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Publicado el 24 Noviembre, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

DISCOS: No queremos la suerte

Aproximación a nueva producción discográfica de trova
Leonardo García, trovador.

Como compositor mereció varias nominaciones y premios en el Concurso Adolfo Guzmán, entre ellos el primer lugar de 2007 por su canción Detrás del tilo. (Foto: YANDER ZAMORA).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Escuchar el fonograma Cara o cruz (2016) es una suerte para quien ha visto a Leonardo Leo García (Cruces, 1975) llegar humilde y como pidiendo permiso al escenario de los jueves en la noche –en el centro cultural El Mejunje, de Santa Clara– y luego alelar con sus canciones a las personas esparcidas entre los bancos, el piso, las paredes. No se necesita un disco compacto (CD) para constatar la excelencia de este trovador, pero sí para difundirlo entre los públicos de otros lugares y atesorar una de esas expresiones entrañables de la cultura nacional.

Leo García es uno de los lores que regentan, desde Villa Clara, el territorio de la trova reciente. Allí integra un grupo de cantautores y cantautoras (La Trovuntivitis) en su mayoría “obstinadamente periféricos” respecto a los centros de producción y difusión musical, quienes –con algunas bajas notables– desde hace una veintena de años defienden a la capital de la provincia como plaza segura para esa manera de acariciar la canción e interpretar al país.

Él es cantante e instrumentista notable con estudios de guitarra clásica, e inspirado compositor. Como trovador, todas esas dimensiones se imbrican en el acto creativo para construir piezas de imaginativas líneas melódicas y estimulantes letras, defendidas por su autor en el escenario, con ejemplar dedicación.

Si indagamos sobre su discografía descubrimos referencias a Acabo de soñar (en el cual varios cantautores musicalizaron textos de José Martí); De paso por el sol, registro de un concierto suyo en el Centro Pablo de la Torriente, ganador del Premio Cubadisco 2008; Detrás del tilo, grabado ese mismo año y nominado en 2015 al galardón más importante de la industria musical cubana. También encontramos un sinfín de carpetas digitales que sus seguidores y el mismo Leo –más interesado en multiplicar su canto que su capital– pasan en memorias flash y CD.

Portada del CD.

El diseño y la fotografía estuvieron a cargo de Raúl Muñoz y Gabriel Dávalos, respectivamente. (Fotocopia: RAÚL MEDINA).

Realizó Cara o cruz de manera independiente con la colaboración de Israel Rojas, compositor e intérprete del grupo Buena Fe. El disco fue cedido en licencia exclusiva para su distribución a la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem) y ya está a la venta.

La producción es modesta en cuanto a instrumentos –guitarras acústicas con cuerdas de nylon y acero, bajo eléctrico, y el coro del autor e Inti Santana, uno de los bardos más notables de los años recientes–, pero no hace falta más porque este es un disco de espacios íntimos, para escuchar a solas o con el par de amigos que siempre quisieras tener cerca. Además, las cualidades vocales del cantautor –es capaz de utilizar el falsete– y su ingenio en la composición posibilitan un maridaje entre la voz y la guitarra de ilimitados matices.

A Leonardo García corresponde la autoría exclusiva de los 13 temas del fonograma, excepto de Témpano azul (apropiación de un poema de Edelmis Anoceto) y Rock and rap de la esperanza, firmado junto a Erenio Tito Corona. Con el volumen que comentamos, el artista es y no es el mismo: si bien no abandona la metáfora limpia y el símbolo, ahora sale a la calle, de donde regresa para decirnos con más claridad que en otros trabajos suyos lo que le estremece. Por sus letras se nota que le preocupa el destino de Cuba –“si no pienso el país, siento frío”–, y reflexiona sobre la sociedad mutante a su alrededor.

La canción con reminiscencias del feeling, el rock, el rap, sonoridades del complejo de la rumba… varios estilos y ritmos sirven a este juglar para comunicar sus puntos de vistas, siempre profundos y evocadores. Completan el álbum A la rueda, Final de día, Cambio de tono, Lindas palabras, Cara o cruz, Para Diago, Mar de sábado y Llegas, así como la irónica y sabrosa Abajo la xenofobia –“cómo va la gente, lo efervescente será cultura”– y la nostálgica Recreación sana.

Quienes por buenaventura geográfica crecieron escuchando la obra de Leonardo García, agradecen su más reciente CD. Pero la promoción de artistas tan singulares no debiera levantarse exclusivamente sobre el esfuerzo de los autores, o sobre azares donde concurren los recursos económicos y los buenos deseos de algún funcionario lúcido. La trova, expresión genuina de la cultura cubana, merece aires más propicios en la televisión y nuestras casas de producción discográfica.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama