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Publicado el 1 Junio, 2017 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ARTES VISUALES: Demandas de la materia

Relevante creador británico que expone en La Habana ha explicado que muchas de las obras comienzan con una idea simple y en la medida que trabaja con el material desarrolla nuevas formas
Demandas de la materia.

Como espectros, aparecen figuraciones donde no imaginábamos. Demandas de la materia.

Texto y fotos: RAÚL MEDINA ORAMA

Algunas parecen líquidos desprovistos súbitamente de su envase, por obra de un mago. Todas, excepto aquella que semeja grasientos misiles o rascacielos de una ciudad decadente, están esculpidas en primorosos materiales bruñidos, barnizados, lacados. Se encorvan o tuercen sobre sí, moldeadas por misteriosas fuerzas justo antes de que la gravedad las haga desplomarse. O eso creemos que pasará, engañados por la retina, porque en realidad las piezas están equilibradas con ingenio o ancladas firmemente al suelo del primer piso del Edificio de Arte Universal. Son esculturas del artista británico Anthony Douglas Cragg (Liverpool, 1949) expuestas en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).

La institución cubana trabajó junto a otras de Alemania –país donde reside Tony Cragg desde 1977– y la embajada germana en la Isla, para traer 18 esculturas y una decena de acuarelas, dibujos y aguafuertes, técnica de grabado basada en la inmersión en ácido de una placa de metal. Es un equipaje necesario para viajar por una carrera desarrollada durante casi 50 años en los principales circuitos legitimadores del arte occidental, si bien en la muestra unipersonal predominan piezas recientes.

El autor irrumpió en el escenario artístico de los años 70 y lo consideraron el joven artista más discutido de entonces. En Gran Bretaña, la escultura había asimilado elementos del arte povera –arte pobre, en italiano– como reacción a las elaboradas y famosas creaciones de Henry Moore (1898-1986), ubicadas en espacios públicos.

Demandas de la materia.

La mayoría de los dibujos, acuarelas y aguafuertes exhibidos son estudios de formas que luego el artista llevará a la escultura.

En ese contexto, para construir sus obras Cragg utilizaba desechos de la sociedad consumista, proponiendo otro ordenamiento del caos moderno, en una búsqueda, según ha dicho, de “la relación del hombre con su entorno, y con los objetos, materiales e imágenes de ese entorno”. Ejemplo tardío de su estilo de aquel entonces lo vemos en Minster (1992), exhibida en La Habana y pergeñada con objetos industriales usados: ruedas dentadas, resortes, gigantescos tornillos y tuercas trastocados –se nos antoja– en cinco torres de una urbe que bien pudiera ser escenario de una novela distópica.

Luego de aquel período el escultor experimentó con materiales más tradicionales, entre ellos piedra, madera, acero inoxidable y bronce. Su estima en los circuitos del arte se asentó hasta recibir en 1988 el mediático Premio Turner, que otorga la Galería Tate de Londres a creadores británicos menores de 50 años; y en 2007 el Praemium Imperiale de Japón, considerado por algunos como el galardón más prestigioso del mundo del arte.

En la inauguración de la muestra, Cragg explicó que muchas de las obras comienzan con una idea simple y en la medida que trabaja con el material desarrolla nuevas formas. Por ello entiende la escultura como una entidad en sí misma que le permite exponer la energía de la materia como un todo. Con sus composiciones recientes de pulcra terminación, de las que hay –hasta mediados de junio– una buena representación en el museo cubano, llama la atención sobre la naturaleza prefabricada de los objetos cotidianos y de la vida moderna.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama