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Publicado el 14 Diciembre, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

La poetisa y la primera dama

Dos actuaciones de primerísimo nivel para encarnar a dos relevantes mujeres de la historia estadounidense
Cinthia Nixon como Emily Dickinson en Historia de una pasión.

Magnífica interpretación de Cinthia Nixon como Emily Dickinson en Historia de una pasión.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: CORTESÍA DEL ICAIC

Emily nació en una familia puritana de la norteamericana Nueva Inglaterra, entre prohibiciones y represiones. Jacqueline pasó su adolescencia compartiendo el tiempo entre la casa de su padre en Nueva York y la de su madre, vuelta a casar, en Rhodes Island y Virginia.

Emily Dickinson es una de las voces poéticas más notables de la literatura norteamericana del siglo XIX, aunque en vida nunca gozó de la fama y el reconocimiento. Jacqueline Bouvier, luego Kennedy, luego Onassis, tanto cuando era la primera dama de su país como después, fue una mimada de los medios.

No es de extrañar que dos de los estrenos más aclamados de este año por la crítica aborden la vida de estas mujeres. Por esa magia que cada año ofrecen los festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, ambos filmes fueron incluidos en las muestras alternativas de este año y disfrutadas por los cinéfilos cubanos.

Historia de una pasión (Terence Davies, 2016) resulta algo más que una cinta biográfica, es un homenaje a la excelsa poetisa norteña. Los poemas de Emily (recitados en off como banda sonora por Cinthia Nixon, la protagonista,), marcan el paso del hilo narrativo y dictan su ritmo, nunca insoportable para los espectadores.

Más allá de la eficacia de la fotografía de Florian Hoffmeisterm y el vestuario de Catherine Marchand, o del excelente montaje de Pia Di Ciaula, es Cinthia Nixon el soporte fundamental del filme. Su interpretación es verdaderamente magistral y ya clasifica como una probable favorita para los venderos Oscar.

Párrafo aparte para las actuaciones secundarias, sobre todo Jennifer Ehle como Vinnie Dickinson, la hermana. Y como de sorpresas se trataba, muchos no reconocieron en el señor Dickinson a Keith Carradine, quien del joven galán de los años 80 se ha transformado en un añoso y encanecido papá puritano.

Jackie (Pablo Larraín, 2016) resulta otra agradable sorpresa para los cinéfilos cubanos, pues el muy conocido entre nosotros realizador (Tony Manero, No, El club), quien además compite por un coral en este festival con Neruda, se aleja de su medio natural, Chile, y navega por tierras hasta entonces inexploradas por él.

Nathalie Portman en el protagónico de Jackie.

No se queda atrás Nathalie Portman en el protagónico de Jackie.

De otro modo, no extrañó su meticulosidad historicista, ya exhibida en piezas anteriores como Post mortem, donde reflejó la situación en Chile en los días posteriores al golpe fascista de 1973, o en No, acerca de las jornadas del referéndum que puso fin a la dictadura militar de Pinochet.

En el caso de Jackie, Larraín nos muestra un retrato conmovedor de una mujer que de las cumbres, casi tocando el cielo, primera dama del imperio más poderoso de la historia y con un esposo joven y apuesto, en la plenitud de su existencia, lo pierde a él y pierde todo en cuestión de segundos.

Si bien el realizador chileno cuenta con un excelente guion del experimentado Noah Oppenheim y la sugerente partitura de Mica Levy, casi un personaje más del reparto, es en los hombros protagónicos de Natalie Portman sobre el que hace recaer todo el peso del filme. Y ella lo sostiene.

Aquella muchachita de talento malgastado en Star wars o Thor se nos ha transformado, sobre todo después de su experiencia con Mike Nichols en Closer, en una buena actriz, como se vislumbraba ya en Las hermanas Bolena o en El cisne negro.

Ahora como Mrs. Kennedy (el filme no abarca el periodo Onassis) nos ofrece una conmovedora imagen de una mujer en total desaliento, a quien su mundo se le ha derrumbado y con él, ha perdido no solo su alegría sino también el sentido de vivir.

Conducida de la mano de Larraín, Portman va muy bien encaminada hacia posibles galardones y no nos extrañaría verla entre las nominadas a mejor actriz del Oscar. E incluso, de hacerse eso realidad, discutir probablemente con Cinthia Nixon y otras talentosas intérpretes el permio mayor. Y tal vez ganarlo.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García