0
Publicado el 15 Abril, 2017 por ACN en Cultura
 
 

La cultura ¿inculta?

Imagínese ahora en una peña de un trovador del patio, a usted le gusta la música, se divierte y para no ser la nota discordante ha pasado por alto las innumerables ocasiones en que uno de los empleados camina por detrás del escenario, a la vista de todos, para ir el baño
La cultura ¿inculta?

No siempre es adecuado que el público suba a los escenarios, mientras se desarrolla el espectáculo.

Por MAIRYN ARTEAGA DÍAZ

Disfrutar de un espectáculo cultural, sea cual fuere la manifestación, constituye sin lugar a dudas una de las mejores opciones para el esparcimiento agradable, para cultivarse
espiritualmente y disfrutar con la familia, amigos o sencillamente solos.

Pero, ¿qué sucede si muchas veces esos ratos de relajación se convierten en verdadera tortura por el accionar de trabajadores en las instituciones que los auspician?

Ejemplos, solamente en Santa Clara, se dan por doquier.

Imagínese ahora en una peña de un trovador del patio, a usted le gusta la música, se divierte y para no ser la nota discordante ha pasado por alto las innumerables ocasiones en que uno de los empleados camina por detrás del escenario, a la vista de todos, para ir el baño.

Es el último tema, el cantautor lo anuncia, sin embargo, ha tomado cinco minutos más del horario estipulado y sin darle tiempo a concluir, los mismos que deberían velar por la salud del recital comienzan a recoger las sillas; en señal de hasta aquí, acaben de irse.

¿A dónde fueron el respeto y los buenos modales, la cortesía, la consideración con el artista y con el público?

Ubíquese en la cola para comprar entradas al teatro, usted que se ha levantado temprano para poder entrar y que cree contribuir con su impuesto al desarrollo artístico de la provincia, pero los que debieran agradecerle claman porque se agoten los puestos y se vacíe el portal.  Claro, la limpieza no puede esperar ¿o sí?

Así están los que gritan delante de las personas y amenazan con que si no concluyen tumban el “catao” (breker), con ese nivel de vulgaridad; los que lejos de orientarte, desinforman; los que ponen mala cara a la menor inquietud, como si su servicio fuese simplemente un favor.

Y entonces, ¿si esto pasa en las instalaciones asociadas a la cultura, las que debían tener un mínimo de conciencia al respecto, qué esperar de otras quizás menos encumbradas, estudiadas, menos afines con la cuestión?

¿Cómo exigir respeto al vendedor de la tienda, al empleado de vivienda, de comunales… (sin demeritar a nadie), si el maltrato comienza en el propio patio?

Si la incultura impera en las instituciones culturales, y entiéndase por ello falta de educación: ¿a quién reclamar?, ¿quién ampara a los ciudadanos?

Algunas cuestiones a tener en la mira para hacer más llevadera la existencia, la convivencia social; y que exigen inmediatez. Ahora mismo, van con retraso (ACN).


ACN

 
ACN