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Publicado el 23 Mayo, 2017 por Tania Chappi en Cultura
 
 

DANZA: Salvaguardando la identidad

La cultura popular tradicional defiende su valía y rinde homenaje al Ballet de Camagüey, a la enseñanza artística, en su aniversario 50, y al Conjunto Folklórico Nacional por su cumpleaños 55
Salvaguardando la identidad.

Babul desafió el mal tiempo y no defraudó al público.

Por TANIA CHAPPI

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Bajo el aguacero, el Ballet Folklórico Babul danza. Decenas de espectadores, incluidos numerosos niños, observan y hasta marcan el ritmo con sus pies, resguardados bajo aleros y marquesinas en esta calle República de un Camagüey que lleva días disfrutando de la octava edición del Olorum. A pocas cuadras, guarecidos en los establecimientos que rodean la Plaza del Gallo, también en el centro de la urbe, se impacientan quienes aquí concursarán en las competencias A bailar casino y Encuentro de Rumberos.

Ya ha concluido el habitual evento teórico, que durante dos jornadas se concentró en salvaguardar, dentro de la cultura popular tradicional, géneros como el danzón, la rumba, la conga, los sones montunos y el punto cubano; así mismo se disertó sobre la influencia de las tradiciones haitianas en varias regiones del país. Según varios de sus participantes, las investigaciones presentadas alcanzaron “altísimo nivel científico” y se hicieron propuestas “excelentes, muy bien razonadas y estructuradas”.

Salvaguardando la identidad.

Arlequín estuvo a la altura de sus colegas profesionales.

Debido a la confluencia entre los debates conducidos por diversos expertos, las actuaciones de las compañías músico danzarias –provenientes de varias provincias– y la entusiasta asistencia del pueblo camagüeyano a los espectáculos, “el Olorum es imprescindible en la provincia y un paradigma en el país”; se trata de “un evento de pueblo”, cuyas presentaciones atraen a numerosas personas a los parques y otros espacios públicos, así como a las salas teatrales más importantes de la ciudad, asevera José Elías Gomero Díaz, presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

Vestidos de gala

Noche tras noche viene repitiéndose la misma escena. A la entrada del Principal, deseosos por alcanzar los mejores asientos, se agolpan familias completas y grupos de jóvenes. No es algo circunstancial, sino una experiencia frecuente para Gregorio Márquez Flores, quien desde hace un lustro dirige la emblemática institución y considera que este encuentro, con frecuencia bienal, ha logrado enraizarse en el territorio; siempre convoca a un nutrido auditorio en el cual convergen personas de disímiles profesiones y nivel cultural.

Las conversaciones y saludos van cediendo mientras se descorre el telón y el Conjunto Folklórico Nacional se apodera del escenario. Nuevamente emociona la energía de los movimientos, de la música ancestral. La concurrencia no escatima aplausos, bravos. Igual sucedió en las jornadas anteriores, cuando aquí, y en el teatro Avellaneda, actuaron el Ballet de Camagüey, Endedans, Bonito Patuá, la agrupación infantil Arlequín, los muchachos de la Escuela Vocacional de Arte camagüeyana y de ISA Danza, Rumbatá (sobre cuyo director, Wilmer Ferrán, recayó esta vez el Premio Olorum), entre otros.

Salvaguardando la identidad.

Esta vez el Ballet Folklórico de Camagüey cerró el evento con la Suite de bailes cubanos.

Luego llegará el turno al Ballet Folklórico de Camagüey (ya habían ofrecido el espectáculo Bembé en la función inaugural), con Suite de bailes cubanos, “amplísimo panorama, que reta a la compañía” por su complejidad y duración. Al decir de Reinaldo Echemendía Estrada, rector del conjunto, ver esta obra es seguir “buena parte de la historia de la música y la danza en la Isla”.

Sin embargo, para algunos bailarines del grupo el mayor desafío no se halla en el rigor técnico de la multifacética pieza, sino en satisfacer a los espectadores. “El Olorum es el termómetro con el cual medimos cómo estamos a nivel nacional. Además, el público de Camagüey es muy conocedor, exigente, y espera que su compañía anfitriona sea la mejor. Eso nos pone un poco nerviosos antes de salir a escena”, confiesa uno de los intérpretes.

Turistas a la puerta

En la sede del Folklórico, el ensayo general de la Suite… va tomando calor. Hasta la flautista baila mientras acompaña con su instrumento el retumbar de los tambores y de las chancletas sobre el tablado. Fascinados, varios extranjeros entran al vestíbulo. Los danzarines no les prestan atención, ya están habituados.

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Presentación especial de la compañía de Acela Moras.

Rato después Echemendía nos comenta: “Mantenemos la postura de que el turismo se inserte en nuestra cultura, no a la inversa. Al radicar nosotros en el centro histórico, recibimos numerosas visitas, nos solicitan clases y espectáculos. No obstante, la institución correspondiente no ha sabido aprovechar con mayor profundidad ese interés. No hemos podido adentrarnos en sus instalaciones de la ciudad de Camagüey ni del polo turístico de Santa Lucía. Ha habido reuniones entre Cultura, Turismo, la Uneac, pero todo queda en pálidas acciones, no damos un paso positivo importante”.

Del interés despertado fuera del país por la cultura tradicional cubana puede dar fe Acela Moras, quien fuera bailarina, profesora y coreógrafa del Ballet Folklórico de Camagüey. En Boloña, Italia, ofrece cursos de folclor y hasta creó una pequeña compañía danzaria con la que ha retornado a los ámbitos del Olorum.

Convicciones de Maestros

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Clase magistral a cargo de la primera bailarina Silvina Fabars.

Silvina Fabars se mueve entre las filas, corrige posturas, giros; remarca con palmadas el ritmo de los cánticos. Entre los artistas convocados a esta clase magistral nadie sospecha cuánto le duele la rodilla inflamada. La primera bailarina, y especialista del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, no ceja, a sus 73 años, en el deseo de proteger y promover el folclor cubano.

“Él es lo que le da vida a cualquier país, el fundamento de su cultura, de su identidad. No podemos perderlo. El Estado debe mantener y aumentar su apoyo. Siempre digo que no estamos atendiendo como se debe la cultura tradicional popular. Tenemos que cuidarla frente a las influencias de otros lados”, declara a la prensa apenas finalizada la lección. Al mismo tiempo, se muestra muy satisfecha con la calidad de las agrupaciones asistentes al evento y el trabajo desplegado por los organizadores.

Salvaguardando la identidad.

Concurso “A bailar casino”, celebrado en el teatro Avellaneda y no en la Plaza del Gallo, debido a la lluvia.

José Elías Gomero y Reinaldo Echemendía comparten un sueño, que el Olorum se transforme, oficialmente, en el Festival Nacional del Folclor. Avales tiene, pues, de acuerdo con el segundo de los entrevistados, el encuentro no solo “ha logrado que Camagüey se sienta orgulloso de su cultura popular tradicional”, sino que ha alcanzado suficiente valor y sapiencia. Con él –recalca– ayudan a preservar “los cimientos de nuestra proyección actual como nación. Tenemos que salvar nuestra identidad, en este mundo globalizado, mercantilista, y de tanto tener y no ser”.


Tania Chappi

 
Tania Chappi