del Centro Histórico”.

Y al referirse a los acertados conocimientos de los pequeños guías, esta reportera recordó la explicación a los periodistas de cómo ellos fueron llevados a los diferentes espacios por especialistas y les enseñaron objetos, lugares patrimoniales, para darles las explicaciones correspondientes, lo cual es expresión de cuán valiosa resulta para niños, adolescentes y jóvenes, una especial educación en esos momentos de la vida, su capacidad para captarla, y la importancia que tiene para su futuro.


Nora Sosa

 
Nora Sosa