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Publicado el 27 Abril, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

La reivindicación necesaria

La democratización de nuevos lenguajes y saberes de-be acompañar el reconocimiento de la creatividad para producir en la televisión.
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Protagonistas telenovela brasileña “Rastros de mentiras”

En el panorama audiovisual nuevas formas de creación de contenidos dan lugar a hibridaciones entre televisión y red. Receptores o usuarios intercambian ideas, mensajes, textos, ficciones, en el entorno mediático.

No obstante, el que representa la telenovela mantiene plena vigencia. En ella lidera una estrategia comunicativa configurada tanto desde la producción como el consumo y el reconocimiento en el que interviene el hábito de las mayorías, pues el vínculo con el espectador es emotivo.

Académicos de varios países acuden al género para explorar la identidad nacional, las culturas populares, la relación entre la televisión y la existencia cotidiana mediante el abordaje de conflictos, actitudes, filosofías ante la vida.

Quizás poco se habla de la perdurabilidad y la presencia intemporal de sentimientos, valores, emociones, que aparecen en el discurso telenovelesco y forman parte inseparable de la condición humana. Lo evidencia la puesta brasileña Rastros de mentiras (Cubavisión, lunes a viernes, 9:00 p.m.) con caracterizaciones de personajes-tipos ubicados en bandos en pugna para mantener la lucha entre el bien y el mal.

La matriz de amor-pasión, deseo-odio, lidera en los elementos de la intriga, en lo que dicen y lo que hacen actores y actrices de acuerdo con los roles respectivos en la trama. En este sentido descuellan el Félix, de Matheus Solano; la Marcia, de Elizabeth Savalla; y la Valdirene, de Tatá Werneck.

En ellos la relación del diálogo con situaciones inmediatas se manifiesta en la retórica egocéntrica que los individualiza. Cada uno aporta doble codificación al proceso verbal dialogado. Asume el concepto de estrategia conversacional mediante el refinamiento, la inteligencia y el humor, cualidades de una épica de vida concebida para la telenovela.

Estos intérpretes son conscientes de que no basta la acción orgánica si esta no se nutre con una dimensión interior. El ritmo, la gestualidad, la dinámica del impulso, subyacen en la interpretación de por qué actúan de una manera u otra. Tal vez molestan la elección dramatúrgica de Félix o la fatuidad de Valdirene y Marcia, pero desde el punto de vista actoral responden al diseño de sus tesituras.

La valía de los sentimientos, de la ética, es imprescindible en el género y en la vida real. Ante la pantalla, quién no ha expresado a veces: “Sé lo que es pasar por eso”, o “comprendo perfectamente esa actitud”. Aunque la telenovela presenta un discurso fragmentado, sucesivos cortes o conflictos relegados, en ella opera la analogía entre emociones inherentes al humano en cualquier época, país o contexto.

La telenovela merece ser reivindicada. En Cuba, el género tiene una larga tradición. Félix B. Caignet destacó hace más de 50 años la importancia de la oralidad y de las matrices populares en la elaboración de las radionovelas. Más tarde, telenovelas y series patentizan contradicciones de la modernidad en América Latina y otros lugares del mundo. Por ello no podemos renunciar a la dinámica de la cultura cotidiana de las mayorías; se impone en el panorama televisual la permanencia de formas de enunciación y sintaxis narrativas que reconozcan experiencias de apropiación e invención de estéticas contemporáneas.

Hay mucho que decir. La democratización de nuevos lenguajes y saberes debe acompañar el reconocimiento de la creatividad para producir en la televisión. Es necesario articular temáticas, géneros dramáticos, puestas, que respondan a la actualización tecnológica y la competencia comunicativa para dialogar con públicos diversos necesitados de compartir vivencias, reflexiones sobre el ser y el hacer de la sociedad de hoy.

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Sahily Tabares

 
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