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Publicado el 24 Noviembre, 2016 por Tania Chappi en Cultura
 
 

CENTRO PABLO: ¿Una especie en extinción?

Dos décadas cumple un puntal de la cultura cubana, y su fundador y director reflexiona no solo acerca de lo alcanzado, sino de su posible futuro en el actual contexto del país
Espacio A guitarra limpia.

El espacio A guitarra limpia, de este centro cultural, reconoce y promueve a “todas las generaciones y tendencias de la nueva trova cubana, con énfasis en sus exponentes más jóvenes”.

Por TANIA CHAPPI

Fotos: Cortesía del entrevistado

Sin pensarlo dos veces, Víctor Casaus asegura que la línea principal o columna vertebral de la institución que dirige ha sido “rescatar la memoria pasada y crear la del futuro”. Todos sus programas y acciones, relacionados con la trova, las artes visuales, la literatura, persiguen tal propósito. Así fue desde el primer instante, cuando a finales de 1996 la recién nacida entidad –amparada por una resolución de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba– se proponía, de inicio, conservar y promover los archivos vinculados con el revolucionario, periodista y narrador Pablo de la Torriente Brau.

Como carecía de sede, no hubo discursos de inauguración ni corte de cinta; sus primeros pasos fueron nómadas. Meses después, llegó “un momento que desde el punto de vista espiritual, afectivo, aprecio particularmente”; se refiere al día de 1997 en que Eusebio Leal, director de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, les ofreció compartir con la Casa de la Poesía un hermoso inmueble de la calle Muralla. “Me mostró este patio de maravilla y empezamos a soñar con actividades, conciertos”, rememora Casaus.

Víctor Casaus, fundador y director del Centro Pablo.

Víctor Casaus asevera que piensan en renovarse, pero sin omitir algo fundamental: la identidad. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Otro sostén de este organismo cultural independiente sin fines de lucro ha sido el Ministerio de Cultura, pues mediante el Fondo para el Desarrollo de la Cultura y la Educación ha financiado la mayor parte de los libros publicados bajo el sello Ediciones La Memoria. Colaboración ha recibido igualmente de los Estudios Ojalá, del trovador Silvio Rodríguez; de organizaciones puertorriqueñas, con las cuales sostiene lazos fraternales desde los años 90, y de Suiza, Holanda y gente amiga en Estados Unidos. Con Radio Francia Internacional acaba de culminar un proyecto de tres años centrado en el intercambio de artistas jóvenes y complementado con la entrega de equipos de sonido.

-Imagino que el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau no puede obviar las transformaciones de la Isla. ¿Cómo se adapta a ellas; es decir, a tener en cuenta el mercado, a la existencia de intereses más diversos en los públicos; a la competencia de Internet, el Paquete, los libros digitales?

-Estamos, como todos, en un momento particularmente álgido de ese análisis. Necesitamos establecer mecanismos de recuperación de fondos, de dinero, los cuales nos permitan continuar trabajando. Sin embargo, no quisiéramos, en aras de la sustentabilidad económica, cambiar tanto que nos convirtamos en otra cosa. Al Centro Pablo a veces lo ven, y nos lo dicen, como una especie en extinción, en el sentido de que no estamos concebidos como un aparato comercial; por ejemplo, seguimos haciendo los conciertos A guitarra limpia como hace 18 años: el trovador no cobra por cantar y no le cobramos nada a la gente por oírlo. Debemos incorporar ciertos cambios a la razón de ser –como diría Carpentier– de la institución, pero sin perder la identidad.

“Preparamos hace cuatro o cinco años un libro digital, para que lo distribuyera Ruth Editorial. Se llama Que levante la mano la guitarra, de Silvio Rodríguez. Desde el punto de vista financiero no ha reportado beneficios. Tampoco hemos continuado con otros títulos porque hacerlo sistemáticamente precisa una inversión. Además, en este momento no podemos comercializarlos nosotros a través de Internet, pues aunque la usamos, no es suficiente el ancho de banda. Pero creo que –si bien siempre se seguirá leyendo el libro de papel– debemos introducir también la digitalización. En definitiva, en el Centro ya hemos utilizado las nuevas tecnologías: en el arte digital y el diseño gráfico”.

Salón de Arte Digital.

Los salones y coloquios de arte digital, celebrados desde 1999, pretenden “incentivar el interés de creadores y críticos por el estudio, la investigación y la experimentación”.

-Uno de los objetivos de su Salón de Arte Digital es “favorecer la creación de una cultura del debate”. ¿Por qué lo considera importante?

-El primer Salón nació en 1999. Tres artistas puertorriqueños mostraron en su país, el año anterior, la exposición titulada Un lienzo para Pablo; hasta entonces no teníamos una idea clara sobre el arte digital. Los invitamos a traer esa muestra a Cuba y hacer aquí un taller con jóvenes diseñadores y artistas de la plástica. A partir de ese momento cada exposición –hasta ahora han sido 12, con el lema Una apuesta a favor de la imaginación y la belleza– estuvo acompañada por un coloquio donde seguimos la idea de que el debate es necesario. Y la tenemos bien presente no solo en dichos encuentros, sino como política poética general del Centro. Pensamos que debatir lleva a la búsqueda de la verdad. Y lo hemos puesto en práctica en la editorial, al escoger los textos que publicamos; o con los músicos, haciendo coloquios sobre la Nueva Trova”.

-Hablemos de los públicos. ¿Qué peso ustedes otorgan a la relación con ellos?

-Nos hemos propuesto que nuestras actividades se difundan más allá de la capital. A un concierto en este patio, por su capacidad, asisten unas 300 personas en el mejor de los casos; y queremos que llegue a otros lugares y públicos. Por eso todas las sesiones de A guitarra limpia se han grabado y filmado, y además de conservarlas, las llevamos a la radio y a la televisión. Un canal estable ha sido el programa que tenemos en Habana Radio desde hace 15 años, llamado En el Centro; en la actualidad sale los viernes a las 11 de la noche.

Publicaciones del Centro Pablo

La colección Palabra Viva, conjunto de entrevistas a personalidades, realizadas por Orlando Castellanos; decenas de libros editados y publicaciones impresas y digitales contribuyen a preservar la memoria.

-El género testimonio representa otro pilar de su labor. Sin embargo, no conozco muchas instituciones cubanas interesadas, de modo sistemático, en mantenerlo vivo.

-El tema posee varias aristas. Ese género está muy vinculado al nivel de la lucha por la transformación social. Durante los años 60 y 70, cuando el testimonio fue muy fuerte en América Latina, había en ella grandes confrontaciones. Ahí vemos la literatura de Rodolfo Walsh, su Operación masacre, el pionero del género en Argentina y todo el continente. En Cuba, surgen libros que rescatan la historia cultural, como Cimarrón, de Miguel Barnet; o textos vinculados con procesos cercanos en el tiempo, entre estos Girón en la memoria, de mi autoría. Condiciones históricas diferentes han determinado la menor presencia de esa clase de textos. No quiere decir que haya desaparecido ni vaya a desaparecer. Uno de los aspectos interesantes del testimonio es que cuenta las cosas y, a la par, intenta ser un elemento activo del cambio.

“Para descalificarlo, quienes no lo valoran han simplificado su concepción a sentarse delante de alguien para que cuente su vida y luego transcribirlo. Naturalmente, no es así; el testimonio como género precisa de una elaboración literaria, artística, del lenguaje. Y exhibe virtudes y características propias; una de ellas –por lo general ajena a la novela– es la inmediatez.

“El Centro convoca al Premio Memoria, de investigación testimonial y basado en fuentes orales. Consiste en una beca y a este no se presentan volúmenes terminados, sino proyectos. Al terminar la pesquisa, el autor debe entregarnos las grabaciones y su transcripción, ambos se archivan; y si de ellos ha surgido un libro, analizamos su publicación. De esa manera, junto con textos de otra procedencia, ha crecido la colección Coloquios y Testimonios, de Ediciones La Memoria.

Concurso de carteles del Centro Pablo.

Entre las temáticas abordadas en los concursos de carteles, hallamos: Pablo y la guerra civil española, Miguel Hernández, el Che, los derechos de la infancia y la no violencia contra la mujer.

-Sobre el concurso de carteles que organizan, ¿además de exhibirlos en su Sala Majadahonda, el Centro da otro destino a las obras galardonadas?

-Las mostramos en diversos locales, sobre todo habaneros. Con tales exposiciones hemos hecho videoclips, empleando banda sonora de la Nueva Trova (la mayoría de Silvio), y los hemos llevado a Argentina, Suiza, Francia. Es una manera de extender su mensaje. El año pasado, en un centro multicultural relevante de Buenos Aires, la Casa del Bicentenario, reunimos las ocho exhibiciones ofrecidas en Cuba de 2006 a 2014, las cuales estaban dedicadas a la no violencia contra la mujer, a la defensa de los derechos del niño, a conmemorar figuras y hechos históricos, como la de Pablo y la guerra civil española, o la de Miguel Hernández; y a cuestiones culturales.

“Aquí guardamos los carteles, en formato digital y a disposición del uso público, como parte de un conjunto integrado por los mencionados videoclips, otras exposiciones, los 10 documentales que hemos hecho; o sea, un paquete con la totalidad de nuestros programas. Es lo que llevamos a las presentaciones en otros países y luego donamos a instituciones culturales y universidades.

Centro Pablo, en La Habana Vieja.

A la habanera calle Muralla, número 63, acuden investigadores, narradores, creadores y públicos interesados en el buen arte.

-¿Cómo avizora el futuro del Centro y en especial la divulgación en torno a la obra de Pablo de la Torriente Brau?

-Tenemos algunos volúmenes por incluir en Palabras de Pablo, la primera de las colecciones que conforman nuestra editorial. En ella ya hemos publicado más de una decena de títulos. Y quedan contenidos inéditos. Este año trabajamos en un libro muy importante: Pablo en Ahora; es la recopilación de cuanto publicó en ese diario, durante los años 30. Allí él volcó una parte sustancial de su obra periodística: Realengo 18 y los textos sobre Carlos Aponte, entre otros. El Centro había editado algunos de esos trabajos, pero nunca se habían reunido todos en un solo compendio. Debido a la magnitud de los materiales, serán dos tomos con más de 400 páginas cada uno.

“El fondo documental de Pablo, cuyo contenido fue donado por sus hermanas y por Raúl Roa, deberá ser digitalizado completamente en los próximos años y el resultado se convertirá en un archivo manejable por los estudiosos. Incluye los cuadernos de la guerra, cuatro libretas que recogen los meses de su permanencia en España. Los he ido transcribiendo, porque Pablo los escribió a mano, a veces en taquigrafía. En ellos se basó para redactar sus trabajos periodísticos; y poseen un valor emotivo muy grande, ahí aparece, por ejemplo, la anécdota que dio pie a la crónica En el parapeto, su famosa polémica sostenida con el enemigo, en las trincheras, de noche, en Buitrago.

“Según el acceso a la tecnología lo permita, difundiríamos tales materiales a través de Internet. Por ahora sí tenemos un sitio web (www.centropablo.cult.cu), que contiene en PDF casi todos los libros que hemos publicado, los cuales se pueden tomar gratuitamente; asimismo, el sitio de A guitarra limpia brinda dos canciones de cada concierto y fragmentos de videos. En fin, ya sea por esta vía o por la editorial, todavía se nos abren caminos de trabajo muy atractivos”.


Tania Chappi

 
Tania Chappi