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Publicado el 30 Junio, 2017 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Artes visuales: El álbum grabado

Centro de arte contemporáneo Wifredo Lam desempolva sus fondos, en una muestra que es la primera de una serie de acciones con las cuales la institución pretende airear las valiosas obras –aproximadamente mil de todo el mundo- que integran su colección
El álbum grabado.

Las obras expuestas se eligieron entre un centenar de grabados. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA) .

 

Por RAUL MEDINA ORAMA

En un mundo donde la imagen a domicilio reina, alejarse de las pantallas que abundan en el hogar para “ver” parece cada vez más excéntrico, aunque es imprescindible. Hay todo un territorio visual pleno de asociaciones, connotaciones, recreaciones de mundos imaginados o acercamientos ingeniosos y críticos a “lo real”, que está en museos, galerías y otras instituciones esperando por la visita de los públicos.

Desde inicios de junio y hasta finales de agosto, en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) Wifredo Lam se exhibe Memorias. Grabado cubano ‘80 ‘90. La muestra es la primera de una serie de acciones con las que la institución pretende airear los valiosos fondos de su colección, acumulados desde inicios de la década del 80, y que contienen aproximadamente mil obras de todo el mundo, aunque predominan las de América Latina. Mediante la exposición también se rinde homenaje al Taller Experimental de la Gráfica de La Habana (TEGH), desde hace 55 años dedicado a educar y visibilizar a varias generaciones de grabadores en el país.

Lisset y Lisandra Yllañez Fernández son las jóvenes curadoras que se sumergieron en los almacenes del Lam y sacaron esta gran exhibición colectiva, donde se reunieron 50 creaciones de 34 artistas que investigaron las posibilidades del grabado durante las últimas décadas del siglo XX. Las especialistas del CAC –que por ser hermanas gemelas parecieran también delicadas reproducciones- resaltan que para ellas fue un descubrimiento trabajar con el centenar de estampas archivadas allí. Aspiran a que provoquen similar entusiasmo a los públicos noveles, quienes pueden apreciar esos trabajos distinguidos en la sala transitoria como la representación de unos años climáticos, de madurez, en la larga historia del grabado en Cuba.

El álbum grabado.

Siempre son centro de atención ilustraciones cándidas de Luis Cabrera. (Foto: Cortesía del CAC Wifredo Lam).

Esta disciplina de las artes visuales predominó en la época colonial como medio para representar paisajes y costumbres de la Isla. Desde los anónimos de los siglos XVII y XVIII –también aquellas imágenes sobre la ocupación inglesa, de Dominique Serres y Elías Durnford– hasta los trabajos de Frédéric Mialhe, Eduardo Laplante y Víctor Patricio Landaluze en el XIX, el país fue observado y difundido como ínsula pintoresca, tierra de maravillas o enclave de disputa entre las metrópolis europeas.

Hacía la medianía de la vigésima centuria, el triunfo de la Revolución y su proceso de transformaciones culturales revalorizó la gráfica y su amplia reproducción como vehículo de educación estética de las mayorías. A la fundación del TEGH (1962), que tuvo antecedentes en los esfuerzos individuales de relevantes creadores y algunas aulas académicas, se añadió en 1983 la del Taller de Serigrafía René Portocarrero. Coincidentemente, todo el arte cubano vivió por aquel entonces un renacimiento o década prodigiosa en la que el grabado fue también protagonista.

“La naturaleza de este tipo de obras, que se pueden reproducir, hizo que se insertaran bien en esos sistemas de pensamiento que por entonces se cuestionaban hasta dónde el arte es original o no”, declaró Lisandra Yllañez a BOHEMIA. Por su parte Lisset explicó que no pretendieron ser concluyentes y establecer una selección canónica de los mejores grabadores de la etapa, se limitaron a mostrar lo existente en los fondos del centro que se nutren fundamentalmente de donaciones.

Esa es la causa por la que obras de notables como Belkis Ayón y Sandra Ramos estén ausentes de la muestra. Sin embargo, la lista de creadores es amplia y diversa en estéticas. Hay que ir y constatarlo: Abel Barroso, Aldo Menéndez, Agustín Rolando Rojas, Alexander Richard, Ángel Alfaro Echevarría, Ángel M. Ramírez, Ángel Rivero Sierra, Antonio Espinosa, Carlos A. Rodríguez Cárdenas, Elio Rodríguez, Enrique Pérez Triana, Gilberto Frómeta, Ibrahim Miranda, Isabel Gimeno, Isary Paulet, Isolina Limonta, Israel León, Israel Tamayo, José Julián Aguilera, José M. Contino, Julio Girona, Leandro Soto, Moisés Finalé, Nicolás Lara, Pablo Borges, Pablo Quert, Rafael Zarza, Rubén Torres Llorca, Yamilis Brito y Zenén Vizcaíno, entre otros.

El álbum grabado.

Estilos muy diversos se aprecian en la muestra, como evidencia la creación Rafael Zarza, (Fotos: Cortesía del CAC Wifredo Lam).

También pueden apreciarse muchos contrastes temáticos y de estilo. El ojo viaja de las ilustraciones cándidas de Luis Cabrera, a las composiciones abstractas de Salvador Corratgé y el surrealismo subyacente en El sueño de la razón… (Juan Carlos Rivero, 1994).

Las xilografías de la obra El lugar ideal ¿caerá nieve? (Tamara Campo, 1997) resalta por su singularidad entre todas las demás creaciones, pues es la única instalación expuesta. A través de objetos e íconos culturales de disimiles procedencias reflexiona sobre los referentes del imaginario social cubano.

La distribución museográfica no está concebida cronológicamente, pues más que trazar una línea evolutiva en ese período, interesa que se descubran los diálogos y rupturas entre generaciones y estilos coexistentes en una época pródiga para el arte cubano. En la última sala hay, al alcance de los públicos y debidamente protegidas, piezas más deterioradas, en proceso de revisión y restauración.

La única instalación presentada es de la autoría de Tamara Campo. (Foto: RAÚL MEDINA ORAMA).

Luego de constatar el copioso álbum en que convirtieron las paredes del Centro de Arte Contemporáneo, indagamos si aún esta manifestación de las artes visuales tiene la vitalidad de hace unas décadas. Coincidieron las especialistas en que hay jóvenes y consagrados experimentando en las aulas de las escuelas de arte y los talleres.

Sin embargo, Lisandra Yllañez llama la atención sobre su poca visibilidad en los medios de comunicación y galerías: “Esta disciplina siempre ha sido cuestionada porque su naturaleza de reproducción que no garantiza una ‛obra de arte única’, según algunos criterios, y es menospreciada. Aunque se realizan muchas de este tipo, la reflexión y crítica en torno a lo que están haciendo los grabadores no abunda”.

Algunos pudieran identificar la exposición Memorias… como una operación casi arqueológica, pero ojalá voltear la mirada hacia esos referentes contribuya a renovar el interés por el grabado y sus creadores, alguna vez tan a la vanguardia en la visualidad de la Isla.

En el grabado se utilizan diferentes técnicas de impresión, que tienen en común el dibujar una imagen sobre una superficie rígida, llamada matriz, dejando una huella que después alojará tinta y será transferida por presión a otra superficie como papel o tela. Esto permite obtener varias reproducciones de la estampa. Según la técnica, la matriz puede ser de metal, madera, linóleo o piedra, sobre cuya superficie se dibuja con instrumentos punzantes, cortantes o mediante procesos químicos. En la actualidad también se emplean placas de diferentes materiales sintéticos que se pueden grabar de manera tradicional con punzones o mediante procedimientos fotográficos, digitales o láser. Se denomina también grabado a la inscripción de texto realizada en una plancha, piedra o metal, aunque no tenga por fin realizar copias.

Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama