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Publicado el 30 Noviembre, 2016 por Marieta Cabrera en Cultura
 
 

No tenemos derecho a cansarnos en la lucha por nuestros ideales

Esa es la primera lección que Carlos Alberto Cremata, director de La Colmenita, aprendió de Fidel
Carlos Alberto Cremata.

Carlos Alberto Cremata y parte de la gran familia de La Colmenita en su tributo póstumo al Comandante en Jefe.

Por MARIETA CABRERA

Fotos: ANARAY LORENZO

Callados y con lento andar, como no es usual entre ellos, niños y niñas de la Compañía Infantil de Teatro La Colmenita llegaron al Memorial José Martí para darle un último abrazo a su abuelo que se va hacia la leyenda. Carlos Alberto Cremata, director y alma de la compañía, caminaba con dos pequeños tomados de la mano. Les seguían otros niños acompañados también por adultos, integrantes todos de esa hermosa familia de laboriosas abejitas.

El día anterior, Cremata había asistido a ese recinto para participar, junto a otros artistas valiosos, en una guardia de honor al líder de la Revolución, como parte del homenaje póstumo tributado por el pueblo. Pero “tenía que venir con La Colmenita”, dijo a BOHEMIA. “Estos niños son mis hijos y nietos de Fidel”.

Relató el prestigioso director que Fidel conoció de esta compañía de teatro desde mediados de los años noventa. “Se acercó muy humilde, lindo como era, a preguntar qué era aquello, y empezó a asistir a algunos espectáculos nuestros. Tuvo una relación muy hermosa con nosotros, siempre nos dio consejos, y a veces se emocionaba de manera muy especial.

“A lo largo de la historia muchas personas lindas e inteligentes han dado elogios muy hermosos de La colmenita, pero ninguno como el que nos dio Fidel en el año 1995. En esa ocasión, los niños lo besaron, y como ellos se maquillaban mucho entonces, le llenaron de colores la cara, y él, muy emocionado, le dijo a todos los pequeños: ‘Gracias, porque ustedes me han regalado el sudor de su trabajo en colores y me lo llevo en mi cara para mi casa’. No puede haber un elogio mayor que ese para la obra nuestra”.

Una niña de la compañía de teatro infantil con “su Fidel”.

Una niña de la compañía de teatro infantil con “su Fidel”.

Al rememorar algunos de los momentos especiales compartidos con el Comandante en Jefe, Carlos Alberto Cremata mencionó el día de 1996, cuando “tuvimos el privilegio de celebrarle el 70 cumpleaños. Él picó el cake, junto con nosotros, y lo convidamos a hacer juegos infantiles con su hermano Raúl. Jugaron a uno que se llama De La Habana vino un barco cargado de… y a continuación se dice una letra. Por ejemplo, R, y los competidores tienen que decir, muy rápido, palabras que empiecen con esa letra. En ese caso, Fidel decía: Revolución, y Raúl apuntaba: Ratones: Fidel continuaba: Rebeldes, y Raúl: Ranas. Y el más pequeño de los hermanos se reía… Volvieron a ser chiquiticos, con todo el tiempo para bromear y hacer travesuras”.

Entre las tantas lecciones aprendidas de Fidel, el director de La Colmenita afirma que “la primera es que no tenemos derecho a cansarnos en perseguir nuestros ideales, luchar por ellos, en hacer el bien. Hacer el bien es lo más importante.

”La vida me arrebató a mi papá de forma absurda, irracional”, recordó Cremata, hijo de una de las víctimas del sabotaje al avión cubano en Barbados en 1976. “Fue el odio el que me lo arrebató y muchas veces me han preguntado si he tenido sentimientos de venganza. Yo he dicho siempre que he sentido mucho odio en mi corazón, pero por suerte ni mi papá, ni Fidel sobre todo, me enseñaron cómo se multiplica el odio. Lo único que me enseñaron fue a multiplicar el amor. Eso lo aprendí de mi papá, pero sobre todo de Fidel, porque este se lo enseñó a mi papá, como a todos los cubanos”.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera