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Publicado el 26 Septiembre, 2016 por ACN en Cultura
 
 

Aplausos para ennoblecer el alma

Cecilia, ángel de barro.

Cecilia, ángel de barro, una de las más recientes propuestas de D´Morón Teatro.

Por LISANDRA LÓPEZ PÉREZ DE CORCHO

Fotos: OSVALDO GUTIÉRREZ GÓMEZ

(Especial de la ACN para BOHEMIA)

La ciudad se paraliza como si se congelaran los minutos y solo hubiese ojos para detallar los movimientos. Hombres y mujeres vestidos con barro toman por asalto arterias principales, callejones, y se hace inevitable no detener el paso para descubrir de qué se trata semejante escena.

No cabe el asombro en las miradas y los susurros de los espectadores, quienes quedan perplejos ante la capacidad actoral para lograr la precisión y la concentración. Esto ha sido factor común cada vez que D´Morón Teatro sale a las calles y la lluvia de aplausos corona el final de sus presentaciones.

Los comienzos de una historia

Pareciera que iniciaron su trabajo hace apenas unos años, cuando se empezó a conocer en la Isla que un grupo de avileños invadía el andar cotidiano con personajes traídos de obras clásicas de la literatura universal. Mas, las 30 primaveras de la compañía hablan de un surgimiento incipiente, como siempre pasa con las grandes cosas, que fue subiendo como la espuma hasta alcanzar el prestigio nacional con el que cuenta en la actualidad.

“Surgimos con el nombre de Colectivo Teatral Perspectiva. Éramos un grupo de instructores de arte recién graduados y otro de aficionados que decidimos unirnos para hacer teatro popular dirigido a todos los públicos”, rememora Orlando Concepción González, al frente de la gran familia que es hoy este colectivo.

Orlando Concepción González, director del grupo.

Orlando Concepción González, director del grupo, acompaña a una de las actrices durante la presentación de Cecilia, ángel de barro.

“Nuestra primera puesta en escena fue una trilogía de Shakespeare: Romeo y Julieta, Macbeth y Hamlet. Después, entre otras cosas, hicimos versiones de cuentos de Onelio Jorge Cardoso, trabajamos un espectáculo denominado El pequeño príncipe, adaptación de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry y también presentamos Andares gitanos, con textos de Federico García Lorca”.

La etapa fundacional, con sus éxitos y desaciertos, comenzó a dar indicios de un despertar del arte de las tablas en el municipio de Morón, donde el movimiento teatral no tenía la mejor cara.

“A finales de la década de los 80 y principios de los 90 pasamos de aficionados a profesionales, con la inserción del grupo en el Consejo de las Artes Escénicas”, señala Orlando al narrar un pedacito de la historia que atesoran.

“Desde ese momento se solidificaron poco a poco los proyectos que veníamos gestando, períodos que no estuvieron exentos de dificultades, vinculadas fundamentalmente con la ausencia de un local con las condiciones suficientes para ensayar”.

Como quien sube una escalera peldaño a peldaño, con paciencia, con tropiezos, pero siempre con el firme propósito de llegar a un punto en lo alto, a D´Morón Teatro le urgió buscar nuevos modos de hacer para lograr un impacto dentro de la competitividad que caracteriza al mundo del arte.

Así llegó el concepto del teatro callejero, en el que las obras se despojaron del protocolo de una sala teatral para proyectarse en espacios abiertos, donde el público tuviese una mayor interacción.

También manejan los zancos

El manejo de los zancos en varios de sus espectáculos caracteriza el trabajo de D´Morón Teatro.

“Empezamos a usar zancos, a participar con novedosas propuestas en eventos que se realizan en el país, como por ejemplo en la primera edición del Festival de Teatro callejero de Matanzas en el año 2000 con la obra Cuenta zanqueando, y desde entonces se empezó a sentir nuestra presencia en el ámbito nacional”, alega el entrevistado.

“El barro, que se ha convertido en nuestro sello particular, nos llegó casi por azar. Empezó a cocinarse la idea de emplearlo en las obras a partir de un trabajo de tesis de graduación de la antigua Academia de Artes Plásticas en el referido municipio avileño.

“Gente de Barro, performance basado en personajes tradicionales cubanos, fue uno de los espectáculos en los que dimos los primeros pasos para usar esta técnica”.

De ahí volvieron a los clásicos de la literatura universal: primero Medea, luego Troya y la más reciente: Cecilia, ángel de barro, basada en uno de los textos fundacionales de la novelística en Cuba, Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde.

“Las estatuas vivientes generalmente se ven con figuras doradas o plateadas, pero la idea del barro le da un toque más caribeño y por tanto más cercano a nuestra realidad”.

En un proceso similar al de la confección de una pieza de cerámica, el polvo de barro común es el ingrediente mágico para que los actores salgan a las calles.

“Se mezcla agua con este barro, que traemos de minas ubicadas en las afueras de Ciego de Ávila y también de la provincia de Las Tunas, se cuela para eliminar las impurezas y el resultado es una sustancia que pudiera compararse con una pintura de vinil”, así cuenta Concepción González, en la confesión casi cómplice de quien revela la fórmula secreta del éxito.

“Cada vez que vamos a realizar una función pedimos estar una hora antes para el proceso de maquillaje y retocar el vestuario, cubierto ya de barro, pero que siempre necesita fijar un poco más el color. Se requiere de todo este tiempo para esperar a que seque, pues mojado no se tiene el matiz cromático necesario. Retirar todo esto pudiera parecer difícil, pero no lo es, agua y jabón son suficientes”.

Troya

Troya, una de las más reconocidas obras de la agrupación.

Las presentaciones callejeras de D’ Morón Teatro tienen tres momentos básicos: el primero es la entrada triunfal, pausada, el instante en el que como amor a primera vista el público conecta con el grupo. Ya luego llega la representación, la explanada dramática que culmina en una retirada performática, sigilosa, en la cual cuesta decir adiós, hasta la próxima entrega.

Comunidad por dentro

No solo fue esta manera de proyectar los espectáculos la oportunidad de lanzarse al estrellato, sino que también sirvió como marcapaso sociológico. Indicó las carencias en cuanto a trabajo cultural en las comunidades y cual pie forzado, D´Morón Teatro se incorporó a todo un proceso que se gestaba en el país para acercarse a lugares intricados y socialmente complejos a través de las manifestaciones artísticas.

“Crecidos por la cultura, nuestro primer proyecto comunitario, marcó una etapa realmente importante en nuestro quehacer.”

La transformación fue simultánea. Aprovechando esa posibilidad de que los miembros del grupo se convertían, durante su convivencia con los habitantes de la comunidad, en una suerte de ejemplo a seguir, se fueron variando modos de pensar, de actuar en los que allí vivían. A su vez, los teatristas aprehendieron de la humildad y la modestia que muchas veces caracteriza a quienes están un tanto alejados de las urbes.

“En nuestro trabajo incursionamos no solo en lo relacionado con la parte cultural sino también en temas como el alcoholismo, la violencia familiar y en la prevención de ITS y el VIH/Sida.”

En varios puntos de la geografía avileña como los poblados Miraflores Nuevo, en el municipio de Bolivia; Los Negros, en Venezuela; Guadalupe, en Florencia; y Mabuya, en Chambas, quedaron las huellas de D´Morón Teatro, y la amistad de sus integrantes con quienes allí intercambiaron.

Las estatuas vivientes cubiertas de barro dan vida a la ciudad.

Las estatuas vivientes cubiertas de barro dan vida a la ciudad.

Este constante viajar no devino causa para descuidar el hecho de que el grupo necesitaba con premura un local de ensayos.
Orlando le echó el ojo a las ruinas del teatro Reguero y le fue concedida la petición realizada al Consejo de la Administración Municipal en Morón para edificar en ese espacio su sede.
Fueron varios meses de trabajo en los que los 48 integrantes, como quien vigila con recelo lo propio, se involucraron durante largas jornadas en labores constructivas que tuvieron como desenlace la añorada casa de la agrupación.

Ellos prestan su hogar, con los mejores deseos, para diversas actividades que se realizan en la Ciudad del Gallo, y este sitio se ha convertido en el lugar de los grandes acontecimientos de ese territorio.

Pero allí no paró el impulso. En la búsqueda de materializar nuevos sueños, actualmente están empeñados en extender Crecidos por la cultura (Premio Nacional de Cultura Comunitaria), esta vez de manera urbana bajo el nombre de Reverbero y que ya se encuentra en proceso de análisis con las autoridades de la central provincia cubana.

El propósito está en concentrar las acciones en las áreas aledañas al Reguero, el “cuartel general de D´Morón Teatro”, como lo denomina Concepción González.

“Las propuestas en este caso deben ser mucho más atractivas, pues en las zonas rurales es menos difícil atraer público que en las ciudades, donde existen muchos más detractores.

“La idea apunta a reanimar ese espacio de importancia histórica para los moronenses, cambiar el ambiente que roza a veces con lo marginal y sobre todo acercar a la juventud al movimiento artístico para un trabajo intenso y necesario ante la creciente pérdida de valores en la sociedad”.

Esto, por supuesto, exige numerosos recursos económicos, pues una primera etapa constructiva creará las bases de la ambientación que se pretende lograr y que involucra la recuperación del Parque Agramonte en cuanto a condiciones materiales. Allí se planea, según conciben Orlando Concepción y su tropa, abrirse a la representación cultural y la venta de artesanías, con el objetivo fundamental de ampliar el espectro para el esparcimiento.

Aprendizaje continúo

D´Morón Teatro ha sido para el actor Omar Rodríguez la oportunidad con la que ha logrado desarrollar un talento que lleva dentro y necesitaba exteriorizar.

Lágrimas sobre barro.

Lágrimas sobre barro en una demostración de la capacidad actoral de los integrantes de la compañía

“El grupo es una escuela, lo ha sido para mí que llevo 20 años en él y para otros jóvenes. Trabajamos en un ambiente totalmente armónico, en el que prima la unidad, en las buenas y las malas. Más allá de que pueda parecer un cliché, constituye una realidad; pero es que dentro de la familia que somos no podría ser de otra manera”, comenta.

Para Moraima Mejías, actriz y jefa de escena, entrar a la compañía fue parte importante de su realización como artista. Allí ha podido desempeñarse en la actuación, la enseñanza y el colectivo que la ha acogido permite que su vida personal vaya aparejada a la profesional sin mayores tropiezos.

Y es que el público, el que les regala las palmas de la emoción al terminar cada una de sus presentaciones, resulta el motor impulsor para que la superación constante sea objetivo esencial de esta pléyade de teatreros.

Que la voz se expanda y se llenen las salas de teatro, que se pare el tráfico en las calles, que su trabajo sea reconocido cada vez que llegan a un evento, ya sea en La Habana, Camagüey, Matanzas o en el oriente cubano es, sin dudas, el mejor premio que han recibido durante sus tres décadas de existencia.


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