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Publicado el 16 Diciembre, 2016 por Claudia Rodriguez en Cultura
 
 

PROYECTO SIN BARRERAS

Una familia sin límites

La Casa de Cultura de Bejucal, en Mayabeque, acoge a personas que hacen del amor, la perseverancia y el sacrificio su razón de vivir
Maestros y alumnos bailan y se divierten.

Maestros y alumnos, todos bailan y se divierten, mientras demuestran que no existen barreras insuperables.

Por CLAUDIA MARTÍNEZ CAMARERO

Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA

Casi por azar de la vida, como esas cosas que nadie sabe cómo sucedieron, pero que todos agradecen, surgió hace ya 12 años el proyecto Sin Barreras. La Casa de Cultura Félix Pita Rodríguez, del municipio de Bejucal, es la sede donde se reúne al menos dos veces por semana un grupo de personas con alguna discapacidad físico-motora o mental, para demostrar la relatividad de los límites y que no existen barreras insuperables, si median dosis adecuadas de amor, perseverancia y sacrificio.

“El grupo se creó en 2007, cuando Bejucal fue seleccionado sede de un festival de base de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (Aclifim) y no existía en el municipio ningún grupo que nos representara. Entonces nos dimos a la tarea de buscar a las personas que dentro de la asociación tuvieran aptitudes para las artes, y encontramos esta maravilla”, comentó Zoraida Alfonso Marrero, quien se desempeñaba entonces como directora de la Casa de Cultura del municipio.

La danza en silla de ruedas, los bailes típicos cubanos, el teatro, la declamación, las artes plásticas, la artesanía, el trabajo con títeres y la poesía, son algunas de las manifestaciones que destacan en el quehacer de este entusiasta colectivo artístico.

Jesús García Sánchez, coordinador, fundador y uno de los miembros más activos de Sin Barreras, ha obtenido reconocimientos en eventos locales, provinciales y nacionales, y ha participado además en algunos internacionales, todo lo cual demuestra su sensibilidad para la poesía y la calidad de su arte, natural y sincero.

Jesús, Luisito y Roberto despiertan el asombro con su danza en silla de ruedas.

Jesús, Luisito y Roberto despiertan el asombro con su danza en silla de ruedas.

Casa, familia

Los miembros de Sin Barreras han hallado en este proyecto un espacio de realización personal y reconocimiento, un medio para demostrar su talento y dejar a un lado las limitaciones. Para algunos es su casa… Ya no son solo un grupo, o lo que se llama un proyecto sociocultural. Son compañeros, amigos, una familia.

Luis Grau de Armas (Luisito) asegura encontrar en el grupo un sentido de vida. “Lo que más deseo es seguir trabajando y contando con el cariño de los profesores y de los compañeros”, refirió.

“Sin Barreras nos ayuda a sentirnos menos torpes, a conocer, a ser reconocidos”, opina Roberto Rodríguez González, quien además de ser un excelente declamador y de impresionar a todos con su voz, se desempeña en la danza sobre sillas de ruedas y ha incursionado en la literatura.

Otra, para quien sumarse a este colectivo ha cambiado su vida para bien, es Geidi Milagro Caro, joven de 25 años cuya destreza en el baile y los movimientos corporales asombran a más de un espectador.

Por supuesto que detrás de un grupo como Sin Barreras están las manos y los corazones de profesionales que han asumido el reto de llevar adelante el proyecto como un sueño posible y lo dan todo para hacerlo realidad.

“Para nosotros lo más importante es ver que se sienten útiles, realizados, que por momentos olvidan todos sus problemas y sonríen ante el aplauso del público”, expresó Zoraida Alfonso.

Catalina González Reyes, vicepresidenta de relaciones públicas y cultura en la Aclifim de Mayabeque, ha sido una de las más importantes promotoras y divulgadoras del trabajo de Sin Barreras. “El grupo es el proyecto insignia de la Aclifim de la provincia”, señala. “Como organización tratamos de darle divulgación al grupo y apoyarlo en todo lo que esté a nuestro alcance. Proyectos como este nos hacen sentirnos más humanos, menos limitados y por supuesto más útiles a la sociedad”.

Roberto Rodríguez tiene una voz y una sensibilidad especial en el arte de la declamación.

Roberto Rodríguez tiene una voz y una sensibilidad especial en el arte de la declamación.

Nueve años y adelante

Sin Barreras es en estos momentos uno de los pilares fundamentales del trabajo de la Casa de Cultura de Bejucal. Estas personas necesitan de espacios como estos. Mantenerlo durante nueve años nos ha aportado a todos. Claro que el logro mayor sería seguir sumando a otros con situaciones similares, nuestro reto hoy”, apuntó Aimé Acosta Piedra, metodóloga de Cultura Popular Tradicional en Bejucal.

Caridad Miyares Álvarez, profesora de artes plásticas en la Casa, asegura que estos muchachos son realmente increíbles, dan constantemente lecciones de vida. “Son sistemáticos, esforzados y a pesar de sus condiciones, ni se limitan ni se lamentan, se esfuerzan más. Yo creo que deberíamos aprender de ellos. Si todos los seres humanos nos esforzáramos así, los logros serían extraordinarios”.

Teresa Espinosa Espinosa, profesora de danza, argumentó que Sin Barreras aúna a personas soñadoras, pero sobre todo luchadoras, capaces de vencer cualquier obstáculo y con unas ganas inmensas de luchar por la vida. “Sus ganas de hacer lo hacen posible todo”, expresa.

Por su parte, Moisés Perdomo López, fundador del proyecto y actualmente profesor de teatro, asegura que trabajar con el grupo ha sido una escuela. “Para ellos no hay límites. Cuando a veces pensamos que no se puede hacer algo, ellos insisten en probar, y tanto se esfuerzan hasta que lo logran. Por eso creo que el nombre del proyecto resume muy bien lo que son, siempre sin barreras”.

Luisito, junto a su maestra Teresa Espinosa, bailando una típica canción cubana.

Luisito, junto a su maestra Teresa Espinosa, bailando una típica canción cubana.

Barrera material

Sin embargo, argumenta Moisés, y todos coinciden, que existen algunas limitantes externas que atentan contra un mejor desempeño y funcionamiento del grupo.

Jesús García, el coordinador, asegura que todo lo que se ha logrado ha sido con gran esfuerzo de los especialistas y de los integrantes, pues independientemente de que están autorizados y reconocidos, no cuentan con un apoyo económico que les permita tener un vestuario adecuado, o una reserva de combustible para ir a los eventos, por ejemplo.

“El vestuario se confecciona con retazos que sobran, la mayoría de las veces, de las charangas de Bejucal. Pasamos mucho trabajo con las sillas de ruedas, con el mantenimiento, muchas no funcionan correctamente y eso es un problema a la hora de bailar, por no hablar de la estética y, por supuesto, de la visualidad, tan importante en el arte hoy en día”, enfatizó.

Pese a las dificultades, el proyecto ha sabido hacer gala de su nombre e imponerse. Hoy cuentan con orgullo cuando participaron junto a la bailarina Viengsay Valdés en una gala de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, o cuando actuaron para una de las delegaciones estadounidenses que visitó a Cuba hace poco.

Han sido varios los reconocimientos y premios que en estos 12 años ha obtenido Sin Barreras. El premio mayor reside en lo que han hecho para mostrar su talento, el amor por la vida y las ganas de hacer, pruebas de que existen fuerzas capaces de hacer real lo que parecía imposible.


Claudia Rodriguez

 
Claudia Rodriguez