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Publicado el 21 Noviembre, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Como galería de papel

Primer catálogo publicado de una colección del Museo Nacional de Bellas Artes
Portada del Catálogo.

Portada del Catálogo.

Por RAÚL MEDINA ORAMA

¿Cómo terminan en una ínsula tropical casi cien obras de arte realizadas en la antigua región europea de Flandes? Para divulgar la historia y los componentes de una de las fascinantes colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Cuba, recién se ha publicado un hermoso texto ilustrado.

La pintura flamenca y belga en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba (editado por Stockmans, en 2015), es el primer catálogo dedicado exclusivamente a una de las compilaciones temáticas de la institución habanera, exhibida permanentemente en las salas del edificio de Arte Universal. El grupo de obras es señalado por los especialistas como notable, y lo integran 98 piezas realizadas en un período que abarca desde el siglo XVI hasta el XIX.

Este catálogo es la evidencia más perdurable de la colaboración entre el MNBA y autoridades de la ciudad de Amberes, en el contexto de un intercambio cultural que ya ha deparado algunas relevantes exposiciones de artistas clásicos y contemporáneos. Logrado gracias al financiamiento de la alcaldía de la ciudad europea, recoge una caracterización temática de la valiosa colección.

Como “escuela flamenca de pintura” se conoce al conjunto de maestros y aprendices agrupados –durante los siglos XV, XVI y XVII– en talleres de las ciudades de Flandes, añeja región ubicada en territorios hoy pertenecientes a Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos. Aquellos creadores –inscritos en estilos tales como el gótico tardío, el renacimiento, el manierismo y el barroco– ejercieron enorme influencia en Europa, y convirtieron a la ciudad de Amberes en una meca de las artes y su comercio. Desde la urbe a orillas del Escalda se exportaban pintores hacia las cortes europeas. Luego, a los artistas que produjeron en los siglos XVIII y XIX, la historiografía los catalogó como belgas, y no flamencos.

Durante varios meses los especialistas Jonas Slegers (Bélgica) y Oscar J. Antuña Benítez (Cuba) se dedicaron a rastrear en ambos países las evidencias que permitirían iluminar zonas oscuras de la muestra, rectificando atribuciones de autoría, fechas de realización y las bitácoras de viaje por varias colecciones precedentes. A Oscar J. Antuña se debe un artículo esclarecedor sobre la formación de la muestra, proceso dividido en la escuálida etapa de 1913-1958 (11 piezas, solo tres propiedad del MNBA) y la de 1959-1969, caracterizada por el apoyo del nuevo estado revolucionario a la socialización de la cultura mediante el traspaso de la propiedad de muchas obras que habían integrado colecciones privadas, entre ellas un lote de 20, pertenecientes a la colección de Julio Lobo Olavarría, acaudalado terrateniente dueño de centrales azucareros que abandonó el país tras el triunfo revolucionario.

Aunque bastaría constatar la copiosa información reunida en el catálogo para saludar su edición, hay que decir del libro mismo que es un objeto hermoso –y raro– entre las publicaciones sobre arte disponibles en el país. Sus páginas cromadas reproducen con altísima fidelidad la mayoría de los óleos expuestos en La Habana, con comentarios adjuntos –en holandés, español e inglés– sobre el tema representado y el autor.

Como imagen de la cubierta se escogió un fragmento de la pintura flamenca más valiosa en los fondos del museo. Se trata de La presentación de los caballos, alusiva a la mitología y realizada con la técnica del óleo sobre tela por Jacques Jordaens (1593-1678), maestro de Amberes del período barroco, considerado uno de “los tres grandes” del siglo XVII junto a Pedro Pablo Rubens y Anton van Dyck.

Asomarse a La pintura flamenca y belga en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, lujo que nos permite esa institución, es disfrutar conociendo la simbología y los contextos históricos y artísticos en los que fueron creados esos retratos, escenas religiosas, paisajes y estampas de costumbres característicos de los estilos que un día florecieron a la orilla del río Escalda.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama