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Publicado el 14 Febrero, 2017 por Nora Sosa en Cultura
 
 

Batabanó y el  mundo

Por: NORA SOSA

Fotocopias: ANARAY LORENZO

Pies de fotos: De un mover sin fin (óleo sobre tela, 2004) es una de las piezas de Hernández en que se advierte la singularidad de su estética. (Fotocopia: ANARAY LORENZO)

Pies de fotos:
De un mover sin fin (óleo sobre tela, 2004) es una de las piezas de Hernández en que se advierte la singularidad de su estética. (Fotocopia: ANARAY LORENZO)

La sensibilidad ante el bello poder de la cultura unió a tres personalidades. El intercambio creativo del trío, permitió acercarnos a la amplia obra del pintor de nuestros días, el batabanoense Vicente Hernández, que al disfrutarla en el nuevo libro que lleva su nombre, nos hizo pensar en cómo podíamos entender el significado de lo que apreciábamos, a partir de su particular manera de regalarnos la pintura.

Tales razones se encuentran recogidas en estas páginas en extenso ensayo de Toni Piñera, periodista y crítico de arte, quien conoció a Vicente en una exposición en la habanera Galería La Acacia. Al respecto, cuenta Vicente que Toni “descubrió mi obra cuando era yo prácticamente un niño que pintaba”.

El tercer creador es el  historiador del arte cubano Sergio López García, compilador de la obra de Toni Piñera, con las pinturas de Vicente. La Colección slg (iniciales de su nombre) es un compendio de esfuerzos y pensamientos para lo cual, manifiesta, se ha dado la oportunidad de crear una obra totalmente cubana con impresiones en la Galería Enlace Arte Contemporáneo, de Lima, Perú.

Los autores presentan su obra en el Consejo Nacional de Artes Plásticas. De izquierda a derecha Sergio López, Vicente Hernández y Toni Piñera. (Foto: cnap.cult.cu)

Los autores presentan su obra en el Consejo Nacional de Artes Plásticas. De izquierda a derecha Sergio López, Vicente Hernández y Toni Piñera. (Foto: cnap.cult.cu)

“Nunca escribiría de quien no siente lo que hace”, señaló Toni Piñera acerca de una creación cuyo autor tiene como base el hecho de ser amante de su pueblo ubicado en el sur de La Habana, el más pegado al mar; de ahí que también se conozca como el pintor de Batabanó.

“Lo que más me interesa es ver cómo podemos encontrar en la obra, que el hombre puede superarse a partir de las desgracias que le acaecen. Yo particularmente vengo de un pueblo donde los ciclones nos trajinan, destruyen casas, y la gente vuelve de pronto, de una manera solidaria, a reconstruirse. Pero no es solamente el evento meteorológico de lo que se trata, sino el social, cómo el habitante se ha mantenido, se cuida y defiende su identidad por encima de cualquier tipo de desgracias sucedidas”, confesó Vicente Hernández a BOHEMIA, en la sede del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, sitio de la presentación.

De acuerdo con el criterio de Toni Piñera, Vicente universaliza el surgidero de Batabanó, “pinta con línea curva, ve las cosas desde lo alto y la tierra se ve redonda”. Lo más importante de su obra –explica– es el rescate de la identidad de un pequeño lugar que puede ser de todos.

Portada libro.

(Fotocopia-YASSET LLERENA)


Nora Sosa

 
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