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Publicado el 14 Febrero, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

La punta del iceberg

La violencia de género es una enemiga del bienestar humano.

Por SAHILY TABARES

Él no ha podido controlarse esta vez, tampoco el día de la fiesta. ¿Por qué ella tiene que vestirse de manera provocadora?, ¿por qué tiene que saludar a esa que parece un macho?, ¿por qué no comprende que debo hacer mi papel de hombre?

Estas, entre otras interrogantes, viajan de las pantallas mediáticas a los entornos privado y público; amanecen en las paredes del vecino, en el hogar, en el barrio. Suelen incomodar, pero, a veces, se consideran un asunto concerniente a los “otros”; lejano a la conciencia individual y colectiva de quienes intervienen en la relación abusiva.

Ninguna conducta justifica el maltrato. Esta es una de las tesis que defiende la serie de nueve capítulos Rompiendo el silencio (Cubavisión, martes, 10:10 p.m.), con guion de Lucía y Rolando Chiong, quien comparte la dirección general junto a Legna Pérez.

En la línea de entender el relato como un poderoso medio de comunicación, la modalidad narrativa de pensamiento en cada historia se ocupa de las intenciones y acciones humanas de la violencia hacia las mujeres y las niñas por razones de género.

¿Ocurren en la existencia cotidiana diversas modalidades del agresor sobre la persona agredida? Los capítulos han sido elocuentes respecto a la ejemplificación de situaciones y secuencias de comportamientos que muestran escenarios de acciones, constelaciones emotivas y éticas, las cuales son susceptibles de ser interiorizadas y pueden ser reactivadas de manera asociativa.

En los capítulos monotemáticos, advertir sobre las violencias; sí, en plural, física, sexual, psicológica, económica, simbólica, institucional, propicia el conocimiento de casos de discriminación múltiple e infinita crueldad. En el audiovisual, los mundos narrativos al parecer más imposibles tienen de fondo lo que es posible en el real. La ficción está abierta a la incertidumbre como la vida misma que continúa mientras las audiencias siguen cada martes hasta tarde en la noche la trama del relato por contar.

Quizás, el horario impide una mayor audiencia. Ante el temor de que los de menos edad no vean lo indebido –decisión concerniente a la familia–, se limita el acceso a las mayorías o establece un sueño perturbador para quienes son fieles a los universos simbólico y cultural de las ficciones.

De manera frecuente ocurre que la narración encadena una multiplicidad de contextos de enunciación y de recepción; se contamina con lenguajes y textos, los cuales le aportan nuevos sentidos, por eso es fundamental lo que se genera en la conversación de los televidentes.

Manipulaciones y ocultamientos han sido socializados para legitimar el dominio masculino, el uso de la violencia como manera de mantener el control sobre lo femenino. El arte puede adelantar una idea que el conocimiento social no ha formulado aún, o socializar lo difícil de comprender por abordarlo de otro modo en el que emociones y sensibilidades participen mucho más.

De acuerdo con el semiólogo Yuri Lotman, la obra artística no es una suma de indicios, sino un sistema, una estructura funcionante. En esta dirección, la serie Rompiendo el silencio, pudo ser más perturbadora, en tanto denuncia de lo que está ocurriendo y cómo está ocurriendo. Mostrar es un paso para destronar el silencio, amplifica voces y acciones, pero la denuncia en las instancias pertinentes no puede ser obviada. El cómo debe aparecer la acusación, lo deciden el guionista, el director y su equipo de realización; la sintaxis depende de la comunicación estética pensada para motivar que en la sociedad se reflexione, se actúe sobre los hechos de violencia de género contra las mujeres y las niñas.

La visibilidad de la punta del iceberg es un punto de partida para remover cimientos y redescubrir subjetividades en el llamado mundo privado.

Como ocurrió en el capítulo Aprensión, una cámara subjetiva (técnica que consiste en mostrar con la cámara lo que ve el personaje) alerta sobre el peligro, la posible agresión, y la muerte, pero cuando esta ocurre, “algo” debe decirnos qué hacer, el pensamiento narrativo puede contribuir a que se busquen, se movilicen las fuerzas para revelar horizontes en la dirección de los procesos sociales. La fotografía no es solo lenguaje, sino, a la vez, escritura, huella; se revela la sustancia movediza e inapresable de lo que es causa, y puede ser efecto de situaciones y conflictos planteados.

La interpretación de cada puesta entraña una relectura de la totalidad de la historia, activa un modo específico de relación de los televidentes con el texto audiovisual, cierta inmersión en el diálogo y las acciones de personajes en la pantalla; y, al unísono, inquietan en el hogar, el jardín o al doblar de la esquina. Para que esto se visibilice, comprenda e interiorice, hay que denunciar. La violencia de género es una enemiga del bienestar humano.


Sahily Tabares

 
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