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Publicado el 10 Abril, 2017 por ACN en Cultura
 
 

La Periquera: historia y leyendas

Claudia Patricia Domínguez del Río

 

radiorebelde.cu

   Monumento Nacional, el Museo de Historia La Periquera, de Holguín, guarda en sus entrañas tesoros de extraordinario valor patrimonial, a los cuales se unen anécdotas y leyendas populares que trascienden hasta nuestros días.

   El terreno que hoy ocupa este importante exponente de la arquitectura neoclásica perteneció inicialmente a Pepa Cardé, quien lo utilizaba como valla de gallos, actividad de gran popularidad en aquellos tiempos. Luego fue vendido al español Francisco Rondán para la construcción de un palacete, una casa diferente a todas las de la época.

  Bajo este propósito,  Rondán, uno de los terratenientes de mayor poder adquisitivo en el territorio y dueño de varias fincas ganaderas e ingenios, inició la obra alrededor del año 1860, la cual se extendió unos ocho años, según investigaciones de José Agustín García Castañeda, destacado antropólogo de la urbe.

   Con el estallido de la guerra de independencia en 1868,  el inmueble comenzó a ser usado como fortaleza militar por el gobierno peninsular, mientras que algunas de las familias más influyentes del pueblo encontraron refugio allí.

  Fue uno de esos días posteriores al estallido bélico,  cuando se produjo un ataque mambí bajo las órdenes del General Julio Grave de Peralta. Era la Casa Rondán el único punto que faltaba por tomar y comenzó a ser atacada por los insurrectos desde la Plaza de Armas, hoy parque Calixto García.

  A la edificación habían sido llevados todos los prisioneros por temor a que estos fuesen liberados, y entre los reos se encontraba justamente Juana de la Torre, de las heroínas holguineras más genuinas de la historia patria y a quien utilizaron para detener el ataque.

  Petición a la que ella respondió sin miramientos asomada desde uno de los balcones: “Si debo morir bajo los escombros de este edificio para que triunfe la causa justa que no se detenga un momento el fuego del cañón”.

  Tras tal hecho fue que nació el nombre de “La Periquera”; pues los mambises le gritaban a sus oponentes: “salgan de la jaula pericos”, en alusión a los colores de sus uniformes.

   Desde entonces se estableció allí  la comandancia del ejército y sirvió de vivienda a varios gobernadores, entre ellos Agustín Peláez,  que- según cuentan- estaba casado con una bella mujer, quien se enamoró perdidamente de un joven capitán del cuerpo de voluntarios.

 Los jóvenes Ana Sánchez Roblejo y Serafín Irioste vivieron su historia de amor en el túnel de La Periquera, el cual servía de aljibe a las Iglesias San José, San Isidoro, el Hospital Militar, el Cuartel del Ejército Español y los fortines ubicados en las estribaciones de la Loma de la Cruz.

  Hasta un día que una falsa alarma hizo que se cerraran las compuertas de hierro que separaban uno y otro departamento anegando de agua en pocos minutos todas sus secciones, al normalizarse las actividades fueron encontrados sin vida los cuerpos de los amantes.

   Él fue enterrado con todos los honores mientras que a ella le colocaron una lápida junto a su tumba en la falda de la Loma de la Cruz que rezaba: “A doña Ana Sánchez Roblejo que pudo morir en su lecho lleno de virtudes y murió sin honra en el túnel de La Periquera”.

  Tiempo después el párroco de la iglesia retiró la inscripción con la esperanza de que los pobladores olvidaran lo ocurrido; sin embargo, la historia se perpetuó en la sugestión de varias generaciones, quienes aseguran que en las noches se escuchan las voces y risas de las almas de los enamorados que aún deambulan por el túnel.

  La primera función de cine constituyó otro de los momentos culturales de significativa importancia en la ciudad oriental, que atrapó la atención de todos los holguineros el 25 de noviembre de 1895, proyectada una y otra vez también desde este emblemático sitio.
 
   Sin embargo, a pesar de la historia que ya acumulaba en todos estos años, el edificio vivió su gran momento de cubanía cuando desplegó desde el balcón central por primera vez la bandera cubana, instante en el que el patriota José Ramón Torres expresó:  “Bandera de mis amores ya estás en tu sitio de honor”.

   El suceso ocurrió un 20 de mayo de 1902 como parte de la ceremonia de constitución de la alcaldía, de la cual formaba parte como concejal Pepe Torres y aseguran los historiadores que fue un momento de gran conmoción ya que tras esas palabras la lluvia acompañó las lágrimas de infinito orgullo de los holguineros.  

  Acciones heroicas, nacionalistas y de amor acompañan las raíces de la institución más emblemática de la urbe,  la cual guarda en cada una de sus historias y leyendas la identidad de los holguineros de hoy.   (ACN)


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