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Publicado el 29 Junio, 2017 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Cine español, entre nostalgias y boicots

Algunos estrenos polémicos y dos excelentes reposiciones en la jornada fílmica del país ibérico
Cine español, entre nostalgias y boicots.

Cine español, entre nostalgias y boicots.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Cortesía del Icaic

Todavía no se ha precisado si lo que tienen algunos ciudadanos del Estado español es obsesión o añoranza por su perdido imperio colonial y la condición de potencia mundial. No es de extrañar que sea un filme sobre esa fecha, 1898: Los últimos de Filipinas, el que inicie la muestra de cine de la península, exhibida recientemente en los cines La Rampa y 23 y 12, de la capital cubana.

Realizada por Salvador Calvo en 2016, con grandes diferencias de la versión patriotera de 1945 que protagonizara Fernando Rey, al inicio la cinta transcurre con lentitud y los personajes se difuminan en la trama sin que los espectadores aprehendan su caracterización en toda su magnitud. Ya cuando empieza el cerco a la tropa española la narración se torna coherente y los personajes se delinean con mayor definición. Surgen entonces algunos diálogos que escandalizaron a la derecha ibérica: “Los filipinos luchan por su libertad…, vosotros no vais a morir por España, vais a morir por imbéciles”.

Demasiado caricaturesco en su teniente, las palmas en actuación no se las llevan el experimentado Luis Tosar (Celda 211), sino el malvado sargento de Javier Gutiérrez (Águila roja, La isla mínima) y el Carlos de Álvaro Cervantes.

Un monstruo viene a verme (J.A. Bayona, 2016) parece una película española, pero no lo es. Hablada en castellano, por mucho que la Universal pretenda hacernos creer que esas voces de irreconocibles actores hispanoparlantes son las de Sigourney Weaver (la abuela), Felicity Jones (la madre) y Liam Neeson (el tejo que parece escapado de El señor de los anillos), no lo consigue. El guion, aunque sea original, se nos antoja pedido prestado a la Disney. En fin, una cinta más de un niño y su madre en estado terminal.

Cine español, entre nostalgias y boicots.

James D’Arcy y Marta Valverde en Gernika.

En cambio, Gernika (Koldo Serra, 2016), aunque sea un filme fallido y esté hablado mayormente en inglés, euskera y alemán, sí merece estar en la muestra. Aborda un momento terrible de la historia de la península: el criminal bombardeo a una localidad vasca por la aviación nazi, el cual ningún gobierno del Estado español ha reconocido como genocidio ni se han ofrecido disculpas a las víctimas. Desde una mirada dura, se ejerce un escalpelo crítico con ambos lados del conflicto, ya sean hitlerianos, falangistas o fanáticos republicanos, no muy distantes de la verdad histórica; pero lamentablemente se cae en clichés.

El guion y la dirección de actores fallan lastimosamente. La caracterización del periodista yanqui, tan estereotipada, se agrava por el desaliento con que James D’Arcy la asume. La talentosa Marta Valverde (Teresa) muestra poco, salvo su belleza. Entre estos dos protagonistas no funciona química alguna y para colmo el inverosímil argumento convierte su relación amorosa en poco creíble.

Por otra parte, y esto lo criticó fuertemente la prensa vasca, es una invención la presencia de la Cheka soviética en Euskadi y la tesis de una república española dominada por los comunistas. Lo que salva el filme, en primer término, es su visualidad y, sobre todo, la secuencia final del bombardeo, revelador de la cinta que pudo ser y no fue. Párrafo aparte es su homenaje a las mujeres, muchas de ellas olvidadas hoy, que ejercieron el fotorreportaje, simbolizado en la Marta que encarna la hispano-sueca Ingrid García-Jonsson.

Un filme agradable de ver.

Más allá de la mala crítica cosechada en la península y el boicot de la derecha hispana a la cinta, La reina de España (Fernando Trueba, 2016), sin ser una obra maestra, es agradable de ver y nada aburrida. Secuela de La niña de mis ojos, realizada por el mismo Trueba en 1998, retoma la picaresca de clásicos como La corte del faraón y satiriza al sátrapa Francisco Franco y su régimen falangista.

Siempre quedará la duda sobre el boicot a La reina…, convocado desde las redes sociales y la despiadada ofensiva mediática contra el filme, liderada por ABC y El País. ¿Realmente lo que ha pesado son las infelices declaraciones del realizador sobre “el no sentirse español”? ¿O por el contrario, algunas secuencias, como el salivazo que la diva Macarena propina al dictador Franco, las alusiones al macartismo y a la represión fascista, o los chistes acerca de la falta de aseo de Isabel la Católica?

Con un elenco de lujo, encabezado por Penélope Cruz (Macarena) reaparecen actores de la precuela: Antonio Resines, Jorge Sanz, Santiago Segura, Loles León y Rosa María Sardá, entre otros; a ellos se suman ahora Chino Darín, Arturo Ripstein, Cary Elwes y Mandy Patinkin.

De tener más espacio el autor de estas líneas hubiera dedicado algunos párrafos a dos reposiciones que él viera y comentara en el pasado festival latinoamericano de diciembre: El olivo, que sin marcar un hito en la filmografía de la realizadora Iciar Bollaín, sigue siendo una buena película, muy necesaria en estos tiempos neoliberales donde la ética y los valores se relegan ante el poderoso caballero don Dinero; y El hombre de las mil caras (Alberto Rodríguez, 2016), con Eduard Fernández en muy buena forma, encarnando el protagónico.

También se proyectaron durante la muestra Tarde para la ira (Raúl Arévalo, 2016), que ganara cuatro premios Goya, entre ellos al de mejor película; Proyecto Lázaro (Mateo Gil, 2016) con la actuación de Oona Chaplin, la hija de Geraldine; y dos aventuras de los traviesos mellizos Zipi y Zape: en El club de la canica (Oskar Santos, 2013) y en La isla del capitán (Oskar Santos, 2016).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García