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Publicado el 22 Febrero, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

26a FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO

Una fiesta en la que todos caben

La cita cultural más atractiva de la temporada dijo adiós a La Habana
El primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, junto al ministro de Cultura, Abel Prieto Jiménez, asistieron a la presen-tación del libro de Frei Betto, Uala, el amor, de Gente Nueva.

El primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, junto al ministro de Cultura, Abel Prieto Jiménez, asistieron a la presen-tación del libro de Frei Betto, Uala, el amor, de Gente Nueva.

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Foto:s JORGE LUIS SÁNCHEZ

De veras la ciudad se ve más hermosa desde allá arriba: la gente, los carros, la mar “inerte” –así parece– dibujan un paisaje singular desde allí, en lo alto, en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. El panorama se repite año tras año con la Feria Internacional del Libro y sin embargo, reconforta y calma ese reencuentro vital y cercano con la cultura.

Cuando el ajetreo de un extremo a otro de la bahía ya es pesada quietud y el capítulo habanero de la fiesta literaria comenzó a desfilar hacia otros lares de la geografía insular quedan mucho más que los recuerdos de aquellos días de paseo –en familia, entre amigos, colegas– quedan los libros, y las memorias.

Sin duda, él estuvo allí, en la repleta sala Nicolás Guillén de la Fortaleza, entre el aluvión de jóvenes y notables intelectuales, historiadores, investigadores. Él volvió desde su humanismo de intelectual comprometido, y se advirtió su ideario diáfano, próximo, aun con más que legar, en el coloquio Fidel: Política y Cultura.

Muchas anécdotas sobre el Comandante se escucharon en estos días en los paneles que alternaron con las presentaciones de libros de su autoría o de otros escritores de distintos sellos editoriales.

También pasajes sobre la hambruna que asoló a Irlanda a mediados del siglo XIX rebasaron el umbral del silencio con la novela histórica El crimen del Estrella del Mar, del investigador de aquel país Joseph O’Connor, que fue presentada por el presidente irlandés Michael D. Higgins, de visita oficial en la mayor de las Antillas.

Papaplotes vs bloqueo en la Feria del Libro

La Feria tuvo, también, un espacio para rechazar el bloqueo estadounidense. La sociedad civil cubana, en especial los más jóvenes, fueron algunos de sus protagonistas principales. (Foto: Jorge Luis Sánchez)

El jefe del Estado irlandés subrayó que la obra, editada por Arte y Literatura, ofrece un acercamiento desgarrador y perspicaz sobre una etapa triste de su nación que pocas veces ha sido abordado desde la literatura.

Otro número importante de títulos de la autoría del doctor Armando Hart Dávalos, a quien se dedicó esta edición de la Feria, se pusieron a disposición de los lectores, no solo en los anaqueles de la Gran Librería, emplazada en la Fortaleza; también en todas las subsedes capitalinas gozaron de muchos adeptos, por ser obras inéditas en su mayoría, creadas a partir de la papelería del notable intelectual.

El país invitado de honor, Canadá, estuvo representado por escritores, editores y empresarios de distintas generaciones. Para suerte de los antillanos seguidores de la literatura resultaron muy sugestivas las presencias de Margaret Atwood y Graeme Gibson, unidos en la vida y el arte, quienes presentaron en carácter de compiladores (además, de sus respectivas obras) Desde el invierno, una valiosa antología de cuentos y fragmentos de novela sobre una porción de la narrativa en lengua inglesa de finales del siglo XX.

El Patio de los Laureles, muy cerca de la sala Nicolás Guillén, volvió a florecer con trova y poesía, tras poco más de un lustro de ausencias. El espacio, conducido por la escritora Basilia Papastamatíu, devolvió ese sentido de espiritualidad que debe coexistir en un festejo en que el libro y la lectura sean los protagonistas.

Este año la Feria se percibió un poco más literaria en relación con ediciones precedentes en que la chatarra cultural llegó a ahogar al visitante interesado en adquirir libros y/o penetrar el universo que lo rodea. Aun así –sin tanto suvenires ni perifollos de pacotilla– hubo muchísimas personas de distintos grupos etarios, estratos sociales, formaciones académicas, nacionalidades.

El fenómeno de la masividad no es fortuito, la obra de la Revolución dejó una esencia en los habitantes de la Isla caribeña que subyacerá por siempre. “El hecho de que la familia cubana, por humilde que sea, tenga un espacio en casa para los libros, para una pequeña biblioteca, es algo único en el mundo; y eso pervive, porque el libro en Cuba tiene un gran peso”, dijo en días pasados al diario Juventud Rebelde, el ministro de Cultura Abel Prieto Jiménez, convencido del camino recorrido y del que resta por avanzar en este momento histórico.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez