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Publicado el 24 Mayo, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

LCB, LA OTRA GUERRA: Una epopeya poco contada (+ video)

Acercamiento al proceso creativo de la serie llevada a la pantalla por RTV Comercial y Producciones Patria
Una epopeya poco contada.

Preparación de una de las escenas más impresionantes de la serie.

Por SAHILY TABARES

Fotos: YASSET LLERENA y Cortesía de la serie

La memoria histórica deviene relato complejo, desentrañar ambos desde el audiovisual precisa atender a los nuevos sentidos que se le otorga al arte como espacio de reflexión y proceso creativo. Este condiciona el redescubrimiento de sucesos, conflictos, circunstancias, en tanto construye experiencias estéticas portadoras de un mensaje ético dirigido a públicos diversos.

Así lo asumió el equipo de realización de la teleserie LCB: La otra guerra, con idea original, argumento y guion de Eduardo Vázquez Pérez, a quien se sumaron en la escritura Yaima Sotolongo y Alberto Luberta Martínez, director general.

Una epopeya poco contada.

Los actores Osvaldo Doimeadiós, Mongo, y Roberto Salomón, Macario, (de pie).

A lo largo de 15 capítulos de 45 minutos se recrea la lucha contra bandidos librada en la sierra del Escambray. El marco argumental de la puesta transcurre entre enero de 1961 y octubre de 1962.

Aprehender esencias, pensamientos, complejidades, de un producto comunicativo y artístico que traslada a la pantalla televisual un reservorio de ideas e imágenes exige escuchar a varios de los creadores implicados en la ficción sobre una epopeya poco contada.

Caminos al andar

Para este proyecto el paso inicial lo dio Eduardo Vázquez, acucioso investigador interesado en conflictos humanos y en la temática del bandidismo, “sobre la que escuché los primeros testimonios durante el servicio militar en 1967. Desde entonces sentí gran interés por conocer más acerca de esta.

Una epopeya poco contada.

De izquierda a derecha, Pedro O´Farril, Eduardo Vázquez, general (r) Andrés Leyva y Eliseo Romero, combatientes destacados de la lucha contra bandidos. (Foto: Cortesía de Eduardo Vázquez).

“En 2011 me dirigí al teniente coronel y doctor en Ciencias Históricas, Pedro Etcheverry, subdirector del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, y comenzó a gestarse LCB: La otra guerra. Tanto su asesoría como el apoyo de la institución nos permitieron el acceso a cientos de documentos inéditos, entrevistamos a muchos combatientes destacados en La Habana, Matanzas, Sancti Spíritus y Villa Clara. También hubo apoyo del Museo Nacional de Lucha Contra Bandidos, de Trinidad. Al inicio de 2015, junto con Alberto Luberta, presentamos el proyecto al ICRT, donde fue aceptado. La complejidad de la serie requirió de la coordinación con el Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, instituciones indispensables para producir este audiovisual. Realizamos una labor conjunta”.

Una epopeya poco contada.

La filmación requirió el esfuerzo colectivo.

Destaca el espíritu de equipo que lideró entre los guionistas, “el desempeño de la asesora para la TV, Margarita Ruiz; del asesor histórico, Etcheverry; de Luis Rodríguez, quien por nuestra decisión pasó a ser otro asesor voluntario. A él le debemos muchos detalles, y al coronel (r) Fernando Galindo, que fue jefe de una de las zonas más difíciles del Escambray, y al general (r) Andrés Leyva.

LCB: La otra guerra es una obra de ficción inspirada en hechos reales. Cuando decimos que determinado personaje fue inspirado por tal o cual persona, no significa que se intente hacer su biografía, por eso los nombres reales se han sustituido. El arte busca la imagen nunca el calco. Sufrí mucho escribiendo la serie. Me pareció que revivía cada situación. Si algo caracterizó la lucha contra bandidos fueron la violencia y la crueldad externa. El serial no exhibe escenas más violentas que las de películas consumidas por la población, estas muestran miembros cercenados, cabezas que vuelan. Lamentablemente la violencia y los crímenes más atroces nos esperan diariamente en las noticias mundiales.

Una epopeya poco contada.

Escena con efectos especiales.

“No es la búsqueda de la ‘realidad real’ lo que más daña a las obras artísticas con temas históricos; sino lo contrario, la simplificación, las pretensiones didácticas que la distancian de la realidad, de lo verosímil.

“Toda obra implica una manipulación por sus creadores. Desde que llevas a la pantalla algo ocurrido durante años, y lo vas a concentrar en 90 minutos o en 10 capítulos, tienes la obligación de seleccionar sucesos, determinados aspectos, dejar otros fuera. Estás manipulando el material en función de tu concepción. Si es necesario, uno debe violentar la cronología, suprimir personajes. Como escribió Fidel una vez: Lo importante es la esencia que nunca debe ser alterada. Los detalles son de especial significación para los historiadores más rigurosos”.

Fuera del set

La emoción viaja de voz en voz. Imposible apresar la intensidad de un año y medio de trabajo, las complejidades de una puesta que exigió armamentos, efectos especiales, vestuarios, animales, locaciones, requerimientos de la época y la puesta. El esfuerzo mancomunado de 102 actores, un amplio equipo de técnicos, otros especialistas, y la asesoría del general de brigada (r) Pedro Jorge Romero Alonso, determinaron en la calidad del resultado artístico.

Alberto Luberta destaca la riqueza de la historia desde el punto de vista dramático, “la abordamos a partir de la humanidad de los personajes, de héroes anónimos que pelearon en aquella guerra siendo niños, de milicianos de filas, del campesino y su familia. Los conocí en Meyer, en lo alto del Escambray, donde un grupo que combatió en la tropa del Caballo de Mayaguara recuerda la épica revolucionaria, ellos continúan viviendo en el mismo lugar”.

Alberto Luberta Martínez, coguionista y director general.

Cada escena constituyó un desafío. La orden de acción dinamizó siempre el esfuerzo conjunto, y la dedicación de Alexander Escobar (dirección de fotografía); Gonzalo Aldama (sonido directo), del productor ejecutivo, Nelson Rivera, la producción general de Ariam Rivera, y de Gisela Álvarez, productora de avanzada.

Javier Gómez, director asistente, hizo énfasis en la cohesión del equipo. “De lo contrario no hubiésemos podido enfrentar las dificultades que tuvo el proyecto, pues estuvo detenido un tiempo. La TV ha ido perdiendo cierta capacidad para realizar series históricas. Es preciso seguir incorporando jóvenes a la labor creativa, pues resulta difícil armar colectivos que asuman temáticas bélicas. Existen recursos materiales, pero se necesitan mecanismos que permitan utilizarlos sin trabas burocráticas”.

Sin distancias ni olvidos

En la piel y en la memoria, actores y actrices, conservan infinitas emociones. Adentrarse en la psicología, el ser y el hacer de humanos significa interiorizar angustias, miedos, sospechas, otras vidas. Según han reconocido, la serie les permitió transmitir parte de la historia patria a espectadores de diferentes generaciones.

El actor Raúl Enríquez se siente arraigado en los relatos sobre el Escambray. “Mi padre, con quien me identifiqué, fue combatiente del Ejército Rebelde, de la Columna N° 1 del Comandante en Jefe Fidel Castro. Participó en la lucha contra bandidos y en la contienda en Playa Girón.

“El personaje de Noelio Piñera está basado en Noel Peña, y tiene características de otros bandidos. Busqué informaciones en Trinidad, su lugar de origen, también me ayudaron la calidad del guion, la dirección de Luberta y la asesoría del general Romero.

“Tenemos que dar a conocer lo nuestro para evitar tergiversaciones. En fecha reciente el periódico El Nuevo Herald, de Miami, publicó cuestiones que no responden a la verdad histórica. Están faltos de información y tienen malas intenciones.

“Los personajes no son de cartón, hay que buscarles matices, reacciones. Noelio fue cabo del Ejército Rebelde, y se volvió opositor. Era maquiavélico. Cuando lo capturaron porque se quedó sin municiones tuvo un rasgo positivo: demostró el amor por su hijo. Es Piñera quien ofrece informaciones valiosas para la captura de Osvaldo Ramírez, comandante en jefe de los bandidos. Me propuse aprehender los rasgos de su personalidad. Como suelo hacer en cada trabajo estudié como plasmar diferentes aristas de otra persona”.

El joven actor Ray Cruz disfrutó plenamente interpretar al teniente Sergio. “Un combatiente íntegro, sensible, dedicado, capaz. Está inspirado en Santiago Gutiérrez Oceguera, quien junto a Etcheverry, es uno de los autores del libro Bandidismo una derrota de la CIA en Cuba.

“Trabajamos en lugares intrincados, hostiles, bajo el sol, y calor sofocante, pero la experiencia fue edificante. Luberta confió en nosotros, es exigente, da libertad para que uno enriquezca la construcción del personaje”.

Jennifer González disfrutó el rol de Rosaura.

Jennifer González se siente feliz por su Rosaura. “Es ingenua, sencilla. Está supeditada al machismo imperante en esa época. Participa en una de las pocas historias de amor de la serie. Me encantó trabajar junto a Félix Beatón (Porfirio), quien interpreta a mi padre, y con Osvaldo Doimeadiós (Mongo Castillo), uno de los actores que más admiro en nuestro país. Afronté retos inolvidables, toda actriz joven los necesita para crecer en su desarrollo profesional.

“Traté de perfilar detalles, gestos, el modo de hablar, no me maquillaba para acentuar la naturalidad. Aunque Rosaura es un personaje de ficción, no dudo que existieran muchachas como ella”.

Fernando Echeverría es El Gallo de Cumanayagua. “Parte de un héroe antológico de nuestras luchas contra las bandas del Escambray, El Caballo de Mayaguara. La idea es rendir tributo a todos los héroes, anónimos o no, a partir de un líder popular, hijo de la misma zona donde se producen los sucesos narrados. Como base del proceso creativo, el referente directo ha sido El Caballo de Mayaguara, cuyo nombre real era Gustavo Castellón; el resultado es la suma de muchos en uno solo.

Una epopeya poco contada.

“Rendimos tributo a quienes tanto dieron sin pedir nada a cambio”, refirió el actor Fernando Hechevarría.

“Todo proceso de rodaje tiene altas y bajas, desavenencias, alegrías y sinsabores; lo que nos hace superar todo lo adverso es el amor por lo que hacemos, el respeto hacia la obra; no obstante, debemos aprovechar las experiencias adversas para evitar su incidencia en proyectos futuros. Es interés de nuestra sociedad plasmar en productos decorosos la historia, el altruismo y capacidad de entrega de sus hijos, a costa de sus propias vidas en muchos casos, por ende, no puede ser solo interés de los creadores, la solución de la infraestructura necesaria.

“Esta experiencia deja una huella indeleble en mí, en tanto exigió un crecimiento personal y profesional, por encima de los dolores, valida el sentido de amistad donde cada uno, desde su función, fortalece el equipo y enaltece el concepto colectivo de la creación. El arte no es la realidad, es una realidad-otra, en la que el creador devuelve a sus contemporáneos a la posterioridad, con mirada aguda, inteligente, sensible, su personalísima visión de la época que le toca vivir. Si bien cada cual tiene derecho a esperar del creador una respuesta honesta, fiel, de su tiempo, el creador tiene la potestad de emitir una mirada otra de esa realidad, que no implica traicionarla, sino enriquecerla con el poder del arte para revelarnos sus infinitas perspectivas”.

Ver también: “Nadie puede borrar historias como estas”


Sahily Tabares

 
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