ARTES VISUALES
Espejos en el paraíso
Michelangelo Pistoletto, relevante artista y teórico italiano, expone en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana
Quienes asistieron a la inauguración participaron en una experiencia lúdica: interactuar con la Escultura de Paseo. Luego de rodar por el suelo capitalino, la esfera cubierta de periódicos se expone en el museo.
Por RAÚL MEDINA ORAMA
Fotos: PAOLA MARTÍNEZ FITERRE
Desde Narciso, que se inclinó hacia el estanque arrobado por su propio rostro, hasta el último selfie o autorretrato “colgado” para el escrutinio público en las redes sociales de Internet, nada fascina más a la persona que su imagen. Mirarse es confirmar la existencia, parece. Sucedía antes y sucede ahora, cuando esa turista caza una brizna de su reflejo con el teléfono móvil, para guardar el instante en que es parte de los cuadros-espejos expuestos por Michelangelo Pistoletto (Piamonte, 1933) en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de La Habana. A la institución cubana han llegado cientos de espectadores a disfrutar y reflexionar sobre la memoria y la permanencia, con la obra de un sobreviviente del arte del siglo XX, incansable aún durante los primeros años del tercer milenio.
Se conoce la temprana experiencia estética del piamontés, debida a las labores de restaurador desempeñadas por su padre, de quien fue ayudante. Luego de presentar sus primeras obras en Italia alcanza reconocimiento en la Bienal de Sao Paulo (Brasil, 1967) e inicia un camino que lo condujo a prestigiosas instituciones como la Tate Gallery (Londres) y el Museo Reina Sofía (Madrid), entre otras. Durante ese periplo experimenta y conforma su particular visualidad lo mismo imprimiendo sobre superficies reflectantes, que esculpiendo y modelando materiales inusuales.
Los cuadros-espejos caracterizan gran parte de la obra de Pistoletto, como este realizado en 1983.
La contaminación de las “bellas artes” con lo cotidiano se convierte en su santo y seña. Puede ponérsele muchas etiquetas, pero la más socorrida es la de “representante del Arte Povera”, corriente creativa que propone obras a partir de materiales considerados “pobres”, de muy fácil obtención y carentes de valor monetario. Su trabajo también se extiende a otras militancias estéticas mediante happenings, performances, teatro, video-arte, y ha escrito crítica y teoría del arte. En los 90 crea la institución Cittadelarte/Fondazione Pistoletto, definida por él como “un laboratorio integrado por especialistas e investigadores de los distintos sectores del tejido social con el fin de inspirar y producir un cambio responsable”.
Regresemos a Cuba, uno de los escenarios del mundo en los cuales Pistoletto y sus colaboradores desarrollan el proyecto Renacimiento/Tercer Paraíso, acción global inspirada en los conceptos ideados por él –luego de una extendida reflexión que publicó en su manifiesto Omniteísmo y democracia– sobre la búsqueda de equilibrio entre el hombre, la naturaleza, la ciencia y la religión. El proyecto incluye performances, exposiciones, talleres creativos y los fórums Geografías de la transformación, para discutir y apoyar iniciativas relacionadas con los Objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Sobre estos precedentes se levantó la gran muestra personal que ocupa hasta el 13 de marzo todos los niveles del Edificio Arte Universal, con curaduría de Laura Salas y el fundador de Galleria Continua, Lorenzo Fiaschi. Allí está, dialogando con las exposiciones permanentes de la institución, prácticamente todo lo que ha de conocerse para entender al creador excepcional.
Imposible no comparar la tradición del arte anterior al siglo XX con las provocaciones del italiano, un ejercicio intelectivo muy estimulante. Vemos a aquel orador señalando su reflejo, entre los mosaicos y figurillas de la antigua Etruria; o a la joven que parece salir del espejo –como la Alicia de Carroll- para retratar la colección de pintores flamencos. ¡Qué dimensión desconocida y efímera propicia cada reflejo!
Más allá se yergue, en el pasillo, un fajo de lienzos, antaño simples materiales, sublimados por obra del artista en 1980. En un descanso de la gran escalera central hay una colisión de bellezas: la clásica e impoluta, y el encanto del caos harapiento y multicolor que la rodea. Es la famosa Venus de los trapos (1967) casi ahogada por una montaña de despojos, de manera que el espectador solo ve la espalda y sus marmóreos glúteos.
Escenas cotidianas de Cuba inspiraron las recientes serigrafías sobre acero inoxidable reflectante
Pero donde más se detienen los públicos y mayor gozo estético parecen hallar, es ante el conjunto de serigrafías impresas sobre acero inoxidable y refractante. Fueron concebidas en 2015 y reproducen escenas cotidianas de las calles cubanas. En ellas nos descubrimos como elementos fugaces de la composición, en una obra distinta cada vez que alguien diferente la mira. Luego de contemplar esta serie y la de los Vórtices (2010), así como las obras El pozo (1965) y Dos menos uno (2009) –entre muchas otras– nos percatamos de que el asunto de Pistoletto con los espejos es algo serio. Va más allá del placer sensorial.
Según el artista, el funcionamiento de tal artilugio no puede prescindir del razonamiento reflexivo: “es una prótesis óptica que el cerebro utiliza para interrogarse y conocerse”. Si hay una verdad acerca de la realidad, habrá que buscarla en el espejo, espacio metafórico donde la vida y la muerte se suceden según gire el carrusel de imágenes. Romperlo significa quebrar la identidad y la certeza de existir. Te sobrevienen años de mala suerte, dicen las abuelas.
El mundo –cree Pistoletto– se debe una ojeada en su propio gran espejo. Descubriría que hay un “paraíso” natural y uno artificial que nos hemos creado gracias a nuestra inteligencia, pero cuyo progreso le está pasando factura al planeta. Se precisa un tercero donde se concilie otra humanidad, regida por principios éticos y no por la acumulación del dinero. Esta aspiración la ilustra mediante una línea que se cruza dos veces, conformando tres círculos alineados. Los dos externos representan las dualidades y el central significa un tercer sujeto, antes inexistente, generado por la unión de los círculos opuestos.
Símbolo del Tercer Paraíso, representado por embarcaciones frente al malecón habanero el 16 de diciembre del 2014.
El símbolo ha sido representado en diferentes lugares: entre ellos Milán y Pisa (Italia, 2012), Bruselas (Bélgica, 2014) y la costa habanera, el 16 de diciembre de 2014. Fotos de gran formato se exhiben en los pisos superiores del MNBA como constancia de los multitudinarios performances cuyo centro es el símbolo del Tercer Paraíso.
Michelangelo Pistoletto ha venido a sembrar en Cuba, desde hace un par de años, este y otros conceptos. Es un activismo social para el cual ha tenido la colaboración de numerosas instituciones y que le ha deparado fuertes experiencias, lo ha convertido en testigo de importantes acontecimientos políticos e históricos para la región. Pareciera que viera en esta pequeña isla el lugar idóneo donde luchar por el equilibrio del mundo y la solidaridad humana.







