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Publicado el 26 Abril, 2017 por Aleida Cabrera en Cultura
 
 

SERIES TV

Un rostro nuevo en la pantalla chica (+ Video)

Ingrid Lobaina Ruiz, graduada de la Escuela Nacional de Arte, una de las jóvenes protagonistas de Rompiendo el silencio
 (Foto de MARCIA RÍOS CABRERA)

Ingrid Lobaina Ruiz, protagonista de la serie Rompiendo el silencio. Foto de MARCIA RÍOS CABRERA

Una muchachita de primaria llegó al taller de actuación que impartía el equipo de instructores de La Colmenita, en el Poligráfico Granma, para los niños del municipio de Plaza de la Revolución. Por su buen desempeño pasó a integrar esa compañía, y así comenzó su ascenso en la actuación.

A inicios de este año tuvo su primer acercamiento a la televisión al interpretar el personaje de Yulieski, un joven transexual. Acerca de esa experiencia, conversa para los lectores de BOHEMIA.

–¿Cuál fue la preparación para el personaje de Yulieski?

–Sinceramente, en el proceso previo no tuve contacto con ningún transexual, solo me informé sobre el tema. Enfoqué el trabajo en buscar cosas que me motivaran: primero como persona y en lo que estaba planteando el personaje. La ayuda de Chiong, con su visión sobre el tema y sus indicaciones fue fundamental.

“En la casa donde se grabaron las primeras escenas vivía una persona vinculada a este ambiente que me ayudó muchísimo en ese momento. Me mostró su manera de ver las cosas, y sufrió conmigo el proceso inicial de grabación, que fue el más fuerte y violento”.

(Foto Captura de video ANARAY LORENZO)

“El papel de Yulieski posibilitó mi entrada a la televisión”. Foto Captura de video ANARAY LORENZO

–¿Cuál fue el momento más difícil para ti durante la grabación?

–Todos los momentos fueron difíciles. Sentía una gran responsabilidad desde que entraba caminando hasta que decía un parlamento, al ser la voz y defensora de un personaje con esas características, como pocas veces se ha visto en la TV cubana. Lo que hemos podido apreciar hasta ahora, está muy cerca del cliché, del estereotipo, de la cosa un poco bufa. Este papel, además, posibilitó mi entrada al medio televisivo.

–¿Te sentiste satisfecha con este personaje?

–Uno nunca está satisfecho, siempre encuentra algún que otro detalle; no diré que no estoy feliz, pero no me gusta conformarme con lo que hago, me gusta exigirme mucho más.

–Tus primeros pasos en el mundo artístico fueron en la compañía infantil La Colmenita. ¿Qué te aportó en tu formación personal y profesional?

–La Colmenita es una escuela que me abrió los ojos al mundo de la actuación y a toda la maravilla y magia que puede traer eso consigo. Cuando se es niño, se tiene la sensibilidad a flor de piel y acercarse a ese mundo de manera tan fantástica fue muy importante, porque me ayudó a comprender muchas cosas cuando ingresé en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y tenía incorporadas a manera de juego.

“Me sentía con cierta ventaja respecto a mis compañeros de carrera. A ellos a veces les era un poco complicado enfrentarse a ese mundo, sin haber tenido un acercamiento previo, porque ya habían pasado la niñez y eran adolescentes.

En 2010 recibió un reconocimiento especial, otorgado por el jurado de los Premios Adolfo LLauradó, debido a su actuación en la obra Y sin embargo. Foto: CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA

“La Colmenita me permitió ampliar el universo cultural; escuchábamos muy buena música, nos enseñaban a bailar, a aprender idiomas y estudiar la obra de José Martí”.

–¿Cómo la familia se involucró durante tu época en La colmenita?

–Todos los días de mi vida me levanto y le agradezco a quien tenga que agradecerle, el hecho de que mi familia haya sabido aceptarme, aunque a veces no me comprendía en todo.

“La familia, siempre ha estado apoyándome e impulsándome, siguiendo cada una de mis locuras, antojos, cada viaje al exterior. Acompañándome a todas las actividades y quedándose hasta tarde esperando que culminara un ensayo o actuación.

–¿Formar parte de esta compañía te facilitó la entrada a la Escuela de Arte?

–La Escuela Nacional de Arte y el colectivo de profesores que hacen las captaciones, siempre han tenido muy claro que cuando estamos en ese punto de audiciones todos somos iguales. Nunca hubo un trato diferenciado con ninguno de nosotros; ni se nos exigió más, ni se nos trató como menos, por el contrario.

–¿En qué fecha culminaste tus estudios en la ENA y qué recuerdos tienes de esa etapa?

–En el año 2014. La escuela fue una etapa bastante dura, pero muy hermosa, fue como culminar un ciclo: de los juegos infantiles al mundo del teatro profesional. Hubo cosas que me costó comprender y vicios en los que tuve que trabajar; ya no era un grupo de teatro infantil, el rigor era diferente, otro tipo de público, otros dramaturgos.

“Los profesores son muy exigentes en la preparación de actores. Hay que transitar por muchas experiencias: teatro cubano, norteamericano o siglo de oro español. Era meterse en todos esos personajes que no coincidían con nosotros en edad o vivencias”.

En el grupo de teatro El público con la obra El Decamerón.
Foto:JOEL HERNÁNDEZ MARÍN

–El servicio social lo haces en el grupo de teatro El Público. ¿Vivencias como actriz?

–Como tal no hice servicio social. Una vez que termino la ENA hago las pruebas de aptitud en la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) y soy aceptada. El director del grupo de teatro Carlos Díaz, tenía pensado poner en escena el espectáculo con el que nos habíamos graduado. Él y Osvaldo Doimeadiós, que además fueron los que montaron la tesis, me preguntaron si tenía algún problema con seguir haciendo la puesta. Sin pensarlo dos veces acepté, pues era una oportunidad única. Compartimos con los mismos compañeros, estábamos actuando y debutando como actores profesionales.

“Estar sobre un escenario tan prestigioso, aprender de maestros como Doimeadiós y Díaz, interactuar también con alumnos recién graduados del Instituto Superior de Arte (ISA) y actores de experiencia fue maravilloso”.

–Otra faceta de tu vida es la fotografía, ¿cómo llegas hasta este arte?  

–Desde niña he tenido inquietudes artísticas y esta es la manera que me ha resultado más fácil para expresar lo que siento o pienso. No quiere decir que lo haga bien o mal, sino que es algo que me permite trasmitir. Cuando me tocó decidir, preferí la actuación y siempre me quedó esa inquietud dando vueltas por ahí.

“Descubro la fotografía por mi mejor amigo y realmente me encantó la idea de concentrar en un cuadro un mensaje, una idea o sentimiento. Me gusta manipular la fotografía que hago, crear o componer las imágenes; es posiblemente donde mejor me puedo expresar”

–¿Por qué dentro del Instituto Superior de Arte eliges la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual y no la actuación?

–El plan de estudio de la ENA es muy abarcador. Me decían que con el título podría alcanzar ciertas metas a nivel actoral, pero me fui de la escuela convencida de que aprendí mucho y de que había atravesado un proceso de maduración, gracias a los conocimientos adquiridos, por eso no sentí la necesidad de ingresar en actuación. Son planes muy similares, y serian cinco años de mi vida topándome con algo que ya me era familiar y yo tenía sed de otras cosas.

“En FAMCA no había que hacer pruebas de ingreso en matemáticas, soy mala con los números, además, saciaría mis inquietudes fotográficas, y asumiría la actuación desde otra perspectiva. Actualmente curso el tercer año de la carrera”.

–¿Qué sueños persigue Ingrid Lobaina Ruiz?

–Es complicado porque todos los días me levanto con uno nuevo y me cuesta trabajo decidirme. Como planes inmediatos, aprender mucho, ponerme al día en lo que acontece, y a cada joven corresponde estar informado del acontecer político y social.

“Para el futuro, me gustaría tener mi propia empresa audiovisual, pero no estoy apurada con eso, sé que todavía me faltan cosas por asimilar. Para cuando me decida debo contar con las herramientas necesarias. Actuar también está en mis planes, eso no ha dejado de ser proyecto en mi vida.

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Aleida Cabrera

 
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