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Publicado el 23 Junio, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: ¿Revisitación obligada?

Académicos como Jesús Martín-Barbero, Renato Ortiz, Oscar Steimberg y Nora Mazziotti estudian las telenovelas para explorar asuntos relativos a la identidad nacional, las relaciones entre la televisión y la vida cotidiana.
?Una revisitación obligada?

En tiempos de amar es una novela cubana que se tansmitirá próximamente. (Foto: cubadebate.cu).

Por SAHILY TABARES

Relatos e imágenes que producen los medios de comunicación audiovisual lideran en el proceso constructivo de la identidad narrativa de toda sociedad. Con independencia de las transformaciones condicionadas por perspectivas tecnológicas e intermediales, la TV continúa siendo privilegiada, en ella se elabora el imaginario social.

Por tradición, la telenovela atrae porque coloca las emociones en juego, presenta el mundo afectivo, cotidiano, de la familia, la pareja, las amistades; cada historia queda dominada por el reconocimiento de la virtud, esta se persigue durante toda la trama hasta el último capítulo.

La importancia del género y su estatuto masivo ha sido reconocida en América Latina; académicos como Jesús Martín-Barbero, Renato Ortiz, Oscar Steimberg y Nora Mazziotti estudian las telenovelas para explorar asuntos relativos a la identidad nacional, las relaciones entre la televisión y la vida cotidiana.

El semiólogo Umberto Eco expresó: “Estoy cansando de oír que la televisión copia novelas del siglo XIX, no es cierto. La telenovela es un nuevo género literario. La misión del intelectual de hoy es la de comprender y modificar la situación de los nuevos medios”.

Generaciones diversas disfrutan el espectáculo de la pasión sobre amores contrariados, lágrimas, la felicidad conquistada tras muchos sacrificios. El escritor Félix B. Caignet aprovechó sus relatos para sembrar un mensaje de bien, moral, bondad, que estimulara la mejor convivencia de los oyentes.

Estos principios son válidos hoy. Las telenovelas cubanas cultivan una narrativa sentimental, la cual se pierde en los anales del tiempo. ¿Renunciaremos a ellas? De ningún modo, el 24 de julio saldrá al aire En tiempos de amar, con guion de Alberto Luberta Martínez, Sergio Svoboda, Eurídice Charadán y José Víctor Herrera; y entre otras propuestas se encuentra en proceso de rodaje Más allá del límite, escrita por Joel Monzón (Historias de fuego), bajo la dirección de Miguel Brito.

Los buenos casi siempre triunfan y los malos son sancionados, este paradigma ético prevalece en policíacos, aventuras, series, filmes; en el discurso telenovelesco se mantiene, además, un precepto esencial: al tiempo que narra hace escuchar las emociones ajenas, lo demandaban los cuenteros de la Antigüedad.

Obras de la literatura universal fueron adaptadas para estructuras seriadas de más de 27 minutos porque la reconciliación con el melodrama nunca pasó de moda, se mantiene en el gusto popular.

A pesar de la saga del llamado período especial, la televisión cubana mantuvo en la pantalla, de 1995 a 2005, programas de ficción en diferentes géneros dramáticos, formatos; lo que podría parecer una bonanza –de alguna manera paradójica, de acuerdo con las limitaciones materiales de esa época– se explica por la existencia de rutinas productivas y una eficiente filosofía de trabajo desarrollada por equipos creativos.

Como industria, el medio televisual responde a un sistema de producción, entendido como conjunto de actividades de orden organizativo, práctico, económico, artístico y técnico que confluyen en la creación de un producto comunicativo audiovisual.

Hacer telenovelas demanda saberes, esfuerzo, dedicación, recursos materiales, entre otros ingredientes, para concebir una puesta que requiere la constante incorporación de temas, personajes-tipo, dimensiones alargadas de capítulos con el fin de mantener atento al telespectador.

¿No sirven los obstáculos planteados por el discurso del género para afianzar la fuerza del empeño, defender la sinceridad de los sentimientos, la capacidad de luchar por el bien y la justicia? Estos son loables propósitos que definen el sentido social de la vida, para cada persona la identificación ocurre con lo propio y significativo.

Al parecer, la cuestión fundamental es “enganchar” al televidente, hacerlo partícipe de la historia que se cuenta. Las reflexiones vendrán después del corazón, ¿no son nuestro reino los sentimientos? En tiempos de guerras, violencia, pérdidas, conflictos humanos exacerbados, la ficción telenovelesca puede contribuir a meditar sobre la unión de la familia, el amor y el respeto entre padres e hijos, las decisiones trascendentes para cambiar el rumbo de la existencia, a pensarnos con detenimiento, inteligencia, armonía.

Las cualidades intrínsecas del género transmiten valores, introducen temas que cautivan a las mayorías, motivan el análisis individual y colectivo.

La telenovela cubana merece, más que una revisitación obligada, permanecer en la pantalla para que los públicos mediten, intercambien, debatan sobre lo nuestro, lo propio.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares