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Publicado el 21 Marzo, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

BAILANDO EN CUBA

¿Mucho más que tirar un pasillo?

Acercamiento al programa de participación, producido por RTV Comercial y la Televisión Cubana
Gran final del programa Bailando en Cuba

Dominio escénico y maestría demostraron Jara García y Osmany Montero, pareja ganadora de Bailando en Cuba.

Por SAHILY TABARES

Fotos: MARTHA VECINO

En nuestra cultura, la relevancia social histórica del baile se manifiesta en el gusto de un segmento notable de la población. Es una de las diversiones favoritas de las personas; desde siglos pasados ha sido considerada nota sobresaliente del carácter y las costumbres de quienes habitan nuestro archipiélago. Somos herederos de un proceso de transculturación, como lo definió Fernando Ortiz. El origen africano nos legó una musicalidad inmensa, África es la región más musical del mundo, allí cantan con una afinación y una métrica sorprendentes, a lo cual se suma la riqueza y la complejidad de sus danzas polirrítmicas, vitales.

Por otra parte, nos llega la herencia española en la música, sus cantos y danzas, los cuales conservan, en gran medida, raíces africanas. Esto ha sido determinante en la conformación de la conciencia musical y danzaria del pueblo cubano, en la identidad nacional. Las personas suelen mover los pies con ritmo, sabrosura; tararean melodías, repiten estribillos; el baile ocupa un lugar privilegiado en las actividades de divertimento.

La influencia de los medios de comunicación, en especial de la televisión, es indispensable para conocernos, re-conocernos mejor, pues existen insuficiencias en las formas de contribuir a la formación del gusto estético, en el pensar la música y la danza.

Gran final del programa Bailando en Cuba.En escena

Bailando en Cuba (Cubavisión, domingo, 8:30 p.m.), con guion de Lil Romero y dirección general de Manuel Ortega, amplificó el concepto de espectáculo del baile y de la danza escénica en pareja, en el que se afincan universos sonoros y rítmicos desde una visión integral de creaciones coreográficas, vestuario, aditamentos, maquillaje, escenografía y puesta en escena.

Fue su antecesor, el programa Para Bailar, con otro punto de vista; enfocado en la espontaneidad de los danzantes, motivó en los públicos el interés, el conocimiento y el disfrute de expresiones danzarias. Este espacio permanece en la memoria de quienes relatan a los de menos edad cuánto aprendieron de parejas que demostraron la afición por el baile popular y el empeño al defenderlo.

Tal vez poco se recuerda el arduo trabajo del maestro Ramiro Guerra, quien al triunfo de la Revolución inaugura el Departamento de Danza Moderna, y aprovechara la calidad ondulante del cuerpo del cubano, sus movimientos, gestualidad e idiosincrasia, para desarrollar una técnica danzaria cubana con elementos de raíces africanas y españolas. Los primeros bailarines que formó eran adultos, procedentes de la calle, pues entonces no existían escuelas de danza en Cuba. La atmósfera cultural creada por él influyó en la cohesión del proyecto, el montaje de repertorios complejos y la superación de intérpretes; muchos de ellos devenidos coreógrafos y directores.

Gran final del programa Bailando en Cuba

Ángela Mailym Rodríguez y Duvel Esteban Estrada, la pareja 12, recibió el Premio de la Popularidad.

De alguna manera,

Bailando…, consideró dicha experiencia. No sobrepasaron los 30 años de edad los integrantes de las 16 parejas que durante 10 jornadas de dura competencia –la mayoría realizadas en el escenario del habanero teatro Astral– defendieron nuestros bailes populares. Danzantes espontáneos y bailarines de formación académica unieron pasión, simpatía, técnica, en un certamen concebido para el espectáculo televisual.

Directivos de RTV Comercial y realizadores de la Televisión Cubana son conscientes de los desafíos impuestos en la era de los nativos digitales sustentada en un nuevo proceso de comunicación, el cual condiciona perspectivas tecnológicas, perceptivas e intermediales. Los espectadores interconectados demandan una praxis contemporánea, rupturas asentadas en tradiciones; otra mirada, entendida como relación social entre personas mediatizada por imágenes. En cada emisión se recordaron bailes, figuras, ritmos, géneros musicales, momentos circunstanciales, espacios físicos, estilos y tendencias de la música y la práctica danzaria.

A ello contribuyó el jurado de los maestros Lizt Alfonso, Susana Pous y Santiago Alfonso, quien de manera elocuente compartió saberes, experiencias y el requerimiento de que la danza “diga”, no solo ilustre, mediante un arsenal de conceptos, de disciplina formativa y estética de lo cubano.

Gran final del programa Bailando en Cuba.

Roclan González, director artístico y coreográfico del programa, lideró un segmento de vital importancia.

De igual modo, el segmento conducido por el bailarín Roclan González, director artístico y coreográfico del programa, colocó en la pantalla una especie de decálogo de sistemas danzarios, tendencias, estilos de moverse, individualidades creativas y teatralidad en el uso de materiales populares o folclóricos.

No obstante, se relegó a la penúltima gala la clase magistral referente al estudio de la dramaturgia y el lenguaje teatral. En los inicios faltó la referencia a estos saberes imprescindibles; aunque quien ejecuta la danza necesita interpretar el sentido del baile; tal vez por ello, con frecuencia, expresiones de los rostros no lograron la organicidad requerida por cada personaje. Sin embargo, en general, el método del proceso de enseñanza-aprendizaje empleado contribuyó al desarrollo de sistemas de conocimientos y experiencias de la actividad creadora; de habilidades, capacidades, relaciones entre las parejas; favoreció la concentración, el sentido de la disciplina y la colectividad.

No pocas creaciones coreográficas con sus atributos imaginativos y técnicos sedujeron al espectador, quien disfrutó de las ejecuciones de talentos; entre ellos, la pareja 10, formada por Délany Valenzuela y Ranger Bacallao, “un artista”, reconocido explícitamente por el jurado.

Por su parte, Jessica Massiel Díaz, versátil, exigente, junto a Carlos Javier García, integrantes de la pareja siete, exploraron de manera audaz la rítmica de sus cuerpos.

En Cuba existe una sensualidad que forma parte de nuestra cultura y pasa desapercibida, quizás por tenerla tan cerca, ser parte de nosotros mismos. Dicha cualidad emergió en varias de las compañías participantes. La gala final se concibió con perspectiva de conjunto, en ella los concursantes fueron acompañados por bailarines, decisión que realzó la danza escénica.

Gran final del programa Bailando en Cuba.

Los presentadores y la compañía Habana Compás Dance, que fue reconocida como la más popular. En la foto, la directora general Liliet Rivera y Eduardo Córdoba, director musical.

El lenguaje de la televisión se construye por una gama de formas expresivas, lingüísticas, sonidos e imágenes, en las que espacio y tiempo son dimensiones sensoriales de la convención cultural de lo “real”, de lo construido para la representación visual.

La pareja ocho, la ganadora, integrada por Jara García y Osmany Montero, profesional de la danza y graduado de la Academia de las Artes, demostró talento, carisma, compenetración; ambos interiorizaron lo aprehendido con ensayadores y coreógrafos, y la intencionalidad de bailar para un espectador televisual.

Este último precepto se afectó en la puesta, por momentos; al olvidar que la tendencia en el medio de la TV debe ser a un primer plano de evidencia y no a un plano general de sugerencia estética. Debió pensarse desde la dirección de fotografía con multicámaras en el protagonismo de las parejas de baile; el exceso de iluminación impidió, en ocasiones, que el televidente apreciara en toda su magnitud las ejecuciones de los danzantes. Lo consiguió, en la gala final, Lester Hamlet con el video clip La Mazukamba, de Yaíma Sáenz.

Un espectáculo de estas características requería pensar detenidamente el concepto de dirección de los presentadores Leo Benítez, Carlos Solar y Camila Arteche. Las transformaciones generadas en los procesos de comunicación audiovisual exigen tonos de voz, variaciones del ritmo de exposición, facilidad para interactuar con gracia y soltura; estas condiciones, entre otras, demandan un mayor tiempo de ejercitación y capacidades adquiridas, como la improvisación, la elocuencia y la locuacidad.

Jessica Massiel Díaz y Carlos Javier García formaron una de las tres parejas finalistas.

Los públicos tuvieron la posibilidad de interactuar y establecer empatía con los concursantes; otorgaron el Premio de la Popularidad a la pareja 12, de Ángela Mailym Rodríguez y Duvel Esteban Estrada; y a la compañía Habana Compás Dance.

Bailando en Cuba fue mucho más que una invitación a tirar un pasillo. Colocó en la pantalla televisual la conceptualización artístico cultural de la danza desde una mirada amplia e incentivó la red de información sobre lo nuestro, al crear un sistema de percepción social, individual, colectiva, que nos permite descubrir nuevos talentos, estimular el teatro musical y acercarnos al panorama sonoro, rítmico, danzario de la nación.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares