0
Publicado el 22 Diciembre, 2016 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

HUELLA DE FIDEL EN EL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Profunda “lección de pensamiento”

Sin ser hombre de cine, Fidel impulsó el séptimo arte, hecho cultural inédito que inauguró una nueva era en Cuba y en la región
Fidel siempre en las inauguraciones y clausuras del Festival.

En los actos de inauguración o clausura de los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, siempre estuvo; cada vez más seguidor de la un poquito más filmografía de las naciones tercermundistas. (Foto: habanafilmfestival.com).

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Las profundas transformaciones ocurridas en la mayor de las Antillas tras la victoria de enero de 1959 representaron un acontecimiento mediático sin precedentes. Por el lente de las cámaras desfilaron sucesos imborrables de aquel proceso social que nacía, crecía desde las leyes y las medidas a favor del pueblo; desde la justicia y la firmeza en los tribunales contra sicarios de la tiranía recién extinguida –que aun con tanto crimen sobre los hombros– siempre se mantuvieron desasidos del halo febril de los ajustes de cuentas o la sed de venganza.

Así, con su ejemplo y guía, el líder de la Revolución Cubana –en medio de las vicisitudes, las tensiones, las nuevas reformas– instaba a cumplir lo que muchos años después, definiera en un concepto válido por excelencia para los revolucionarios, pero también para todas las personas honestas y sensibles del mundo: “igualdad y libertad plenas”, “ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.

A lo largo de su existencia, Fidel se distinguió por ser un ferviente apasionado de cuanta acción se propusiera. Estratega sensato, estadista sagaz, obstinado lector, deportista entusiasta, adepto y alentador de toda obra humana noble.

Algunas referencias históricas confirman que la relación del Comandante con una cámara de cine no comenzó con el triunfo del 59, en los años 1946 y 1947 se enroló como extra en dos películas rodadas por la empresa Metro Goldwyn Mayer.

Fidel en entrevista, durante 1958.

Fidel cautivó al mundo y a su pueblo desde las primeras exposiciones ante el lente de una cámara. Cuba, 1958. (Foto: ANDREW SAINT GEORGE).

Casi una década después, inmerso en los preparativos de la expedición que vendría en el yate Granma, la cámara tuvo otra vez un espacio en su equipaje, y aunque los jóvenes no llegaron a zarpar con ella, debió ser empeñada por la causa, hay testimonio gráfico de su existencia por una foto en que el expedicionario René Rodríguez Cruz, encargado de manejarla, la llevaba en sus manos.

Memorables son las imágenes que plasman la hazaña de la lucha armada en la Sierra Maestra, preservadas hasta a la actualidad porque allí, en el lomerío oriental, hubo una cámara y reporteros para captar la forma de vida de los rebeldes en condiciones de campaña. Algunas de esas fotos publicadas en las ediciones de BOHEMIA de la época.

Desde entonces, ya el líder revolucionario reconocía la validez de documentar los hechos, las acciones para luego difundirlas. La Caravana de la Libertad que vio el mundo entero con el aluvión de pueblo y júbilo en comunidades y calles habaneras hasta el 8 de enero de 1959, corroboró con creces ese propósito.

“Estoy seguro de que Fidel Castro se valdrá del cine, tan reprimido por Batista, como el medio más idóneo para conocer y hacer conocer los problemas de Cuba”, escribiría el valioso guionista italiano Cesare Zavattini en una carta a Alfredo Guevara, en fecha tan prístina como el 2 de enero de 1959. Al igual que la televisión, la radio y la prensa, el cine devendría vehículo genuino para contar, divulgar el sentido y el verdadero carácter de la Revolución.

Crear y creer en el cine sin ser cineasta

Pocos meses después del triunfo –incluso antes de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria–, el 24 de marzo, Fidel decretó la primera medida en beneficio de la cultura, casi al unísono con la fundación de la Imprenta Nacional ocurrida unos días después. El Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (Icaic) fue una realidad que refrendó postulados que hasta hoy subsisten:

“El cine debe conservar su condición de arte y liberado de ataduras mezquinas e inútiles servidumbres, contribuir naturalmente y con todos sus recursos técnicos y prácticos al desarrollo y enriquecimiento del nuevo humanismo que inspira nuestra Revolución”.

Sobre la base de esas premisas Alfredo Guevara, inspirador principal y presidente por muchos años de esa institución, signada a edificar la memoria audiovisual cubana, concibió estrategias para desarrollar el talento y formar públicos capaces de aprehender y entender los diversos modos, estéticas y estilos de comunicación.

Homenaje a Fidel en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Un homenaje se le tributó al líder de la Revolución Cubana en la reciente edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. (Foto: cubacine.cu).

Años más tarde, el intelectual revolucionario en carta a Fidel rememoraría: “el cine cubano, no olvidamos, surgió con tu ayuda, y junto a ti. Y sus dirigentes y primeros creadores te tuvimos entre nosotros casi diariamente. Esto dejó una profunda huella, y fue una lección de pensamiento, y por eso no solo informativa e inmediata sino formadora y a largo plazo. Esa cercanía está en todos nosotros y es parte sustantiva de la historia del cine cubano, y de su orientación”.

Con aquellas palabras Guevara hacía una declaración de principios que, evidenciaba la postura de la política cultural a seguir por la cinematografía antillana, fuertemente vinculada al proceso revolucionario; mientras imprimía un paso cualitativamente superior de comprometido alcance político y moral que abolió el “pasado de oprobio, la utilización de los recursos de un arte en la justificación del crimen y la promoción del embrutecimiento social, e individual”, como él mismo plasmara en su texto Cine cubano 1963.

Nunca antes un estadista de este sufrido continente dedicó tantos esfuerzos al progreso del séptimo arte y de sus hacedores como lo hizo Fidel, al estimular la creación del Icaic, la organización de los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, la Fundación del Nuevo Cine.

Otro de sus más nobles proyectos lo abrazó junto a su entrañable amigo Gabriel García Marqués, al estimular la idea de concebir la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, un “proyecto-sueño” al que se sumaron notables cineastas como el argentino Fernando Birri, los cubanos Julio García Espinosa, Santiago Álvarez, y otros destacados realizadores.

Justo en un pequeño país, de escasos recursos y bloqueado, se erigía un centro académico dedicado a difundir saberes para latinoamericanos, caribeños, y “para alumnos africanos, o de cualquier otro país del Tercer Mundo”, como expresara nuestro líder histórico en el discurso de clausura de la edición séptima del festival de la Habana, en diciembre de 1985.

Junto al colombiano Gabriel García Marqués y el argentino Fernando Birri, Fidel cumplió el “proyecto-sueño” de promover una escuela de cine en un país del Tercer Mundo como Cuba, una oportunidad hasta entonces, privilegio de naciones ricas. (Foto: ADALBERTO ROQUE)

Junto al colombiano Gabriel García Marqués y el argentino Fernando Birri, Fidel cumplió el “proyecto-sueño” de promover una escuela de cine en un país del Tercer Mundo como Cuba, una oportunidad hasta entonces, privilegio de naciones ricas. (Foto: ADALBERTO ROQUE)

En torno a los festivales de cine, la escuela de San Antonio, la Fundación del Nuevo Cine se generó un espacio cultural que ha reunido a los más sobresalientes intelectuales y artistas del orbe con un pensamiento progresista para construir –entre todos– cine nuevo y esencialmente, independentista.

Con el decurso de los años y el contacto con reconocidos cineastas de marcada proyección progresista y de izquierda, Fidel devendría espectador fiel y acucioso de la buena filmografía llegada a nuestro país.

“Estoy seguro de que cualquier político con un mínimo sentido de responsabilidad tiene que preocuparse de esa enajenación incesante, de esa incesante intoxicación y envenenamiento que están sufriendo las masas de sus países; tiene que comprender que es antieducativo, que es deformante, que es degenerante ese inmenso cúmulo de cultura enlatada que viene del imperio a través de las transnacionales […]. Esta guerra contra la mente es peor todavía que la que hicieran con virus y bacterias reales, es más humillante, es más degradante, es más insoportable, más difícil de erradicar. En ese sentido, el Nuevo Cine Latinoamericano ofrece materiales de otro tipo, de otra calidad a la comunidad internacional”.

Dijo en aquella alocución de finales de 1985, en el Teatro Karl Marx, y no pudo ser más elocuente. Como pocos, comprendió y alertó sobre el sentido deformador de las megaindustrias culturales e instó a trabajar y crear en aras de diseminar los preceptos que autentican al Nuevo Cine; ese mismo que por estos días, aquí en La Habana dio qué hablar y pensar.

Refrendó el significado de un séptimo arte nuevo que no acepta el coloniaje cultural.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez