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Publicado el 21 Marzo, 2017 por Jose Dos Santos en Cultura
 
 

BRAULIO HERNÁNDEZ, BABÍN

Un Rey Midas de la música

Culto y preciso al hablar, con una modestia que enmascara su importancia histórica, este es de los partícipes y testigos de una etapa crucial de la música cubana que sentó bases para los éxitos de hoy
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Babín, Rey Midas de la música.

Babín en la actualidad. (Foto: JOSÉ DOS SANTOS).

Por JOSÉ DOS SANTOS L.

Fotos: Cortesía del entrevistado

Saxofonista de larga trayectoria, mejor conocido por su seudónimo artístico, Babín, es un libro abierto poco explorado acerca de muchos pasajes de la historia más reciente de la música cubana, además de un notable hilo conductor musical entre lo existente en Cuba antes de 1959 y lo realizado a partir de entonces.

Braulio Hernández Rodríguez estuvo involucrado en varios entornos que marcaron musicalmente los escenarios cubanos previo al triunfo revolucionario. Nacido el 2 de septiembre de 1937, en Perico, Matanzas, aún habla con especial cariño de la banda municipal de música, su primera escuela, donde comenzó a estudiar saxofón, clarinete, solfeo y teoría. En particular, cuenta en conversación con BOHEMIA, que esto se lo debe a su hermano Oscar Hernández, contrabajo de esa agrupación, y a su administrador, Luis Soler, cuyo hermano, Fernando, dirigía la orquesta.

Con orgullo habla de su padre, puntista azucarero, tabaquero y escribano, quien también hizo teatro y le inculcó su amor por la cultura.

Como instrumento, Babín comenzó con la trompeta, la que estudió de manera autodidacta por el método de Albán. Luego aprovechó cuanto manual pasaba por sus manos, porque desde temprano se le conoció por ser aplicado, alguien que no perdía el tiempo y ponía empeño en asimilar todos los textos que conseguía.

Su interés se acentuó cuando a los 14 años, con saxofón tenor en ristre, formó parte de la orquesta Casino Deportivo, una agrupación local que intervenía mucho en bailables y como acompañante de espectáculos nacionales, período que aún recuerda con mucho cariño; luego se sumó a la Banda Municipal de Conciertos de Perico.

A los 16 años viajó a La Habana en busca de mayores horizontes. Era 1955 y comenzó a trabajar en el club Palette –en la Calzada de Güines–. Ese lugar que en aquella época tenía desde salón de juegos a entretenimientos menos públicos. Después fue director y saxofonista en el Alí Bar, sitio que luego Benny Moré hizo trascender.

Babín, Rey Midas de la música.

Durante un recorrido por Italia.

Escuchar a Babín es adentrarse en un mundo ajeno a las vivencias contemporáneas y él, narrador natural con privilegiada memoria, describe cómo al año siguiente integró la orquesta de Rafael Somavilla en el cabaret Bambú, cercano a la avenida de Rancho Boyeros, y a finales de ese año pasó a otro famoso club de la época, el Johnny’s Dream, para cultivar el jazz. Babín es una enciclopedia viva para saber del ambiente nocturno de La Habana de entonces, pero no es solo eso.

Con Somavilla, en 1957, pasó a formar la orquesta que inauguró el Salón Rojo del hotel Capri y con él integró la del Caribe del hotel Havana Hilton, en 1959. Explica que en aquellos tiempos era normal, necesario para subsistir, trabajar en varias orquestas simultáneamente, así como hacer suplencias a otros músicos. Fue entonces que se enroló entre los entusiastas que fundaron el Club Cubano de Jazz, que “descargaban” en el Habana 1900.

Etapa revolucionaria

A finales de 1962, Roberto Valdés Arnau le propuso a Braulio Hernández ingresar a la orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión, lo que considera el inicio de una etapa importante de su vida por la adquisición de conocimientos y de experiencias musicales en diferentes géneros y estilos. Allí contó con excelentes maestros como Gonzalo Roig, Rodrigo Prats, Jorge Anckerman y Adolfo Guzmán.

El afán de superación fue –y sigue siendo– una constante en Babín. Ello se reflejó en haber estudiado en los años 60 con Enrique Bellver (Armonía y Composición), Serafín Pro (Historia de la Música), Bebo Pilón (Saxofón) y con Félix Guerrero (Dirección Orquestal), lo que perfeccionaría después con Manuel Duchesne Cuzán. Asimismo, más tarde conocería el sistema Berklee con el inolvidable Armando Romeu.

Por algo fue fundador en 1967 de la Orquesta Cubana de Música Moderna (OCMM), que desapareció en 1993. Con ella interpretó desde música popular bailable hasta el jazz. Entre sus actuaciones más relevantes recuerda las del Pabellón Cuba en la Expo’67, en Montreal; la Jornada de la Cultura Cubana en los países socialistas, en 1987; y una gira por una docena de países de Europa Occidental, en 1989.

Babín, Rey Midas de la música.

Con su tenor, siempre estuvo entre los mejores.

Anteriormente había estado en el grupo de Leopoldo (Pucho) Escalante, de 1964 a 1967, el cual grabó dos discos que incluyeron su composición Noneto, una fusión de jazz cubano que resultaba muy novedosa para esos tiempos.

Por aquellos años participó en dos discos del grupo Los de Siempre, del pianista Hilario Durán, a quien le une una linda amistad, y trabajó con el trombonista Juan Pablo Torres y su grupo Chiki Chaka. Después de la OCMM estuvo en un grupo acompañando el espectáculo del cabaret Tropicana, dirigido por Francisco García Caturla.

En otra vertiente de su vida musical hay que significar que fue invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional en conciertos del ballet Bolshoi de Moscú en presentaciones en La Habana y durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. En esta última ocasión, me comenta con orgullo, fue dirigido por Michel Legrand, Johnny Mandel y José Ramón Urbay.

Debo puntualizar que lo conocí avanzada su carrera, cuando en los años 90 lo vi en un inolvidable concierto del grupo Temperamento, homenaje a un coloso del jazz como Dexter Gordon, con un quinteto de saxofones que Babín integró con Carlos Averhoff, Pérez Pérez, Lázaro Alemán y Javier Zalba. No sabía de sus andanzas en 1992 por Japón con una All Star ni estuve al tanto de que, cuatro años después, hizo una gira por Portugal con el grupo de Mayito Romeu. Tampoco conocí que al año siguiente estuvo en la orquesta acompañante de la Ópera del Teatro Bellini, de Nápoles, con la que hizo muchas presentaciones en Italia y Suiza.

Volví a saber de él en 1997, cuando fundó como director la orquesta de jazz del Habana Café, del hotel Meliá Cohíba, aunque no lo vi trabajar.

A un seguidor de la carrera de Braulio Hernández, el periodista y fotógrafo Roberto Bello, le debo el haberle conocido personalmente hace solo un año, con una nota biográfica del músico que me pasó, insertaba un elemento perturbador de mi ánimo: “A pesar de lo intenso y variado de su carrera musical, el maestro ha recibido muy poco reconocimiento, tal vez por modestia. Ni siquiera es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba”.

A partir de entonces me sentí motivado adicionalmente para intentar contribuir a salvar esa falta de conocimiento público de la vida de un gran artista que sigue entre nosotros, la cual incluye haber sido miembro de la Banda de Conciertos del Estado Mayor General de las FAR.

Babín, Rey Midas de la música.

Con Los D’Siempre.

Babín, fundador de las milicias, estuvo en la Limpia del Escambray, con su batallón 113, y relegó oportunidades artísticas por participar en la zafra de 1970. De todo ello me habla casi a regañadientes porque no es de los que reclaman elogios ni hacen ostentación de méritos.

En ámbitos foráneos se resalta su figura, como en el sitio en Internet Montuno Cubano que tiene el francés Patrick Delmace, muy recomendable para los francoparlantes amantes de nuestra música por la loable labor de investigación y difusión que hace de ella desde hace años.

En el minucioso Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana, de Radamés Giro, Premio Anual de Investigación 2002 y editado en 2007, Babín, en el apartado B, tiene una columna dedicada a su figura cuyo contenido termina en 1997. Ahí no se señala que en la década de los 70 participó en muchas grabaciones identificadas solamente como “producidas por la Orquesta EGREM” y en otros registros carentes de créditos precisos, como sucedió en una larga etapa de nuestra industria discográfica.

Aunque en la red de redes aparecen más de 25 mil entradas con su nombre, apodo incluido, tampoco Internet satisface conocerle mejor. No aparece que es autor de temas como Noneto y No tengo confianza, y que creó otros como uno dodecafónico para un “Quinteto clásico de vientos” que formó en los años 60.

Por eso, ahora él –a insistencia de BOHEMIA– ha entregado detalles no recogidos de su quehacer y un segmento de su abundante colección gráfica.

Hay que recordar que en el Festival Internacional Jazz Plaza de 1998, estuvo al frente de “la jazz band” organizada a instancias de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), encargada de interpretar las obras finalistas del Primer Concurso Iberjazz, realizado en Cuba por esa entidad española, experiencia que solo duró unos pocos años. Entonces participó en la grabación del álbum con las obras ganadoras.

Babín, Rey Midas de la música.

Con César López y Evaristo Denis

En 1999, Juan d’Marcos le invitó a formar parte del Buena Vista Social Club para hacer grabaciones con Omara Portuondo. En el 2000, integró el grupo que acompaña a la estelar cantante en sus presentaciones en muchos lugares del planeta, desde Asia y Australia hasta Estados Unidos –en cuatro ocasiones– y en varios países de América Latina, en especial México. Esa etapa se extendió hasta 2004.

Refiere Babín que su última incursión en el mundo discográfico fue con la grabación de Charles Aznavour producida por Chucho Valdés en Cuba, que compartió con César López en los saxos, en 2006.

A partir de entonces ha hecho escasas apariciones, como brindar alguna conferencia. Recibió una distinción por ser fundador del Festival Jazz Plaza y la Medalla Raúl Gómez García, del Sindicato de la Cultura.

Este artista, amante de la lectura y la historia, domina “la boquilla” como pocos. Ha sido lector de música a primera vista, gran orquestador y arreglista de primerísimo nivel. Quien le conoce le admira, además, por ser capaz de auxiliar a cualquiera que lo necesite, sin mediar recompensa alguna. En sus casi 80 años aún está en condiciones de darle realce a lo que se le convoque, como una especie de Rey Midas de la música, dispuesto a seguir siéndolo.


Babín, Rey Midas de la música.

Con la Orquesta del cabaret Capri, dirigida por Somavilla.

Babín y Stan Getz

El álbum doble de Stan Getz que tuve en mis manos, lo adquirió Braulio Hernández en uno de sus muchos viajes por el mundo. Fue en París, precisa, porque había perdido mucha de la música de quien había sido su ídolo desde muy joven. Como integrante del Buena Vista Social Club, el ya veterano saxo tenor continuaba venerando el sonido de aquel ojiclaros que había tenido la oportunidad de conocer en La Habana, en el ya distante 1958.

Cuenta Babín que él formaba parte de la orquesta del cabaret del hotel Capri, desde hacía un año, cuando el ya famoso jazzista estadounidense se apareció por allí. Él tenía solamente 20 años y compartía atriles con músicos fogueados como Papito Hernández, Guillermo Barreto y Leonardo Timor, bajo la batuta de Rafael Somavilla.

Recuerda que una noche, al llegar a los camerinos, le dicen que estaba Stan Getz. Sus colegas sabían de su profunda admiración por aquel saxo tenor que había incluso popularizado la música brasileña en los foros de jazz.

Narra Babín que al empezar la función en el Capri aquella inolvidable noche, Getz pidió permiso para tocar con la orquesta. “Todos los saxofonistas tenores le brindaron su instrumento pero el músico optó por el mío, un Selmer último modelo, que era la niña de mis ojos”, no solo por lo que le había costado. Al sentarse ante su atril, asumió un repertorio para él inusual, que interpretó con extraordinaria soltura.

En 1977, Babín supo que Getz se encontraba en la capital cubana como parte de un Crucero de Jazz, junto a Dizzy Gillespie, Earls Hines y otras estrellas de la CBS. En aquella ocasión, “The Sound” preguntó por “ese muchachito” al que había conocido en 1958. A nuestro entrevistado –inexplicablemente– no les dieron acceso a esos visitantes.

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