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Publicado el 1 Junio, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: El amor en tiempos difíciles

El medio televisivo les habla a espectadores formados en prácticas mediáticas, en las cuales se generan experimentaciones que reclaman una participación activa de quienes ante las pantallas buscan ampliar el universo cognoscitivo, la sociabilidad, el disfrute de mundos simbólicos
El amor en tiempos difíciles

Las relaciones de la joven enfermera Jenny Lee con otras colegas y personas del lugar propician el desarrollo de la trama, en la que se exteriorizan disímiles conflictos dramáticos. (Foto: clarin.com).

Por SAHILY TABARES

Desde mediados del siglo XX el mundo ya no funciona en vertientes separadas; la ampliación de las industrias editoriales y audiovisuales diluye el orden que separaba la escritura de las imágenes, la educación del entretenimiento, las informaciones de la comunicación.

El medio televisivo les habla a espectadores formados en prácticas mediáticas, en las cuales se generan experimentaciones que reclaman una participación activa de quienes ante las pantallas buscan ampliar el universo cognoscitivo, la sociabilidad, el disfrute de mundos simbólicos.

La batalla que se libra en el campo audiovisual tiene formas decisivas en el pensamiento, la ideología, la formación de valores, pues la realidad otra del relato contado nutre saberes y experiencias de la vida diaria.

De acuerdo con el escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), “en la literatura solo hay dos grandes temas: la vida y la muerte”. Ambos constituyen el eje narrativo de la serie británica Llama a la partera (Multivisión, de lunes a viernes, 3:00 p.m. y 11:00 p.m.). La puesta se basa en los libros autobiográficos de Jennifer Worth (1935-2011), enfermera y música, quien cuenta sus memorias como comadrona en East End, uno de los barrios más pobres de Londres en la década del 50.

Las relaciones de la joven enfermera Jenny Lee con otras colegas y personas del lugar propician el desarrollo de la trama, en la que se exteriorizan disímiles conflictos dramáticos entre madres e hijas, familias, amistades. A ello contribuyen las acciones, el diseño de iluminación, las analogías de imágenes y sonidos, la calidad de los diálogos, elementos que dan vida a los personajes, denotan el espacio y definen el punto de vista temporal.

¿Una narración en apariencia lejana –debido a ubicaciones de época y país– puede persuadir al espectador contemporáneo? Llama a la partera lo consigue por medio de la construcción dramatúrgica, los textos lingüístico y visual, el montaje, la belleza, la sugestión que emana de otro nivel de realidad.

Al adaptar la obra literaria al medio televisivo, Heidi Thomas busca significados ocultos en conflictos, actitudes, gestos, acciones, presenta los comportamientos humanos en circunstancias particulares. Esta es la esencia para comprender filosofías, odios, emociones, rencores, angustias, expresados en cada capítulo.

Los realizadores de la puesta asumen una posición estética ante el referente literario, son conscientes de que cada medio tiene sintaxis propia, captan la atmósfera sugerente, la perspectiva visual del encuadre, las relaciones entre lo esencial y lo secundario, entre el objeto o la persona de quien se habla, lo que se dice de ambos. La idea de hacer el bien se concreta en una estructura, la cual establece sistemas de relaciones entre niveles de contenidos, códigos y mensajes.

La serie es también una crítica a las imperfecciones de la vida. Mediante revelaciones graduales señala aspectos negativos, sinsabores, debilidades, errores del mundo amargo, poco atractivo, que afecta las relaciones interpersonales, el mejoramiento espiritual y material.

En un universo interconectado, en el que de forma cruenta se manifiesta la violencia de género, resulta imprescindible salvar el amor; este sentimiento se impone en tiempos difíciles, une, fortalece, da bríos a las luchas individuales y colectivas por un mundo mejor.

La violencia no se define por el espacio en el cual ocurre, sino por las relaciones de poder y la naturaleza de los vínculos entre las víctimas y sus agresores. En este sentido es imprescindible estar alertas, series que pasan de mano en mano socializan mitos, manipulaciones y ocultamientos, con el propósito de legitimar el dominio masculino, el uso de la violencia como manera de apoyar el control sobre lo femenino.

Es fundamental mantener en la pantalla televisiva producciones nacionales: cuentos, teatros, series, telenovelas, que pueden esclarecer cómo la cultura patriarcal o machista se expresa mediante normas sociales y culturales, estas se han afianzado por tradiciones e intentan asegurar la sostenibilidad del poder masculino.

Quizás poco se presta atención al abrazo, la mano extendida, la complicidad con el otro humano para hacer el bien. Instaurar el amor en tiempos difíciles propicia hacer visibles socialmente valores éticos, estéticos, culturales, artísticos. La recreación audiovisual de los relatos en que se expresa la cultura común tiende puentes de entendimiento, comprensión, cercanía, entre las personas en cualquier lugar del planeta.

De ningún modo olvidemos que los medios de comunicación masiva son texto y contexto, es imposible analizar los discursos mediáticos aislados de las sociedades en las cuales se producen y circulan. Leer imágenes, sonidos, palabras, gestos, actuaciones, resulta imprescindible para disfrutar de forma analítica del propósito que toda ficción conlleva.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares