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Publicado el 14 Septiembre, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Grabados de la ciudad y su artista

Exposición sin precedentes en Cuba
Exposición en La Habana.

La exposición propició el acercamiento de públicos cubanos a un capítulo relevante de la historia del arte occidental. (Foto: RAÚL MEDINA).

Por RAÚL MEDINA

Fotos: Cortesía del MNBA

Amberes, tendida en la ribera del río Escalda, entonces era un hervidero de barcos donde viajaban mercaderías de casi todo el mundo. A mediados del siglo XVI –leemos en las enciclopedias– los impuestos recaudados por la corona española en su puerto igualaban los obtenidos en las minas de plata de Potosí, en América del Sur. Cervantes acuñó en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha la frase “vale un Potosí”, para denotar una fortuna enorme. Imaginen cuán abultados andaban los bolsillos de los comerciantes y funcionarios de la ciudad europea.

La riqueza de la urbe –perteneciente a los Países Bajos Españoles hasta la segunda década el siglo XVIII– favoreció el auge de la cultura y de la tecnología para difundir conocimientos, tanto que los historiadores hoy se refieren a ella como “el Manhattan del siglo XVI”, y a la imprenta del editor y librero Cristóbal Plantino (1520-1589) la califican como “el Facebook del mundo entonces

Rubens, autorretrato reproducido en grabado por Paulus Pontius.

Rubens, según el grabado de Paulus Pontius que reproduce un autorretrato del maestro del barroco.

conocido”. Allí se instaló y vivió durante casi tres décadas Peter Paul Rubens (1577-1640), pintor del barroco influenciado por la contrarreforma católica, la respuesta de la institución religiosa al movimiento protestante de Martín Lutero.

Pareciera que el artista y la ciudad de la región de Flandes –hoy perteneciente a Bélgica– pactaron un acuerdo de ayuda mutua. Rubens encontró allí protección, fortuna y reconocimiento. Cuatro siglos después es símbolo de la localidad, en las calles y plazas hay estatuas y referencias a él. La catedral atesora tres de sus obras y otras se pueden encontrar en la casa donde habitó, convertida en museo, entre muchas instituciones.

Desde Flandes y en La Habana

La muestra Rubens y Amberes en blanco y negro, abierta en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) hasta septiembre, exhibe 13 grabados originales del siglo XVII, de los cuales 10 reproducen obras relevantes del maestro flamenco. La exposición ha sido un gran acontecimiento, sin precedentes, en opinión del director del MNBA, Jorge Fernández, y el subdirector, Oscar J. Antuña.

Para elaborar un grabado se dibuja la imagen sobre una superficie rígida –la matriz– con instrumentos punzantes, cortantes, o mediante procesos químicos, dejando una huella que después alojará tinta y será transferida por presión al papel o la tela. Esto permite obtener varias reproducciones de la estampa, y en un mundo todavía sin fotografía era el principal medio de publicidad. Con técnicas como el buril, el aguafuerte o la xilografía, los artífices copiaban piezas de los autores flamencos y holandeses, que luego servían de inspiración a creadores de lugares tan lejanos como los virreinatos americanos.

Judith decapitando a Holofernes.

El grabador logró atrapar los fuertes contrastes y dramatismo de Judith decapitando a Holofernes.

En 1619 la obra de Rubens –quien estableció uno de los estudios más productivos e influyentes de su tiempo– se consumía como pan recién horneado. El desarrollo de la imprenta facilitó su distribución, pero con resultados en ocasiones lamentables, por ello el pintor obtuvo un permiso legal para proteger sus derechos como autor de las imágenes. Bajo su mirada celosa y ceñuda expertos grabadores copiaron las composiciones sobre papel y madera. Así evitó que en su nombre pasaran de contrabando otras ideas o estilos.

Algunos de esos retratos, escenas religiosas, paisajes y estampas de costumbres han podido ser apreciados por los públicos en la reciente muestra, curada por el belga Carl Depauw con piezas pertenecientes a la Casa de Rubens y el Museo Plantin-Moretus. Cientos de años han pasado y ellas no dejan de imantar al aficionado al arte, al entusiasta que olvida el tiempo mientras descubre los detalles esculpidos en el metal para remedar la tela, la floresta, la sangre y el aliento de los personajes representados.

Difícil es escoger entre los grabados –reproducciones de obras creadas por Rubens– Portada para la ‘Opera Omnia’ de Justus Lipsius (Cornelis Galle), La Asunción de la Virgen (Paulus Pontius), La caza del hipopótamo y el cocodrilo (Pieter Claesz Soutman), Paisaje con ruinas del Palatino (Schelte Adamsz à Bolswert), El descendimiento de la cruz (Lucas Vorsterman), El jardín del amor (Christoffel Jegher), Sansón y Dalila (Jacob Matham), Susana y los viejos (Christoffel Jegher), Judith decapitando a Holofernes (Cornelis Galle); y uno de Paulus Pontius que reproduce un autorretrato del maestro del barroco.

La caza del hipopótamo y el cocodrilo.

La caza del hipopótamo y el cocodrilo.

Sin relación directa con sus pinturas se presentaron el Doble retrato de Peter Paul Rubens y Anthony van Dyck (Paulus Pontius), el Mapa de la Marca de Amberes, Marquesado del Sacro Imperio Romano (editado por Nicolaes Visscher el viejo), el Retrato de Carlos de Longueval, conde de Bucquoy (Lucas Vorsterman) y la Escena invernal con patinadores frente a la puerta de San Jorge, Amberes (1558), de Frans Huys a partir de una composición de Pieter Brueghel el viejo.

Los grabados muestran los detalles minuciosos y precisos de las estampas flamencas del siglo XVII, sus atmósferas. Algunos lograron trasladar al cobre el vehemente movimiento de las obras de Rubens, y su variedad cromática a una historia contada en blanco y negro.


Detalles

La muestra formó parte de un conjunto de acciones emprendidas por el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y autoridades de la ciudad de Amberes, entre ellas la firma de un acuerdo de colaboración para incentivar proyectos de intercambio cultural.

El documento, rubricado por el director de la institución cubana y el concejal cultural de la ciudad belga, Philip Heylen, promueve la realización de exhibiciones y establece la posibilidad de intercambio de expertos para investigar colecciones en ambos países.

También se presentó el primer catálogo de la colección de arte belga y flamenco propiedad del MNBA, con casi un centenar de obras. Logrado gracias al financiamiento de la Alcaldía de Amberes, el volumen recoge una caracterización temática de la valiosa colección, constituida por 98 piezas de los siglos XVI al XIX.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama