AQUÍ, LA TV: El encanto de los dioses, ¿y mucho más?
Entre Ariana Álvarez y Hamlet Paredes, conductores de Estudio 23 –transmitido durante el verano- fluyeron simpatía, imaginación y credibilidad, elementos que dependen de la habilidad del comunicador, de su capacidad profesional, y faltan en algunos programas
(Foto: tvcubana.icrt.cu).
Por SAHILY TABARES
En el siglo XXI el nuevo espacio de la existencia es interactivo. La conexión con las personas se establece mediante videojuegos, multimedias, pues en diferentes contextos lidera la realidad virtual. ¿Acaso perdimos el deseo de ver, escuchar, a quien nos habla de manera afable para compartir ideas, proyectos, pensamientos? Chaplin expresó en un alegato cinematográfico la necesidad de defender el espíritu humanitario. Su alerta tiene vigencia en el panorama postmedios, en el cual influyen nuevas prácticas sociales; otras formas de relaciones entre los procesos simbólicos.
Sin dudas, el genial artista invita a preservar la relación genuina entre quienes comunican mensajes y sus destinatarios. La mediación tecnológica del conocimiento exige en la TV, además de la semántica (qué se dice), la sintaxis (cómo se dice) y la pragmática (para quién se dice), pensar con detenimiento la selección del sujeto encargado de expresar contenidos mediante el lenguaje de ese medio audiovisual que utiliza preceptos icónicos y gestuales en la producción de una discursividad propia.
La promoción y la animación socioculturales en la TV suscitan en los públicos diferentes niveles de lectura que involucran significaciones emocionales y afectivas; en este sentido es crucial conseguir tanto el armónico desempeño entre los presentadores o conductores como la empatía de ellos con los destinatarios.
Dicha concepción responde a una dramaturgia orgánica





