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Publicado el 28 Junio, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Relato nunca olvidado

La puesta de TV de LCB: La otra guerra, con dirección general de Alberto Luberta Martínez, pensó la realidad investigada desde una mirada artística, en un proceso dialéctico mediado por la praxis, en esta lo ideal y lo material se convierten de manera recíproca en la construcción del conocimiento, la revelación de valores, con un carácter intersubjetivo
Relato nunca olvidado

Preparación de una de las escenas más impresionantes de la serie. (Foto: bohemia.cu).

Por SAHILY TABARES

¿Esa historia fue tan difícil, dura? ¿De “verdad” todo sucedió así? La serie de ficción LCB: La otra guerra, que transmitió recientemente Cubavisión, motivó a los públicos interesados en la historia de Cuba y en socializarla.

Según el escritor Eduardo Vázquez Pérez, investigador acucioso interesado en conflictos humanos y en la temática del bandidismo, “el arte busca la imagen nunca el calco. Si algo caracterizó esa lucha fue la violencia, la crueldad extrema”.

La puesta de TV, con dirección general de Alberto Luberta Martínez, pensó la realidad investigada desde una mirada artística, en un proceso dialéctico mediado por la praxis, en esta lo ideal y lo material se convierten de manera recíproca en la construcción del conocimiento, la revelación de valores, con un carácter intersubjetivo.

El pensamiento narrativo del relato propicia conocer voces e historias de humanos comunes, héroes anónimos, la mayoría muy jóvenes, campesinos y milicianos, quienes vivieron situaciones trágicas.

Ninguna sociedad puede reproducirse sin una transmisión de los saberes sociales, hay que redescubrir en la actividad lúdica no la búsqueda de lo real –esta limitación daña la ficción audiovisual de tema histórico–-, sino acciones e intenciones humanas, procesos psíquicos, conflictos que se derivan de ajustes entre el mundo interior y exterior de los humanos, y procesos tan complejos como la existencia.

¿Qué sintió usted ante la destrucción de la familia de Mongo Castillo? El primer actor Osvaldo Doimeadiós interpreta a un guajiro machista, patriota, sometido de manera continua a las tensiones del sentido del límite. Él crea la matriz generativa de elementos que sumados originan determinado ritmo de movimiento, tensión corporal, velocidad de reacción, posturas, entre otras características físicas, las cuales expresan el temperamento de un cubano comprometido con la defensa de la patria.

Homenajes, maneras de hacer, se complementan en situaciones, circunstancias, personajes, que transmiten mensajes éticos y estéticos, los cuales contribuyen a la aprehensión de actitudes, valores, sensibilidades, emociones.

El reservorio de situaciones extremas asumidas en los 15 capítulos de la serie ilustra la voluntad tenaz de compartir con generaciones un relato que alerta: hechos como estos no pueden repetirse en nuestro país.

La imagen como construcción social influye en el proceso de la identidad narrativa de toda sociedad. Con independencia de transformaciones condicionadas por la tecnología, el medio televisual continúa siendo privilegiado, pues en él se elabora el imaginario social.

Hay que aprovechar la dimensión antropológica de la ficción, su capacidad de buceo en la riqueza inmensa de nuestra Cuba. Es impostergable enfrentar los vacíos y los silencios que aún alberga la historia. De acuerdo con Fernando Martínez Heredia, “debemos lograr que la historia política cubana sea profunda, sea un campo de debate, de rescates y de aprendizajes”.

Asumir la resistencia cultural en los medios de comunicación significa sustentar la verdadera dimensión cultural del entretenimiento. Son imprescindibles el enfoque acertado, la búsqueda incesante por la calidad de cada programa desde el concepto de la eficacia con que se logre trabajar cualquier contenido y su puesta en pantalla.

Los más enaltecedores hechos de la nación deben ser contados. Nuevos lenguajes, escrituras audiovisuales e informáticas conforman el panorama cultural, el televidente precisa no solo información ilustrada sino experiencias comunicativas de la memoria histórica, del presente que mañana será futuro.

Todo producto audiovisual se manifiesta para cada televidente con la fuerza de sus enunciados. Ninguna emisión debe parecerse a otra. Hay que seguir pensando detenidamente, establecer prioridades, mensajes, provocar el interés cognoscitivo de las audiencias.

Entre nosotros ver la TV en familia constituye una práctica que no pasa de moda. Este es un escenario idóneo para reflexionar juntos sobre lo conocido, lo desconocido, adentrarnos en la dramaturgia del espectáculo artístico, este anticipa pensamientos, propicia meditar sobre nosotros mismos, la historia y la cultura nacional que todos debemos salvar.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares