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Publicado el 17 Abril, 2017 por ACN en Cultura
 
 

Los güijes viven en las gentes

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Marta Hernández

Santa Clara, 16 abr (ACN) Los Güijes  son parte del imaginario popular de Cuba, esos negritos chiquitos, cabezones y de ojos saltones, que andan desnudos o ligeramente cubiertos de bejucos, protagonizan historias diversas en los campos de la Isla.

Son duendes protectores de las plantas, animales, ríos y arroyos, truecan los caminos y destinos de las personas y también roban dulces y chucherías.

Muchos lugareños cuentan que en momentos de enojo e ira pueden destrozar potreros y hasta devorar animales.

En cada pueblo cubano existe por lo menos un relato sobre ellos, narrado por personas de los diferentes grupos etarios y profesiones, nadie escapa a la magia de esos seres pequeños enamoradizos, que en ocasiones pretenden a las muchachas más lindas de los poblados.

Santa Clara también tiene su güije, esta ciudad nacida entre dos ríos recuerda narraciones de los ágiles personajes que viven escondidos en las cuevas cercanas a las corrientes, y entre la vegetación de los lugares.

De mano de Ramón Limonte, llegó el mítico personaje al boulevard de la ciudad. Allí en una  de las esquinas más concurridas, desde hace unas dos décadas, está el ser mitológico conformado por piedras de diversos colores, las que fueron extraídas de varias canteras villaclareñas.

El artista, quien comenzó su vida profesional junto a Samuel Feijoo, en la revista Signos, mantiene en su obra “ El Monumento al Güije”,  las peculiaridades de esa tendencia plástica que caracteriza aún hoy a los creadores de la zona central de Cuba.

Ramón explicó a la ACN que existe la imagen estereotipada de los güijes como niños negros de melena riza y despeinada que saltan y corren entre los árboles, pero en sus indagaciones antropológicas conoció que todos aquellos que aseguran haberlos visto lo describen de una manera diferente.

Por esa razón en el diseño recreó la exuberancia de las  creencias populares en esta región de la Isla y le adicionó elementos propios.

Es la única representación de un güije con sexo, en este caso masculino, sus genitales externos semejan una pequeña lanza que pende entre sus piernas.

Sobre su cabeza tres pequeños cuernos, dos mayores y uno pequeño le dan a la figura una imagen diferente a la habitualmente conocida.

Uno de sus brazos termina en una muela de cangrejo y el otro en una mano similar a la humana, mientras que las piernas concluyen en pies que parecen ser patas de ranas o de otro animal acuático.

Este monumento al güije está conformado en piedras verdes, con los ojos, y la boca en blanco y otros detalles naranjas en el cuerpo, el resto de la pared es de calizas.

Recuerda Ramón que demoro varios años en realizar el trabajo, primero por la ubicación, extracción, transportación y corte de las piedras.

Luego, la creación del monumento sobre una pared vertical, lo que implicó más trabajo para poder colocar cada pedazo en la posición correcta sin caer.

Los años han pasado, y por esa calle miles de personas cruzan una y otra vez, muchas se detienen a observar la escultura que desafiante e hidalga preside uno de los sitios más concurridos de la ciudad.

El Güije de Santa Clara, como le llaman, es un recordatorio citadino a la perdurabilidad del misticismo en la era moderna y una reafirmación de que esos seres icónicos viven en las gentes, quienes le dotan con sus propias cualidades y características.


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