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Publicado el 8 Febrero, 2017 por Prensa Latina en Cultura
 
 

Visita Alicia el taller donde se moldea su escultura

Una imagen le vendrá a la mente a los conocedores del ballet y será la de Giselle; pues la pose evoca un momento del primer acto de esa obra cumbre del romanticismo danzario

Los artistas cubanos José Villa Soberón y Gabriel Cisneros moldean hoy una escultura de Alicia Alonso para perpetuar la imagen de una de las bailarinas más admiradas en el mundo.

De momento, la pieza es un esbozo en barro pero su evolución se trasladará a bronce para colocarla en el Gran Teatro de La Habana, institución que desde 2016 lleva también el nombre de la prima ballerina assoluta cubana, distinguida con las máximas condecoraciones del país.

Siento una felicidad grande porque es una forma eterna de reconocer mi arte, confesó Alonso a Prensa Latina durante una visita al taller de esculturas del Instituto Superior de Arte (ISA), donde pudo palpar con sus manos el volumen de las piernas y parte del trabajo desarrollado hasta ahora.

Todavía falta, aclaró Villa Soberón, un artista que sentó a John Lennon en un parque de esta capital, y recostó a Ernest Hemingway en la barra de su bar-restaurante favorito en La Habana, el Floridita, como si aquí vivieran.

Las esculturas figurativas del ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2008, atraen la mirada de nativos y turistas porque parecen vivas, y esta naciente de la bailarina capta algo esencial para ella, el movimiento, más allá de si se inspira en una obra particular o en varias.

Sin embargo, una imagen le vendrá a la mente a los conocedores del ballet y será la de Giselle; pues la pose evoca un momento del primer acto de esa obra cumbre del romanticismo danzario.

Nos dedicamos a estudiar todas las imágenes existentes e hicimos nuestra interpretación, enfatizó Villa Soberón junto a Cisneros, joven recién graduado del ISA pero valorado por él como muy talentoso.

La emoción de tener a la propia Alonso delante no se parece a ninguna, según el experimentado maestro, porque por primera vez una de las personas que convierte en escultura viene a examinar su trabajo.

Mire mis músculos, le ofrece la bailarina de 96 años de edad y estira elegantemente la pierna para que la contemple, y además se vanagloria: los tengo duros pero no contraídos porque yo bailaba estirando, explica.

Esta visita seguro marcará un punto de giro para los escultores que aun pasarán meses en el taller puliendo detalles y formas.

Pese a representar usualmente a personas en poses de la vida cotidiana, eligieron recrear a la directora del Ballet Nacional de Cuba como si estuviera en el escenario, en una de sus salidas triunfales que tanto el público le aplaudía.

Lo cotidiano en Alicia, en el marco del teatro, era precisamente verla bailando, comenta Villa Soberón, quien se fascinó con ella desde su etapa estudiantil, hace casi medio siglo, cuando la vio por primera vez.


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