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Publicado el 26 Mayo, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Muñoz Bachs en el reino de este mundo

Acercamiento a la exposición del más importante exponente del cartel cubano cinematográfico. Reencontrar una parte de su amplia y diversa obra en la muestra, que acoge la habanera galería El reino de este mundo, en la Biblioteca Nacional José Martí, propicia desandar el camino que él gestó con la pericia del consagrado
Muñoz Bachs en el reino de este mundo.

Historias de la Revolución (1960) fue el primer cartel diseñado por Eduardo Muñoz Bachs.

Por SAHILY TABARES

Fotos: YASSET LLERENA

Lo recuerdo –quizás no era así– como un hombre de pocas palabras. Tal vez porque apenas tuve la oportunidad de escucharlo, intercambiamos saludos y cuando le preguntaba, respondía sobre la visualidad sugerente de sus pinturas, las metáforas en el diseño en carteles cinematográficos y cuentos infantiles. Hablaba despacio, sentía la intensidad de las palabras, y en ellas, al parecer, el enérgico trazo que su mano llevaba con el ritmo de quien conoce la fuerza de la línea –apresarla exige talento más que habilidad. Lo encontré con frecuencia en el vestíbulo del periódico Granma, donde esperaba pacientemente a la esposa, Haydée, “la mayor felicidad cotidiana”, según reconoció en una entrevista. El brillo de la mirada de Eduardo Muñoz Bachs (Valencia, 1937-La Habana, 2001) no era el de alguien distraído, triste, sino ensimismado en el silencio, en el paso del tiempo o en imágenes vistas, algunas amalgamadas en espacios recónditos de la memoria.

Reencontrar una parte de su amplia y diversa obra en la muestra Todos los mundos de Bachs, que acoge la habanera galería El reino de este mundo, en la Biblioteca Nacional José Martí, propicia desandar el camino que él gestó con la pericia del artista consagrado.

La curadora Sara Vega y el diseñador Fabián Muñoz, hijo del emblemático artista, reunieron 150 carteles, e ilustraciones de libros infantiles, dibujos animados y documentales sobre la gráfica del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, a los que mucho aportó Muñoz Bachs. Él recibió cerca de 30 reconocimientos en Cuba y otros países, entre ellos, el primer y tercer premios en el Concurso Internacional de Carteles de Cine, en Hollywood (1978) y el Premio Salón de Artes Plásticas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y del Ministerio de Cultura, a las mejores ilustraciones presentadas en esta sede (1985).

Muñoz Bachs en el reino de este mundo.

El público disfrutó de su amplia cartelística.

Mundos infinitos

El valor estético de su estilo como diseñador, dibujante, ilustrador y pintor, se revela en la exposición en la que no podía faltar el cartel de la primera película que realiza la Revolución Cubana: Historias de la Revolución, del director Tomás Gutiérrez Alea, Titón. Para Bachs, la experiencia de 1961 fue detonante, brújula en los pasos necesarios en la construcción de su discurso artístico; este entraña un cúmulo de ideas, emociones, de significado connotativo que inducen temas, personajes, sucesos, relatos, el creador los visualiza desde la mirada intuitiva, perspicaz, y la asimilación de una cultura visual. En ella lideran el dibujo, el cromatismo contrastante del arte pop, en ocasiones el manejo de recursos expresivos aprehendidos mediante el estudio, la disciplina, la capacidad de dar libertad a la imaginación y al intelecto.

Sorprendente, nunca repetitivo, Bachs demuestra una impronta ilustrativa de rica plasticidad. Acude a la tipografía dibujada, por su relación empática con la letra manuscrita, defiende la síntesis del concepto, el complemento visual preciso.

En el cartel Niños desaparecidos (1985) el artista es lacónico en la ilustración, utiliza una topografía industrial, interpreta el dramatismo del relato cinematográfico, por ello utiliza la pelota abandonada sobre fondo negro que evidencia el vacío, la angustia de la pérdida.

Muñoz Bachs en el reino de este mundo.

La ilustración de libros infantiles y otras temáticas formó parte de su cosmovisión artística.

El carácter identitario, lo cubano, protagoniza muchos de los carteles de Muñoz, quien acude a un personaje con sombrero de yarey si es campesino, o gorra verde olivo si guerrillero. El expresionismo poético del artista emerge en la narrativa que diseña, acude a peces, aves, objetos y humanos devenidos símbolos en el quehacer de un creador comprometido, revolucionario, leal.

Al identificarse con Charlot, su mayor símbolo, dio rienda suelta a la espiritualidad. El humor que emerge del personaje chaplinesco tiende puentes entre lo trágico y lo divertido sin abandonar silencios, asociaciones provocadoras, el buceo en lo humano y lo divino, la filiación expresionista, el influjo surrealista, las influencias de Chagall, Picasso, Modigliani, entre otros artistas.

Es difícil captar la cosmovisión del mundo de Muñoz Bachs, su elocuencia trasciende el espacio de estos apuntes que pretenden revisitar aspectos de una obra sólida, síntesis de la valía del mejor cartel cubano. No es casual en su producción la coincidencia del humor y la ironía, el dibujo, la policromía, la imaginación, el riesgo, valores interiorizados por un hombre “silencioso” que en más de 2 000 carteles y en las ilustraciones de libros habla para todos los tiempos.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares