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Publicado el 14 Marzo, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

El reino de las casualidades y más

En la primera mitad del siglo XX, tangos y boleros, radionovelas y filmes, mostraron que la industrialización de los relatos podía contribuir al conocimiento, a formar memorias e imaginarios compartidos por espectadores de diferentes países
Lo que diga el corazón, Niche es un relato en el que nunca se acaban los obstáculos, las pérdidas, las buenas y las malas noticias.

Lo que diga el corazón, Niche es un relato en el que nunca se acaban los obstáculos, las pérdidas, las buenas y las malas noticias. (Foto: caracolinternacional.com).

Por SAHILY TABARES

Cuando el cine y la televisión fueron inventados, ya la humanidad sabía contar historias; desarrollaba escenas y secuencias de imágenes, las cuales cautivaron a generaciones y públicos.

En la primera mitad del siglo XX, tangos y boleros, radionovelas y filmes, mostraron que la industrialización de los relatos podía contribuir al conocimiento, a formar memorias e imaginarios compartidos por espectadores de diferentes países. De acuerdo con Carpentier, “la cultura se manifiesta en la aptitud para establecer relaciones entre fenómenos característicos de distintas áreas de la realidad”.

No por azar, los realizadores de narraciones audiovisuales tratan de involucrarse con lo “real” que construyen de acuerdo con sus puntos de vista, subjetividades e intereses comunicativos y estéticos.

De ello son conscientes libretistas y directores de la telenovela colombiana, Lo que diga el corazón, Niche, (2014), que transmiten Canal Habana y Cubavisión, en horarios nocturno y matutino, respectivamente; y se inspira en la música del grupo, fundado por el compositor de ese país, Jairo Varela (1949-2012).

Al parecer, oriundos de la nación sudamericana, reclamaron un mayor grado de veracidad respecto a la historia del colectivo musical; por su parte, los creativos de la puesta, manifestaron que tanto el relato como los personajes son ficticios.

De igual manera, hubo discrepancia con la productora Caracol cuando esta llevó a la pantalla, las series La ronca de oro, inspirada en Helenita Vargas, cantante de rancheras; y Escalona, sobre la vida del cantautor del vallenato Rafael Escalona.

En un mundo en el que la conceptualización de la realidad pasa necesariamente por múltiples e infinitas enumeraciones asociativas, toda autentificación depende del lenguaje; y en este sentido, la telenovela Lo que diga… enfatiza conflictos, situaciones narrativas, episodios, que complejizaron el desarrollo y la permanencia de la agrupación musical, entre 1980 y 2012, en el panorama sonoro y rítmico de Colombia.

El protagonista de la historia ficticia, Iván Cuero, una persona de bien, leal, persistente, rinde homenaje al compositor Jairo Varela; mantiene puntos de contacto con su referente respecto a consideraciones de la música “como su novia eterna” y defiende una exigencia ética: ante cualquier público hay que ser profesional.

El actor Jair Romero (Iván Romero), ha sido cuidadoso en el doblaje de canciones emblemáticas de la legendaria agrupación. No obstante, prevalecen en la puesta el desbalance de las actuaciones,   la discreta dicción de algunos intérpretes, y la impericia del trabajo en niveles caracterizadores de una emoción; los cuales, aunque pertenecen al mundo de lo invisible, son físicamente concretos e influyen en el ejercicio actoral. La construcción que se percibe como personaje-tipo (el bien, el mal, la avaricia, la ingenuidad) exige sobre el espectador un impacto sensorial y mental; este no se logra en la mayoría de los capítulos.

De ningún modo se puede ignorar el discurso que los medios realizan en base al imaginario social, entendido como el conjunto de creencias, mitos, deseos y frustraciones que en cierto modo constituye la idiosincrasia de cada sociedad.

Lo que diga el corazón, Niche, es una telenovela y responde a su codificación, la cual entronca con “y entonces…”; por oposición a “por tanto” y su continuidad puramente lógica. El reino de las casualidades, de villanos, héroes y heroínas sin ambigüedades, de arquetipos y modelos éticos tienen una relación estrecha con matrices populares, las cuales privilegian la construcción de versiones sobre un mismo formato en detrimento de innovaciones propias de las vanguardias artísticas.

En tanto dispositivo particular de enunciación de lo ficticio narrativo, el género mantiene las astucias en competencia, la maldad o crueldad que provoca rechazo, el pleno desenlace de ansiedad y distensión. La telenovela tiene más que decir sobre actitudes humanas, incomprensiones, secretos, odios y amores; como ocurre en la vida “real”, aunque pensemos: en la existencia diaria esto o aquello no puede ser “verdad”.

Para compensar la pérdida de suspenso y concentración, el medio televisivo genera diversos relatos dentro de un mismo programa no documental. El interés se desplaza del flujo normal de acontecimientos hacia la revelación y el desarrollo de los existentes. Por ello, Lo que diga… es un relato en el que nunca se acaban los obstáculos, las pérdidas, las buenas y las malas noticias. Su relación con el televidente es, fundamentalmente, emotiva; apela al entretenimiento frente a productos que motivan razonar, discernir. El desenlace pleno de ansiedad y distensión mantiene una estrecha relación con el acontecer; genera grandes pasiones entre quienes lo ven, lo investigan, lo realizan y lo critican. Como dijera el cineasta Julio García Espinosa, “en un mundo de sentimientos cada vez más asépticos, la telenovela rescata, sin complejo alguno, la posibilidad de volvernos a emocionar”; entonces, ¿debemos prestarle atención? En ella, reinan las casualidades y mucho más: actitudes, reveses, confrontaciones vigentes entre los humanos del siglo XXI.


Sahily Tabares

 
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