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Publicado el 13 Junio, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Sinsabores y apetitos

Sensibilizar a los públicos con las problemáticas más complejas de la sociedad es uno de los desafíos que afronta el medio televisual, este deviene escenario de producción y apropiación de significados, construcciones de imaginarios e identidades; dentro de ellos, lo educativo es una dimensión esencial, enaltecedora
Sinsabores y apetitos en torno a la televisión.

Entre las líneas o enfoques de los documentales realizados la Televisión Serrana se destaca la salvaguarda del medioambiente. (Foto: tvcubana.icrt.cu).

Por SAHILY TABARES

El escenario audiovisual contemporáneo se transformó debido a tecnologías, contaminaciones estéticas, redes, pantallas, dada la avalancha de nuevos medios o experiencias interactivas que satisfacen las necesidades de la comunicación y del entretenimiento.

Sensibilizar a los públicos con las problemáticas más complejas de la sociedad es uno de los desafíos que afronta el medio televisual, este deviene escenario de producción y apropiación de significados, construcciones de imaginarios e identidades; dentro de ellos, lo educativo es una dimensión esencial, enaltecedora.

Las transformaciones del sentido de la comunicación crean nuevos espacios, unos plurales, diversos, otros banales, por eso el flujo de programas de la TV requiere ser pensado desde nuevos lenguajes, saberes, consumos participativos.

Los valores culturales, éticos y estéticos no son contenidos por diseminar en cada programa, sino una práctica vital que debe perdurar en la narrativa televisual de manera atractiva. Quizás poco se repara en la savia inextinguible de Elogio de la memoria (Cubavisión, viernes, 9:45 p.m.). En apenas 12 minutos, cada emisión patentiza que la cultura es un proceso de inclusiones múltiples, ordenamientos, jerarquías bien pensadas: trata esencias de la obra y la vida del escritor uruguayo Horacio Quiroga, en otro momento dialoga sobre el pintor italiano Sandro Boticelli; para este equipo de realización, lo esencial es compartir ideas, pensamientos, interesar a los públicos en valores genuinos de la literatura y el arte universal.

De igual modo, la retransmisión de La sombrilla amarilla (Cubavisión, martes, 4:45 p.m.) propone descubrir la esencia humana, proyectarla en voces de actores y actrices, quienes asumen personajes portadores de actitudes, acciones, conductas positivas. Marcolina y Enrique Chiquito ofrecen consejos, buenos modales, comparten aprendizajes y vivencias que son útiles para la familia en todas las épocas.

En la Antigüedad los griegos no conocían el término creación, ni el de creador, les bastaba con hacer. En la era de la comunicación cultural se transmiten conocimientos, innovaciones y rupturas mediante la conflictiva experiencia de apropiaciones e invenciones de códigos y mensajes significantes para espectadores diversos que no son pasivos, pues cambió la posición del destinatario y este logra sinergias con textos que se transmiten en dispositivos tecnológicos, conectan a usuarios interesados en intercambiar juegos participativos, series, cortos producidos en casa.

Otro tipo de manifestación creativa socializa la televisión cubana al difundir el discurso audiovisual comunitario de la Televisión Serrana, proyecto creado por el realizador Daniel Diez en 1993. Entre las líneas o enfoques de los documentales realizados en la Sierra Maestra se destacan la salvaguarda del medioambiente, la representación de la vida desde dilemas existenciales profundos y las actitudes que reafirman los habitantes de ese lugar.

Los videos cartas concebidos por la joven directora Ariagna Fajardo, que se han transmitido en Lente Joven, (Cubavisión, miércoles, 6:00 p.m.) establecen puentes de comunicación entre la niñez de diferentes países. Es un acierto colocar en la pantalla televisual cómo se ha logrado facilitar la comunicación alternativa con fines sociales y educativos para rescatar la cultura comunitaria campesina.

Diferentes vías y estéticas propician entender la TV actual, es preciso tener conciencia de referentes comparativos con los cuales la producción nacional queda emplazada ante los ojos de los públicos.

Sinsabores que originan productos mediocres, y apetitos por disfrutar de valores legítimos, coexisten en las audiencias. A veces, la calidad de un programa no depende de la precariedad de recursos, sino de la manera en la que se usan los disponibles. Por su carácter sonoro y visual, la TV nunca puede prescindir de músicas, noticias, historias, argumentos, personajes, luces, sombras, para crear asociaciones, contrastes, atmósferas, los cuales estructuran, condicionan, el desarrollo de relatos concebidos para la pantalla.

Como institución cultural el medio televisivo tiene que propulsar ideas, pensamientos actualizados, riqueza sensorial como fuerza capaz de romper esquemas mentales que atentan contra lo novedoso e impiden el ejercicio de pensar, imprescindible en esta época de tendencias a la recolonización cultural, al bocado de fácil deglución que se cuela por doquier, va directo a computadoras, teléfonos, tabletas, entre otros medios.

El riesgoso juego con las emociones exige apostar por el gusto estético, la reflexión mesurada. Ninguna sociedad puede reproducirse sin una transmisión de los saberes sociales, el desarrollo cultural y la facultad imaginativa del humano imprescindible en cada etapa de la vida.


Sahily Tabares

 
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