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Publicado el 21 Noviembre, 2016 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Teatro: Pasión de “entender inglés en español”

Acreditada agrupación antillana revisita a un clásico de la literatura universal
Afinidad entre los actores.

Interesante afinidad a la hora de enfrentar el teatro de objetos evidencian los intérpretes, justo en la escena en que se recrea el ensayo de los actores, un instante en el que se explotan con tino diversos elementos simbólicos

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Fotos: ISMAEL ALMEIDA

No caben dudas que el genio isabelino William Shakespeare (1564-1616) sigue cautivando a las generaciones que le sucedieron y no precisamente desde el sosiego del blanco y negro de los textos. Muchas de sus tragedias en verso han rebasado el umbral del tiempo y todavía se llevan a escena o devienen fuente inspiradora para la experimentación teatral.

Tal es caso de la propuesta del colectivo Teatro D´Dos, dirigido por Julio César Ramírez, que una vez más emprendió una nueva puesta en escena basada en la literatura dramática del notable inglés, tras hace solo pocos meses adentrarse en El deseo Macbeth, la versión que hiciera de la obra homónima la dramaturga y narradora cubana Agnieska Hernández.

Mucha experimentación.

Experimentación y deseos de congeniar con la realidad presente es una de las mejores virtudes de esta invitación escénica.

Para no desasirse de grato halo de los clásicos, la agrupación regresó sobre los pasos del más prominente indagador de los entresijos de la condición humana y se sumergió en otra de sus piezas, a partir de la cual el joven dramaturgo antillano Yerandys Fleites concibió La pasión King Lear, una osada y a la vez, sagaz reescritura de El Rey Lear.

Estrenada en junio último en el Centro Cultural Raquel Revuelta, la obra volvió a las tablas por estos días en carácter de reposición y como en las jornadas inaugurales gozó de amplia aceptación de la crítica y el público, por la excepcional precisión para dialogar con el espectador contemporáneo.

De manera coherente su autor asimiló el sentido poético y el caudal expresivo del original y recontextualizó problemáticas de todas las épocas para traer a la cotidianidad asuntos tan apremiantes como la carencia de afectos filiales, la ingratitud, la ancianidad, la locura, la codicia, el poder, sobre la base de una armonía estética y conceptual que la tropa de Ramírez aprehendió con acierto y convirtió en suceso teatral.

Este King Lear de Fleites, sin intentar referencias al medioevo ni a la Bretaña shakesperiana, muestra la irreverencia de un ser escindido –y tal vez, aplastado por la adoración desigual a sus tres hijas, dos de ellas beneficiadas con una porción de su reino y luego, sus principales traidoras; mientras repudia y deshereda a aquella capaz de ofrecerle sincera ternura y compasión. Todo un pretexto para hablar de engaños, pugnas por el poder, retractaciones e ingratitudes que ni el tiempo ni el decurso de la vida podrán impedir.

Edgar Medina y Fabián Mora.

La nómina de Teatro D´Dos logró actuaciones de relieve que no se apartaron del sentido esencial de la obra. Edgar Medina (Izquierda) y Fabián Mora (derecha).

Aun siendo un montaje colosal –en comparación con sus predecesores– preserva ese aliento minimalista que singulariza a Teatro D´Dos. El juego al teatro dentro del teatro y esa preocupación por hallar respuestas al presente sobre el trasfondo provocador de los clásicos son algunas de las mejores virtudes de la obra que por demás, exhibe disímiles recursos simbólicos, generadores de tantas lecturas como públicos existen.

En La pasión… el auditorio se convierte en cómplice de un espectáculo que rompe con el canon, al alterar la tradicional ubicación espacial entre unos y otros. Ahora el público se sitúa en el escenario, en tanto los actores hacen de la platea el territorio vital para desarrollar la acción dramática.

Hasta qué punto asumir la vida sin medias tintas y optar por la franqueza y la lealtad puede conducir al ser humano hacia el abismo son varias de las claves que esta propuesta

Irina Davidenko.

Irina Davidenko, también sobresale por entrega.

autentica desde puntos de vista perceptibles como: cuando da un vuelco en la utilización del espacio físico; en el certero empleo de objetos a modo de iconos y que respaldan de manera sugerente las transiciones; en el manejo de la voz no solo para significar estados de ánimo, sensaciones, sino también en la caracterización de los distintos personajes que a los tres actores que componen la pieza toca defender.

Irina Davidenko, Fabián Mora y Edgar Medina, la nómina que Julio César Ramírez lidera en esta empresa, develan soluciones perspicaces a la hora de encarnar los roles que pasan por su piel. Y aunque toda obra humana puede ser perfectible cada vez, sin duda impresiona cómo los intérpretes transitan de un personaje a otro sin malograr la concepción íntegra del montaje y para regalo de los seguidores, dejan en la memoria ese insólito sabor de “entender inglés en español”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez