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Publicado el 19 Octubre, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Artes visuales: Públicas intimidades

Exposición en La Acacia explora tensiones entre el individuo y la sociedad
Lo cotidiano e intrascendente es tema para la obra Tenemos sed, tenemos tiempo.

Lo cotidiano e intrascendente es tema para la obra Tenemos sed, tenemos tiempo.

Texto y fotos: RAÚL MEDINA ORAMA

Parecería una acción impúdica en medio de la crisis. La chef Liseth Rodríguez y sus colaboradores dispusieron vinos y manjares sin recato. Las personas disfrutaban de todo aquello y

poco atendían al resto de la muestra de artes visuales.

La “acción impúdica” era un elemento de A la cabeza de la mesa se sienta la gente, video-instalación del creador Inti Hernández (Santa Clara, 1976), y los públicos –al menos los comensales entusiastas– integraban la obra misma. En una proyección en la pared se observaba, como si se mirara desde el interior, la puerta de una casa. Más allá una calle por donde pasaban personas y vehículos y el tiempo, al margen de la bacanal que se desarrollaba dentro. Según la crítica y curadora Elvia Rosa Castro “apunta […] al mismísimo corazón del mundo del arte, trayendo a presencia el cinismo y el nivel de enajenación con que ofician las élites […]”.

Por estos días, Hernández exhibe en La Habana su exposición Cotidiana, abierta hasta el próximo 29 de octubre en la galería La Acacia, ubicada en la calle 18, entre 5ª y 7ª, en el municipio de Playa. Allí emplazó varias piezas, pertenecientes a las series Compartiendo la experiencia (2002-2012), Balance cubano (2015) y Necesidades humanas (2015-2016).

Si miran por la alcancía de Tras la pista del dinero descubrirán un video con secuencias de acciones comunes en los hogares cubanos.

Si miran por la alcancía de Tras la pista del dinero descubrirán un video con secuencias de acciones comunes en los hogares cubanos.

Cuba se transforma y en el momento actual lo individual se resignifica. Si antes lo masivo dominaba el relato social hasta llegar a minimizar a la persona, ahora comienzan a verse las cosas desde el hombre, sin que esto suponga abocarnos a un individualismo egoísta. ¿Cómo contribuir desde el espacio personal a la construcción colectiva? ¿Qué sobrevivirá en medio de la carrera por el dinero que parece desatarse en algunos espacios? Estas pueden ser preguntas sugeridas por la exhibición.

En Balance cubano, el creador utiliza conjuntos de dos, tres y cinco sillones unidos entre ellos. Dichos muebles, símbolos de lo hogareño y familiar, se presentan muertos por ese acoplamiento que niega el movimiento que le es natural. Con las obras del 2016 Tenemos sed, tenemos tiempo; Tenemos calor, tenemos tiempo; Está sucio y contamos con todo el tiempo, Inti Hernández retoma la talla de la madera y entrega piezas –“objetos inútiles” les llama- en una reflexión sobre el consumo: remeda con gran habilidad objetos electrodomésticos y alimentos para hablarnos sobre el esfuerzo y el tiempo que empleamos en acumular artefactos. También expone las instalaciones Propia iniciativa (variante para salón), y Tras la pista del dinero.

Visitar esta casa que Inti Hernández ha revelado en la muestra Cotidiana, es como entrar a la nuestra. Allí están, representados en sus obras, muchas de las cuestiones que en privado nos asaltan, pero que se originan e inciden en el espacio público. Solo que del happening suculento mencionado al principio de esta nota, solo encontrará las sobras.

Piezas de Balance cubano que también estuvieron expuestas en Detrás del muro, proyecto colectivo de la 12ª Bienal de La Habana.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama