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Publicado el 25 Enero, 2017 por ACN en Cultura
 
 

¿Eres lo que ves?

¡Cuánto significa en nuestras vidas una simple memoria flash! Todos queremos tenerla porque nos permiten almacenar “desde lo humano hasta lo divino”, compartir, comentar y estar siempre activas, porque a través de ellas los contenidos –de todo tipo- se mueven, se multiplican, y si nos aportan al conocimiento, mejor
Auge en el uso de las memorias flash.

En ellas es posible cargar documentos, videos, fotos.., en fin, todo, según los gustos, Está claro que siempre habrá quienes prefieran aquellos contentivos de materiales provechosos que hagan crecer el pensamiento y no den paso a la banalidad. (Foto: ugc.kn3.net).

Por TANIA RENDÓN PORTELLES/ACN

En los últimos tiempos un fenómeno cobra auge en los hogares cubanos debido a la informatización de la sociedad, y se convierte en sustituto de las redes sociales o internet y también de la televisión, genera comentarios en centros de trabajo y en el barrio, mientras su contenido pasa de una mano a la otra a una velocidad “supersónica”, sin discriminar en géneros y calidad: las memorias flash (USB).

Es así que estos dispositivos electrónicos han ganado popularidad al ser capaces de almacenar cualquier producto audiovisual, los cuales se convierten en el pasatiempo de estudiantes, amas de casa y trabajadores en general, quienes en muchas ocasiones prefieren esos shows, novelas, películas y series foráneas a las ofertadas por la televisión nacional.

Por lo general casi siempre transmiten lo mismo por los canales de televisión cubanos y, cuando promocionan una película como estreno, ya hace rato la gente la vio por la calle, así dijo a la ACN una residente de la ciudad de Sancti Spíritus.

A pesar de los intentos del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) por adaptarse y complacer a los diferentes públicos, para muchos deja que desear, un hecho en el que tienen incidencia los llamados “paquetes” que cada semana traen unos cuantos gigabytes de audiovisuales y que vorazmente son consumidos por la población.

Y tanto es así que resulta raro que en una casa no exista una memoria USB o un DVD, una manera en que el pueblo esquiva las barreras tecnológicas y trasmite información o entretenimiento a sus familiares, vecinos y amigos que no puedan pagar el “paquete” semanal, que incluye documentales y reality shows, donde se venden las formas de vida capitalistas y otros estilos no acordes con los valores de la Revolución.

Lo peor de los también denominados “cargues” es que nadie filtra su contenido y lo mismo aparecen materiales de alto valor educativo que otros superficiales, lo cual está dado por el gusto de quien lo vende y de aquellos que lo compran.

No estamos para analizar el contenido ni queremos algo “denso”, buscamos un producto para despejar de la vida diaria y alejarnos de los problemas, señaló María Rodríguez, una espirituana de la zona de Olivos II, quien agregó que aunque reconoce que muchos de los materiales que visualiza son frívolos, su interés se centra en “desconectar” un rato.

Nuestra Belleza Latina, Caso cerrado, Sábado Gigante… son materiales que nunca faltan –cada temporada– en los “paquetes”, un negocio de gran rentabilidad económica y que prolifera por la “izquierda”.

Nadie escapa a este fenómeno, ni siquiera los más pequeños, y los padres no se percatan de las consecuencias de poner a disposición de sus hijos programas y videojuegos no acordes con su edad, que pueden condicionar negativamente el sistema de pensamientos de los niños, ocasionando patrones erróneos de conducta.

Ante este suceso, se han desarrollado alternativas como el canal Mochila –iniciativa que posee ofertas variadas sin propaganda ni publicidad, habitual en otros productos similares–, pero todavía son insuficientes ante la avalancha de materiales extranjeros.

Además, este canal de televisión no tradicional, confeccionado y distribuido de manera gratuita por los Joven Club de Computación y Electrónica, debe transitar por un largo camino en cuanto a su aceptación, pese a que son excelentes contenidos dirigidos a afianzar la identidad nacional y a elevar el nivel estético de su público.

Con más canales de televisión y una programación que trata de conjugar entretenimiento con aprendizaje, el ICRT aún no logra satisfacer las expectativas de la población, por lo que debe buscar variantes ante la interrogante de por qué muchos optan por ver una serie o película de la memoria flash y debe tratar de echar por tierra el estigma de la “repetivisión”.

Mientras el ICRT trata de encontrar alternativas, a aquellos que optan por lo que circula en la “calle” les toca distinguir lo que puede aportarles como seres humanos, sin tener por eso que vivir con los ojos cerrados a lo que acontece en el mundo.

Se hace imprescindible llenar las USB, DVD o discos duros con materiales provechosos que hagan crecer el pensamiento y no den paso a la banalidad.

Erróneo sería también huir del análisis certero de lo que se consume, porque solo con pensar que los audiovisuales frívolos no afectan el comportamiento y la manera en que se concibe la realidad, ya se ha caído en la “deliciosa” trampa de una industria cultural cuyo fin es, precisamente, que la persona sea condicionada a un estilo de vida superficial sin que se dé cuenta de cuán atrapado está dentro de esas redes.


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