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Publicado el 14 Septiembre, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Uneac, el pan y la rosa juntos

Dedicada a Fidel por sus 90 años, la gala del aniversario 55 de la organización también rindió homenaje a nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén
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Soprano Milagros de los Ángeles.

La soprano Milagros de los Ángeles acompañada por la pianista Vilma Garriga.

Por SAHILY TABARES  

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Fuerza motriz, energía actuante, la cultura es una necesidad para el alma y la razón, memoria de nuestro ser y hacer. Su riqueza nos da carácter y espíritu propios. Según comentó BOHEMIA en la edición anterior, a la emotiva celebración en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, el pasado 22 de agosto, asistieron José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del Partido; Abel Prieto, ministro de Cultura, y otras personalidades.

En las palabras inaugurales, el poeta y etnólogo Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, evocó la dialéctica entre tradición y renovación como una de nuestras fortalezas. Así lo constató el crisol cubano erigido en el espectáculo como tributo a la organización de la vanguardia artística y literaria.

Compañía Ecos.

Raigambres hispánicas cultiva la Compañía Ecos.

El concepto de la gala remitió a fuentes del saber que robustecen el proyecto revolucionario de repercusión social propuesto por Fidel. Consagrados y jóvenes compartieron actos legítimos de jerarquización estética, los cuales abren cauces al crecimiento espiritual de todos en la nación.

En la apertura, un video mostró a Guillén en diferentes momentos de su vida, dedicada por él a captar vibraciones del pueblo; como pocos supo expresarlas en poéticas sugerentes. Confluyeron sensibilidades durante la puesta escénica que iluminó raigambres unidas al verso en el pulso de ritmos diversos. Danzas y músicas se complementaron; la seducción de lenguajes entronizó la égida de la artisticidad.

No podía ser de otra manera. Acucioso, el maestro Alberto Méndez (guion y dirección artística) mostró registros de posibilidades expresivas; gajes del oficio aprehendido de ningún modo por ósmosis, sino al profundizar en células matrices, metáforas, asociaciones, reencuentros.

Coro Nacional, dirigido por la Maestra Digna Guerra.

Talento y magisterio distinguen al Coro Nacional de Cuba dirigido por la maestra Digna Guerra.

Durante poco más de una hora, el valor sígnico de la danza creció en espiral ascendente. Disímiles temperamentos trazaron caminos al volver a clásicos reveladores de una rica axiología estética.

Indispensable presencia la del Coro Nacional de Cuba con dirección de la maestra Digna Guerra, al unir voluntades y estilos en el poema A veces, de Nicolás Guillén, con música de Electo Silva; y en Cántico de celebración, de otro indispensable: Leo Brouwer.

En ritmo armónico, el dinamismo ponderó esencias de la espiritualidad cultural cubana. Los ejecutantes son conscientes de que en el mundo ocurren constantes cambios tecnológicos; su preparación, indagaciones y estudios sistemáticos les permiten encontrar densidades simbólicas para expresarse sin perder nexos con savias ancestrales.

Así lo reveló el pianista Roberto Carlos Rodríguez, en la selección de piezas del compositor Ignacio Cervantes, entre ellas Invitación y Los tres golpes, demostrativas del buen gusto innato y la elegancia del estilo de un baluarte en el siglo XIX cubano.

Compañía Yoruba Andabo.

Rumba Libre entregó la compañía Yoruba Andabo.

Tengo, vamos a ver

El valor integrativo de los antecedentes y la actualidad concedió una perspectiva antropológica a la gala, concebida para mostrar valores identitarios de la nación. Desde particulares vivencias, maneras de hacer y decir, transmitieron su verdad artística, al recrear poemas de Guillén, los actores Verónica Lynn, Alden Knight, Susana Ruiz y Alberto González.

Sin establecer límites de épocas, contextos o tendencias, brillaron voces, gestualidades, géneros, estilos: Sevillanas y Fandango por la compañía Ecos; la inolvidable habanera , de Sánchez de Fuentes, en actuación de la soprano Milagros de los Ángeles; el Trío Lecuona recordó con La comparsa y Conga de medianoche a Ernesto Lecuona, quien desarrolló una sintaxis musical, la cual le sirvió de código a contenidos expresivos de sus obras.

Ballet Don Quijote.

Los bailarines Ginnet Moncho y Adrián Masvidal interpretaron el Pax de Deux del ballet Don Quijote.

Fábulas, relatos asentados en las danzas clásica y contemporánea presentó el Ballet Nacional de Cuba. Reafirmaron la perdurabilidad de sistemas plásticos-visuales, Muñecos, del maestro Alberto Méndez, que interpretaron los bailarines Chanel Cabrera y Francoise Llorente; y el Pax de Deux de Don Quijote, coreografía de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, ejecutado por Ginnet Moncho y Adrián Masvidal.

La actividad humana creadora de valores estéticos genera nuevas energías en el ámbito arte-sociedad. De ello dieron fe el Septeto Nacional de Cuba y la compañía Yoruba Andabo al recrear el son y la rumba, respectivamente, dos pilares históricos de nuestra música popular bailable.

En la esperada conmemoración, poéticas de vigorosa cubanidad volvieron desde la memoria para ser renovadas e incentivar, como pidió Guillén, “una cultura que nos libre y exalte; y distribuya el pan y la rosa juntos, sin vergüenza ni temor”.

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Sahily Tabares

 
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