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Publicado el 3 Septiembre, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Discos, la invención infinita

Virtuosismo e ingenio lideran en este acto creativo de Chucho Valdés y sus acompañantes
Cubierta del disco Chucho´s steps.

Cubierta del disco Chucho´s steps.

Por SAHILY TABARES  

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Quizás, ningún estímulo es más edificante en la música que estar haciendo siempre algo distinto. El propósito exige, además de la llamada inspiración del compositor y ejecutante, técnica, vivencias, formación teórica, disciplina; retorno a fuentes primigenias, para más tarde robustecer ideas novedosas, que recorren el canal expresivo y motivan la revitalización del acontecer sonoro.

Lo ilustra el fonograma Chucho´s steps (Los pasos de Chucho), presentado por The Afro-Cuban Messengers (Los mensajeros de la música afrocubana), el cual incluye, en ocho piezas, nuevas concepciones del maestro Chucho Valdés, para quien la experimentación demanda reelaboraciones continuas de lo aprehendido, búsquedas de otros caminos en espiral ascendente.

Dos imprescindibles antecedentes, el Grupo Irakere, creado por él en 1973, y el Cuarteto de Jazz de Chucho Valdés (1998), lo nutrieron en el empeño de hacer música sin límites. En ambos formatos, desde amplias perspectivas, satisfizo su interés por recrear el jazz cubano, el latin jazz, lo afrocubano, el estilo pianístico, enfoques de la fusión, y por miradas atentas a la historia musical de nuestro país y del ámbito internacional.

Esta producción ha requerido destreza de todos los participantes en el disco, pues Chucho comunica ideas y, al unísono, estimula el ingenio de sus acompañantes, motiva para que aporten inteligencia, creatividad, talento.

Las auténticas raigambres vuelven renovadas como metáforas en el danzón, el cha cha chá, la impronta africana, la libre improvisación, en la que el pianista, y el resto de los ejecutantes, mediante peculiares enfoques, estimulan la improvisación colectiva, trascienden el hecho de tocar; en esencia, recrean temas y pasajes, mientras despliegan gran virtuosismo.

El diálogo con el piano nutre al maestro Chucho Valdés.

El diálogo con el piano nutre al maestro Chucho Valdés.

En Zawinul´s mambo –la pieza de más larga duración con poco más de 11 minutos– y en Las dos caras emergen, por momentos, espíritus análogos a la marcha, al himno; Begin to be Good, es una de las obras más líricas del conjunto, a ello contribuyen los solos del saxo tenor, Carlos Miyares, y la trompeta de Reynaldo Melián. En esta propuesta afloran homenajes a figuras renombradas, entre ellas George Gershwin, y un vasto universo de ritmos afrolatinos que alimentan la polisemia sugerida por núcleos rítmicos de fuerte consistencia.

Son notables la variedad de colores, y las posibilidades tímbricas de la percusión en manos de Yaroldy Abreu, el sentido polirrítmico del bajo de Lázaro Rivero Alarcón, la riqueza de códigos asumidos, y la batería de Juan Carlos Rojas.

A la familia Marsalis se rinde tributo en la composición Nueva Orleáns –la llamada ciudad madre del jazz–, oportuno preámbulo para llegar a Yansá, canto en el que brillan la voz líder, los tambores batá de Dreiser Durruthy Bombalé, así como el acompañamiento de coros de Baira Fermina Ramírez, Yemi Menocal y Lázaro Rivero Alarcón.

A su hijo más pequeño, Julián, le dedica Chucho el tema homónimo, en el que confluyen delicados pasajes, en un juego melódico con tonos de blues. En el cierre, Chucho´s steps abre cauces a la invención infinita; lideran géneros musicales reinterpretados desde matices diversos, visión en la que priman el rigor científico, la fantasía abierta, sin contención.

Todos asumen el disco como acto creativo en una dimensión cultural y artística. La estructura dramatúrgica del conjunto fue pensada por el propio director; sus seguidores lo asumen conscientes del valor de la tradición y la habilidad para recomponer otra síntesis musical. Valdés nunca se detiene ni queda a la zaga, lo demuestra en cada nuevo proyecto que revoluciona al anterior, con un estilo particular en el piano, en la composición.

Dicha atmósfera lidera en el leitmotiv de la fotografía de Alejandro Pérez, quien comparte con Pedro Vázquez el arte y el diseño de cubierta del fonograma. La impronta de Chucho Valdés, personalidad distinguida en el mundo, se expresa en la apertura de senderos, al transitarlos es él mismo y diferente, favorecedor de la música cubana y lo auténtico asimilado en otros lares durante su andar.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares