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Publicado el 25 Abril, 2017 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Risa en tinta

Como si aquello de “a mal tiempo buena cara” fuera el onceno mandamiento, en San Antonio de los Baños celebraron la 20ª Bienal Internacional de Humorismo Gráfico
Foto:Eduardo Leyva Benítez

Numerosas exposiciones acompañaron el concurso de la Bienal, entre ellas estas ilustraciones de Ramiro Zardoyas.

Como si aquello de “a mal tiempo buena cara” fuera el onceno mandamiento, en San Antonio de los Baños celebraron la 20ª Bienal Internacional de Humorismo Gráfico. Auspiciada por el Círculo de Humoristas e Historietistas de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y el Museo del Humor del municipio, congregó a inicios de abril -allí y en subsedes de La Habana- a caricaturistas, ilustradores e historietistas de varios países. Meses antes llegaron valijas con obras de 79 autores, procedentes de 20 naciones, muchas expedidas desde Brasil e Irán.

La mencionada localidad de la provincia Artemisa es conocida como la “Capital del Humor”. Allí se aplatanó José Luis el Gallego Posada, y nacieron el pintor Eduardo Abela (1889-1965) y René de la Nuez (1937-2015) -creadores de los clásicos del choteo político El Bobo y El Loquito, respectivamente- así como Ángel Boligán (1965), notable dibujante editorial asentado en México.

Cuando el equipo de BOHEMIA visitó el pueblo en Bienal, a orillas de la parda corriente del Ariguanabo se habían esparcido los comerciantes y lugareños. El aire olía a fritangas. El mural colectivo Paz, luego existo –pintado pocos días antes– estaba escondido por una gran pantalla en la cual un Dj proyectaría, hasta que se secara el Malecón, los videos de cantantes de moda. Como el sol a plomo calentaba las cabezas, nos refugiamos en la Galería Eduardo Abela.

Ese centro acogió varias de las exposiciones colaterales: Carlos de Armas y Brady Izquierdo reunieron en Voces y rostros de América caricaturas personales que hicieran a relevantes músicos del continente; una muestra rindió homenaje a Rafael Fornés Collado en su centenario, mediante la exhibición de varias historietas con su personaje Don Sabino; otra sacó de los archivos las creaciones que han merecido grandes premios en la historia del evento. Ramiro Zardoyas también desplegó un conjunto de sus dibujos (La línea perpetua) utilizados como modelos en el estudio de tatuajes La Marca.

El joven ilustrador ha participado en cinco de estas bienales y reconoce la importancia del evento para el fomento de la gráfica, por eso lamenta que no tenga más visibilidad: “Sus métodos de promoción son obsoletos, funcionaban hace décadas, pero estamos en otro escenario. ¿Por qué no tiene, un sitio web, al menos un simple blog o una página en Facebook?”, dijo a BOHEMIA.

Coincidimos, al tiempo que tratamos de imaginar razones para que los organizadores no crearan –en una oficina institucional o un parque con Wi-Fi– el espacio exclusivo donde ver el patrimonio de bienales pasadas y promocionar esta. Sardoyas también sugiere que se publicite en programas televisivos de más inmediatez y audiencia, en portadas de revistas, cajas de fósforos, grandes vallas en las calles…

Aprovechamos el diálogo y le preguntamos sobre el paisaje del humorismo gráfico en el país. Respondió: “Hay muchos jóvenes haciéndolo, pero todavía los medios y editoriales importantes no asumen esa fuerza como debieran. He visto en publicaciones nacionales caricaturas extranjeras, tomadas de Internet y a veces sin referenciar el autor. ¡Con tantos ilustradores que hay en Cuba!”

Foto:EDuardo Leyva Benítez

Según Carlos Fuentes Hierrezuelo, presidente del jurado: “Hay que hacer mejor promoción para lograr que participen, como antaño, grandes de la gráfica internacional”.

En verdad son numerosos, y de calidad. Basta mirar la gran representación de la Isla entre las 133 obras en concurso que se exhibirán hasta agosto en el Salón Internacional ubicado en el Museo del Humor: José Luis López Palacios, Lázaro Laz Miranda, Osvaldo Osval Gutiérrez, Pedro Méndez, entre otros. También las exposiciones inauguradas en la capital: Moro, más allá de la costa (Sala Avellaneda del Teatro Nacional), de Michel Moro; la colectiva Cartoon Club (Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba), sobre un proyecto de Ángel Boligán para aglutinar dibujantes latinoamericanos; y Una buena impresión (Estudio Ares), de Yaimel López.

Carlos Charly Fuentes Hierrezuelo, diseñador e ilustrador de la Casa Editora Abril, presidió el jurado que integraron Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba, y María Elena Arango (Cuba), Cristina Sampaio (Portugal), Marilena Nardi (Italia), Orlando Morales Henao (Colombia), junto al profesor e investigador John A. Lent (Estados Unidos).

Según Carlos Fuentes, en declaraciones exclusivas para esta revista, aconteció un buen encuentro, organizado y con obras de calidad, entre las que destacó las pertenecientes a las categorías de Sátira política y Humor general. “Sobresalió la participación cubana y es lamentable que no hayamos recibido más obras de grandes caricaturistas extranjeros como en otros años”.

¿Se aventura a decirnos la causa?, indagamos. De nuevo un fantasma recorre la Bienal: tiene que ver con su poca visibilidad para el mundo. “No basta dar la convocatoria de forma personal a nuestros amigos, o enviarla por una lista de correos electrónicos. Debería haber un sitio oficial, de rica visualidad, que la respalde como evento legítimo, de tradición”.

¿Pudo ver alguna tendencia entre las obras nacionales presentadas al concurso? El presidente del jurado afirma que siempre escasea la historieta, porque es un género complejo y lleva un guion. También se necesita potenciar la fotografía humorística. “Las nuevas generaciones están imprimiéndole un carácter más plástico a sus trabajos, usan mejor el color y tienden menos al facilismo, se resisten a soluciones visuales comunes provocadas por la inmediatez. Abundan las buenas manos detrás de la idea ingeniosa”, concluye.

Foto: Eduardo Leyva Benítez

Alfredo Martirena conquistó premios en casi todas las categorías del certamen.

Alfredo Martirena Hernández mereció el Gran Premio Eduardo Abela por el conjunto de la obra presentada en varias categorías. Según el fallo del tribunal, combinó la calidad gráfica de su trazo elegante, sintético y claro con la aguda reflexión sobre los temas tratados. Hasta de los terribles problemas que dibuja, “emerge un humor que regala una visión positiva del mundo”.

El triunfador, caricaturista del suplemento Melaíto del periódico Vanguardia (Villa Clara), interpreta la actualidad apelando al ingenio y la síntesis, recursos propios de la citada expresión gráfica. Enfocarse en temas universales –cómo el mal uso de la tecnología afecta al individuo, la violencia de género, el terror Trump, lo positivo y lo negativo de la globalización- por lo general sin usar globos de diálogos, le ha permitido una rápida comunicación con públicos diversos.

Foto:Eduardo Leyva Benítez

Trump, el castigador, caricatura personal de Martirena.

Martirena comparte el criterio de muchos de los que conversaron con BOHEMIA, o intervinieron en el coloquio Bienales del Humor, recuento y proyecciones, realizado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Es preciso modificar las bases y estrategias de la cita. Al tiempo que  ponderó el nivel de los profesionales cubanos, así como el valor del evento y el museo para la historia del humorismo gráfico internacional, sugirió permitir que los concursantes –sobre todo los extranjeros– envíen sus trabajos por Internet, que no se condicione su participación a que manden los originales. “La Bienal tiene un espacio ganado a nivel mundial, que puede perder”, aseveró.

Es que a pesar de instituirse el premio Tomy online, la Bienal parece no haber migrado al territorio digital, camino indispensable para que se conozca la buena salud del humorismo gráfico cubano, su rostro lozano e irónico.

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Raul Medina Orama

 
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