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Publicado el 5 diciembre, 2016 por Luis Toledo Sande en Cultura
 
 

LIBROS

El Martí de Jorge Mañach

Reimpresa una biografía que merece conocerse
Portada biografía de Martí por Jorge Manach: El apóstol

(Fotocopia: E.C.L.)

Por LUIS TOLEDO SANDE

 

Ya circula una nueva salida de Martí, el Apóstol a cargo de Ciencias Sociales, que en 1990 publicó la que, por tener lugar su impresión también en el país, cabe considerar la primera edición enteramente cubana de esa biografía. Escrita en La Habana por Jorge Mañach entre 1931 y 1932, y publicada al año siguiente, en Madrid, por Espasa-Calpe, desde entonces ha pasado por las prensas numerosas veces dentro y fuera de Cuba, donde se editó –impresa en Lima– para el Segundo Festival del Libro Cubano (1960).

Sus valores intrínsecos y la relevancia del tema le valieron atención de público y de crítica desde su edición príncipe, y ha contribuido al conocimiento de la vida abordada en sus páginas, así como a cultivar la veneración que el protagonista suscita y seguirá mereciendo. La importancia de esa vida, y la imposibilidad de aprehenderla plenamente en un texto, motivaron asimismo que este empezara pronto a recibir reparos por parte de voces autorizadas. A menudo, máxime tratándose de Martí, las impugnaciones pudieran vincularse con los riesgos de una biografía calificable de novelada, y también, especialmente a partir de 1960, con el rumbo político del biógrafo, que en ese año abandonó el país.

En medio de la lucha ideológica, creció la tendencia a valorar no solo el libro, sino también –o fundamentalmente– al autor. Pero, si bien el saldo del texto es favorable, entre otras razones, por el ímpetu que le llegó del tema, ya se ha dicho que las reprobaciones no empezaron con la salida de Mañach de Cuba, aunque no quepa señalar en la biografía precisamente manipulaciones como las que, antes del triunfo de la Revolución Cubana, le recriminaron con razón diversos autores. Fallan quienes estiman que, de Mañach no haberse ido de Cuba como hizo, nada habría que objetarle.

Como estas líneas saludan una nueva aparición del libro, prologado –al igual en la de 1990, ya citada, y en la de 2001, también de Ciencias Sociales– por el mismo reseñador, puede él ahorrarse ahora datos y matices que no cabrían aquí pero están en el prólogo. La edición de 1990 fue acaso el primer acto consumado de “rescate” de Mañach para situarlo en el lugar que le corresponde en la cultura cubana. Luego vendrían, además de las ediciones de Martí, el Apóstol, otros libros suyos y sobre su obra, y la selección de textos del propio Mañach hecha por Salvador Arias y reseñada en BOHEMIA y en el Anuario del Centro de Estudios Martianos por el autor del presente artículo.

Por escollos materiales, y por el cronograma con que se vio comprometida, la edición cubana de 1990 reprodujo una versión anterior a la de 1963, impresa en México por Ediciones Mirador para Las Américas Publishing House, de Nueva York. Esta última, por la cual se hizo la edición cubana de 2001 –reproducida, con fecha de 2015, en la que ahora empieza a circular–, incluye modificaciones hechas por el autor, quien murió en el propio 1963 y había datado mayo de 1961 la “Nota” a la citada edición neoyorquina.

En la reimpresión de 2015, de la cual el prologuista supo cuando ya el libro se había presentado en público, el texto de contracubierta mantiene lo siguiente: “la versión de esta excelente y conocida biografía […] que ponemos ahora en manos de nuestros lectores, se publica por primera vez en Cuba. Se trata de la última edición preparada por el autor, con no pocas correcciones y adiciones”. Eso era correcto afirmarlo en la edición de 2001, no en la reimpresión de 2015.

Más allá de tales precisiones, el “rescate” de Mañach es ya un logro añoso, y merece encomio, aunque, como en otros casos, la interdicción que el autor y el conjunto de su obra padecieron serviría también para estimular la curiosidad en torno a ellos. En cambio, va pareciendo necesario –¿no lo es?– recordar a autores también valiosos y que, vinculados a posiciones revolucionarias, o a la vanguardia de ellas, se diría que corren el peligro de ser olvidados.

Contribuir a frenar tal olvido fue uno de los propósitos de este reseñador –prologuista de Mañach, y que en la misma revista ha valorado también méritos de autores tan singulares como Julián del Casal y José Lezama Lima– cuando fue parte del colectivo de BOHEMIA, y lo mantendrá en ella y en otras páginas que apoyen ese afán.


Luis Toledo Sande

 
Luis Toledo Sande